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El Amante Oculto en el Sofá

El Amante Oculto en el Sofá

Nicole RonceroMatrimonioEgoístaRomance AmargoGiro Inesperado
Desde que Margarita López mandó hacer un sofá nuevo, más largo y más ancho de lo normal, empezó a dormir todas las noches en la sala. Cada vez que intentaba convencerla de volver al cuarto para estar a solas, ella me rechazaba diciendo que estaba cansada. Desde la sala siempre me llegaban ruidos ahogados. Ya no pude soportarlo más. El día que dio a luz, apenas la sacaron de la sala de partos y ni siquiera podía incorporarse en la cama, me negué a cargar al bebé y le pedí el divorcio. Con los ojos rojos, me preguntó: —¿Quieres divorciarte de mí solo porque duermo en el sofá todas las noches? Respondí sin dudar: —Sí.
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El aborto: el fin de mis sufrimientos

El aborto: el fin de mis sufrimientos

RosalinaRomance AmargoMelodramáticoEscoriaAmanteAcosoDrama FamiliarKarma
En mi sexto mes de embarazo, mi hermana menor, Clara Soto, sufrió un accidente de tráfico. Debido a la pérdida de sangre, requirió con urgencia un donante compatible. Y, según los exámenes, yo era la única que podía salvarle la vida. Sin embargo, debido a que durante los últimos meses de embarazo había perdido peso, me recomendaron no donar. Aun así, mi familia me obligó. Por lo que, sin fuerzas para oponerme, esperé que mi esposo me ayudara a salir de esa situación. No obstante, se quedó a un lado con los brazos cruzados, diciendo: —Estás bien de salud. Donar sangre no te afectará en nada. Clara tendrá un futuro brillante, no voy a permitir que lo destruyas. Después de la donación, me desmayé. Y, cuando desperté, supe que algo dentro de mí se había roto. Por lo que, sin decir ni una palabra, lo primero que hice fue agendar un aborto.
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Cuando el amor se pone el Sol

Cuando el amor se pone el Sol

Milo TorrenteDoble ReencarnaciónAmantehistoria de la muertePrimer AmorRomance AmargoObsesivo
Lucas Solís y yo éramos conocidos en la capital como la pareja más conflictiva. Él me despreciaba por considerarme una mujer sin escrúpulos que lo había obligado a casarse conmigo a toda costa. Yo lo odiaba porque cada noche le guardaba fidelidad a Claudia, mientras que a mí me trataba con una frialdad glacial. Durante ocho años de matrimonio, lo que más me decía fue que me fuera. Cuando llegó la inundación, Lucas, que siempre me había dirigido palabras crueles, me cedió el último lugar en el bote salvavidas. Me gritó: —¡No mires atrás, vete rápido! Elisa, ya no te debo nada. En la próxima vida, solo quiero estar con Claudia. Intenté salvarlo, pero me sujetaron con fuerza. Finalmente, solo pude ver cómo las aguas se lo tragaban. El equipo de rescate llegó tarde. Su cuerpo, ya hinchado y descompuesto por el agua, aún apretaba con fuerza el amuleto de Claudia, imposible de soltar. Más tarde, vendí todas mis propiedades para donarlas a la zona afectada y salté al vacío para seguirlo a la tumba. Al abrir los ojos, me encontré de vuelta en la noche en que drogaron a Lucas.
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El inválido y el amor eran mentiras

El inválido y el amor eran mentiras

LumièreDramaDe Débil a FuerteArrepentimientoDivorcioPOV en tercera personaIndependiente
Natalia Cantú conoció a Samuel Ximénez al borde de la muerte. Como un caballero gentil, le hizo creer que estarían juntos de por vida. Hasta que, engañada por él para que llevara el caso de divorcio de su primer amor, descubrió por accidente que cinco años de amor eran falsos, que el esposo obsesionado con mimarla era falso, ¡incluso su parálisis de las piernas era falsa! Él sabía engañar y mentir, y ella también. El día que obtuvo el divorcio, Natalia se convirtió en tendencia por las críticas. Ella aprovechó la situación y ganó notoriedad. Un obsesivo magnate que la buscó durante cinco años voló esa misma noche, se arrodilló en un gesto solemne y, sosteniendo un anillo, le suplicó por su amor: —Mi princesa, si ya me salvaste una vez, ¿cómo podrías abandonarme tan fácilmente?
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El Día Que Me Robaron El Altar

