Jugando con el amor
-, le gritaba una y otra vez, sin dejar de saborear su boca, subida como una araña sobre él.
-Cálmate, Katty, todos nos miran-, estaba él turbado.
-¡¡¡No me importa!!!, grité, te amo, te amo, te amo.
Hicimos el amor en forma tan intensa y vehemente que hasta hundí mis uñas en su espalda y le mordí el cuello y los brazos, haciéndole múltiples heridas. Marcial ni reclamó, por el contrario disfrutó de mi vehemencia, se excitó sobremanera y se desbordó en mis entrañas igual a un volcán en erupción , haciéndome gritar extasiada, hasta, incluso, arrancharme, obnubilada, mis hermosos pelos.