Planos de Venganza
Damián lo abrazó también, como un escudo tibio de protección.
—¿Van a estar para siempre? —preguntó, con los ojitos brillantes.
—Para siempre —dijo Alejandra, besándole la frente.
—Siempre, campeón —confirmó Damián, acariciando su espalda—. Sos lo más importante que tenemos.
Alejandro cerró los ojos, abrazado a los dos.
Y en ese instante, no hubo más preguntas. Solo un amor profundo, real, incondicional. De esos que curan incluso las heridas que aún no se entienden.