Lobo Oscuro
No pudo porque el volcán volvió a hacer erupción, su cuerpo colapso, se vió cayendo en un abismo de matices rojos.
Lento en su descenso, hasta tocar el fondo, esté, no fueron las pequeñas piedras que aglomeran los ríos gracias a las corrientes, ni las enormes rocas. Fueron unos brazos, el músculo torso desnudo de un desconocido, extrañamente ya conocido, su aroma a sandalo y cedro cálido, su pelo del mismo tono de su abismo. Sus ojos se apagaron, el extraño hablo.