La Niñera del DIABLO
Dio un paso atrás de golpe y la empujó con fuerza, sin violencia pero sin delicadeza.
—No me toques —escupió con voz baja, áspera, temblorosa de contención. —Miranda lo miró, desconcertada, con los brazos aún a medio camino. Roman la miró a los ojos por fin. Y luego bajó la vista, una vez más, hacia su vientre. —La única parte de tu cuerpo a la que no le tengo asco… —dijo, despacio, como si cada palabra le arrancara un pedazo —es esa. —Miranda frunció el ceño, sin entender. —Esa cicatriz, la de la cesárea —continuó él, con los ojos clavados en el vientre expuesto —Porque por ahí… por ahí vi asomar al ser más maravilloso del planeta. —La miró de nuevo. Y esta vez, su voz se quebró, apenas, pe