Por las tardes, la radio de mi pueblo explotaba con melodías inolvidables y eso me pegó para siempre.
Recuerdo cómo los ecos de los años 60 y 70 prepararon el terreno: bandas como Los Brincos y Los Bravos trajeron el beat y el pop británico adaptado a la península, mientras que voces enormes como las de Raphael, Nino Bravo o Julio Iglesias colocaron a España en el mapa del pop y la balada internacional. Miguel Ríos fue clave para enlazar el rock y el pop, dándole una energía que abrió puertas a generaciones posteriores.
Llegados los 80 la cosa estalló con la Movida Madrileña: grupos como Radio Futura, Nacha Pop, Alaska y los Pegamoides (y su evolución con Dinarama), Mecano y Hombres G cambiaron el lenguaje del pop en español. Unieron estética, modernidad y letras que hablaron a la juventud, y además surgieron bandas más melódicas como Los Secretos o Duncan Dhu que completaron el panorama. Para mí, esa mezcla de pioneros de los 60/70 y la explosión creativa de los 80 conformó la edad de oro del pop en España, porque fue era donde se rompieron moldes y se conquistó tanto la calle como las listas internacionales, dejando canciones que sigo cantando hoy con la misma emoción.