LA OMEGA SUSTITUTA DEL ALFA
Su mirada se deslizó hacia Evelia, su más fiel aliada, y con una voz que apenas contenía su impaciencia, le ordenó:
—Tráeme los ingredientes.
Evelia sonrió con malicia, pasando junto a Drakos, quien estaba encadenado con cadenas de osmiarita, un metal raro y maldito que drenaba la vitalidad de los dragones, haciéndolos sentir como si su propia esencia se extinguiera lentamente. El rey gimió, mientras intentaba resistir el dolor que lo estaba consumiendo.
Al regresar Evelia deliberadamente pisó su mano y le dio una sonrisa cruel y despectiva.