EL HOMBRE PERFECTO
Yo no dejaba de ver los autos que pasan del otro lado de la carretera, en cualquier momento pasaba algo, en mi cabeza aparecía una y otra vez la imagen de una bala que daba directo en mi cabeza, era una imagen recurrente, me estaba volviendo loca o paranoica, íbamos a más de ciento cuarenta kilómetros por hora, los cuatro vehículos iban a esa velocidad, de verdad que sentía mi corazón explotar, con la mínima cosa diferente que viera me quería morir, necesitaba a Pablo en ese auto para sentirme protegida
Entra un mensaje en mi teléfono, es el grupo de Mili, Yanis y Patri, “Hola Meli, como amaneciste, pudiste dormir, nosotras no mucho.
-Chicas, Pablo me dio un calmante que me durmió por comple