Una esposa por contrato
coqueta y las miradas que le echaba A mi marido no me gustaban para nada, no obstante, tenía que estar acostumbrada, mi esposo era el hombre más guapo de todos, y esa forma tan especial de ser, hacía que todas las chicas cayeran rendidas ante él, entre nosotros no había ninguna desconfianza, ambos sabíamos que nuestro amor era incondicional el uno con el otro, y que nunca habría impedimentos para que pudiéramos seguir siendo felices. Nuestro querido abuelo se veía muy feliz al lado de Glenda, esa hermosa señora sin duda complementaba por completo a nuestro viejito gruñón, nunca lo había visto tan feliz, con una sonrisa de oreja oreja que se notaba a kilómetros. Y qué decir de la tía Amelia