El Día Que Me Robaron El Altar

Menta SuaveGiro InesperadoSin SentimientosDrama Familiar
El día de mi boda, de repente, mis papás trajeron a mi novio a la casa y dijeron que la boda iba a tener otra novia: —Tu hermana tiene una enfermedad terminal, su único deseo es casarse con Iván. —Tú eres su hermana menor, sé buena y ayuda a tu hermana. —No te apresures —intervino también mi novio—, es nomás una ceremonia. Después de que ella se muera, nosotros todavía podemos casarnos. Yo no estuve de acuerdo, así que mis papás me amarraron. —Te soltaremos, después de que se acabe la boda. Pero, poco después de que se fueron, un ladrón que se metió a la casa me mató de forma brutal. Cuando por fin se acordaron de mí, solo encontraron mi cuerpo ya en estado de descomposición.
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El Adiós Definitivo

El Adiós Definitivo

Esteban SelvasCuenta RegresivaReconquista DesesperadaRomance AmargoMafiaArrepentirse
Mi prometido, Victor Blackwood, es el Don de la mafia que controla el bajo mundo de todo el país con mano de hierro. Para los demás, él es la personificación del poder. Pero para mí… era el amor hecho hombre. Nunca imaginé el precio de amar a un hombre como él. En el Día de San Valentín preparé sus comidas favoritas y lo esperé en casa. Sin embargo, las horas pasaron, el vino se enfrió… y su silla seguía vacía. Con un mal presentimiento, abrí la red social de Queenie Stone, su «hermana adoptiva», quien había publicado: «Solo bastó que le dijera que me sentía sola… para que viniera enseguida. Incluso, aunque derramé vino sobre él, no se enojó. Victor siempre ha sido así… La familia para él es lo primero, aunque eso signifique dejar a su novia esperando. Nunca me falla. Ojalá nada cambie». En la foto, la camisa de Victor estaba empapada a la altura de la cintura, y el pañuelo de Queenie descansaba de manera peligrosa cerca de su entrepierna… Él ni siquiera se había apartado… sino que solo la miraba con ternura. No hice ningún escándalo. Solo le di «me gusta» a su publicación y luego le envié un simple mensaje: «Terminamos.» Pero como siempre… lo ignoró. Después supe que, al ver mi mensaje, él se limitó a comentar: —Vivienne no puede vivir sin mí. Solo está haciendo un berrinche. Si la ignoro un par de días, volverá arrastrándose. Es fácil de contentar. Lo que él no sabía… era que yo solo era fácil porque lo amaba. Pero ahora que decidí irme, no hay vuelta atrás… No importa lo que haga.
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El Último Tulipán

