Un Amor Enredado
Tenerla ahí, viva y respirando contra él, era todo lo que necesitaba.
Adeline lo abrazó con fuerza, escondiendo la cara en su camisa.
—Lo lamento... —soltó en un susurro doloroso contra su piel.
Damián la miró por un segundo, frunciendo el ceño levemente.
—¿Lamentas qué?
—Lamento hacerte pasar por todo esto... —dijo ella, con la culpa pesándole más que la parálisis.
Damián sonrió. Fue una sonrisa triste, pero llena de una certeza absoluta. Empezó a acariciarle el cabello, desenredando los mechones con sus dedos largos.