Matrimonio forzado con el cruel jefe de la mafia
La forma en que mueve las manos, cómo frunce el ceño cuando se concentra en sus dibujos, porque ahora pinta, y joder” lo hace bien, por supuesto también tiene a cargo su hospital, el cuál ella es la directora.
Ella no necesita armas. Tiene su voz, su mirada, y un corazón que late por todos nosotros.
Hay días en los que me despierto sobresaltado, con pesadillas del pasado. Con Vittorio. Con Antonio. Con sangre en las manos. Pero entonces Isabella llora, y Aurora se mueve a mi lado, y Luca se mete entre nosotros con sus pies fríos, y todo desaparece.
Porque ahora soy más que un hombre de la mafia. Soy padre. Soy esposo. Soy hogar.