El Último Tulipán

GatitoAmanteAmbiente LaboralCanalla (Hombre)Primer AmorRomance Amargo
Soy Naiara Jiménez. Al tercer día de mi disputa con mi prometido, Esteban Muñoz, él aceptó a propósito la propuesta de su asistente, Luna Castro, de hacer un viaje por carretera. Creía que, como siempre, me pondría celosa y armaría un escándalo. Pero no esperaba que, al regresar un mes después, me encontrara totalmente cambiada. Cuando él ayudó a Luna a quitarme un proyecto, ya no renuncié por enfado. Al contrario, me ocupé de todo con dedicación, e incluso le redacté la propuesta con total solicitud. Cuando él, para que Luna obtuviera el bono anual, arruinó un diseño en el que había trabajado tanto, ya no me esforcé por demostrar nada. Acepté toda la culpa y me dejé amonestar. Incluso cuando quiso ascender a Luna de forma excepcional a gerente general, no me enojé. Hasta cedí voluntariamente todas mis acciones para que Esteban las distribuyera libremente. Luna estaba muy complacida. —¿Ves? Te dije que con Naiara no hay que ser duro. Hay que ignorarla y mantener la distancia con ella. Seguro estos días de ausencia dieron resultado. Tiene miedo de perderte, por eso se porta tan dócil. Esteban se lo creyó totalmente. Alabó la inteligencia de Luna. Luego me buscó a solas para ofrecerme un ascenso y aumento de sueldo, y, como nunca antes, me prometió una boda inolvidable. Pero parecía haber olvidado algo: durante el viaje, ya había firmado mi solicitud de renuncia. Y yo también había roto con él. Desde entonces, todo quedaría cortado. Sin más relación.
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El masajista ciego

El masajista ciego

Blanca EstelarDiosa/IdolEncuentro AmorosoSeducción18+Satisfacción/Poder
Con la epidemia se vio afectado mi sueldo, y para ganar más dinero con el que mantener a mi familia, volví a mi profesión anterior de masajista ciego a tiempo parcial. Sin embargo, lo que no me esperaba fue que había un servicio especial oculto en la última planta de ese salón de masajes. La primera clienta que atendí allí fue Cecilia Lagos, la bella presidenta de mi empresa, y quería que le diera un masaje especial...
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Rechazada por el Beta, Amada por el Alfa

Rechazada por el Beta, Amada por el Alfa

CocojamRenacidoReconquista DesesperadaRomance AmargoGiro InesperadoAmigos de la InfanciaHipócritaDespertarArrepentirse
Durante cinco años, Gideon, el Beta de la manada de Moonstone, y yo mantuvimos un romance secreto. El plan era anunciar, en el festival del Solsticio de Invierno, que íbamos a completar el vínculo. Pero, en lugar de eso, exhaló su aliento cálido contra mi oído para decirme: —Cariño, llevamos cinco años acostándonos y ya me aburriste. Búscate a otro lobo que te reclame para la ceremonia, ¿de acuerdo? No derramé ni una sola lágrima. Le sostuve la mirada con total serenidad. —Bien —acepté. Mi reacción lo descolocó. Él no sabía que en mi vida pasada le supliqué que me reclamara y lo hizo, completamos el vínculo, pero todo resultó ser una farsa. Jamás volvió a despertarme rozando su barbilla áspera contra mi frente. Incluso al hacer el amor, mantenía los ojos cerrados: solo usaba mi cuerpo para desahogarse mientras pensaba en su salvadora, Aveline. Pude entenderlo todo cuando llegó mi muerte. Mientras yo agonizaba en el parto de nuestro cachorro y luchaba por sobrevivir, él me abandonó. Corrió a consolar a Aveline, que estaba en otra camilla, para que no pereciera por una herida causada por un cuchillo de plata. Aprendí que un vínculo por el que tienes que rogar no es amor. Es una condena imposible de sanar. De vuelta a mi nueva vida, me aparté con una sonrisa y le quité la mano de mi cintura. —¿Por qué me miras así? —Mi tono de voz lo sorprendió aún más—. Tú estás aburrido de mí y me ordenaste buscar a otro. Solo sigo tus órdenes.
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El jade rojo: El ritual a la adultez

El jade rojo: El ritual a la adultez

AyuGiro InesperadoBizarro/PeculiarTierno pero posesivoCrimen
No había hombres adultos en mi pueblo. Cuando las chicas cumplían 18 años, se celebraba un ritual a la adultez colectiva en el templo. Adolescentes con vestimenta tradicional hacían cola para entrar en el templo y salían con expresiones de sufrimiento y placer. Melinda cumplía 18 años, pero, qué raro, la abuela no la dejaba asistir. Se coló en el templo de noche y salió con aire casada, no podía ni andar firmemente, además de que se veía sangre goteando entre sus piernas.
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