Destino
—Dios—me cubrí el rostro con desesperación, rogando a Dios que Regina estuviese bien con nuestro hijo.
Adolfo Villanueva
—Augusto, detente por favor—tenía el corazón latiendo a toda prisa, mi celular había muerto, lo primero que pensé, era regresar después de lo que me dijo Augusto, que él se haría cargo de todo, Regina lloraba sentada en la silla, no tenía el velo en sus ojos, su rímel estaba corrido y las mejillas rojas, entonces vi la sangre en su nariz, el hijo de puta la había tocado. — ¡Augusto, por favor! —supliqué, él me miró mientras se pasó el cañón de la pistola por su mejilla. —No llegues a tanto, tienes el puto dinero, huye mientras puedas, los Foster te van a hundir. —pasé sali