Dulce Pecado: Tu amor es mi condena.
Me lo repetiré una mil veces hasta que mi mente y mi corazón lo entiendan —asiente, dándose la vuelta, y ella lo persigue con insistencia.
—Pero considera esto, Elijah. Yo fui la única mujer que te hizo conocer el placer, el deseo, el ardor y también el amor.
—Torturarme sí que te causa placer.
—No, mi vida, no lo digas de ese modo. Mi santo.
—No me digas mi santo, que no lo soy. Soy un mártir, un mal hijo y estoy condenado de por vida.
—El amor no es una condena.