MI MADAME
—Y aunque yo me enfadé y sentí traicionado por la mujer que amaba, aunque ahora no te guste la idea, tú y yo estamos casados.
Su mirada atrapó la mía bajo un haló oscuro y peligroso, tan amenazante que me congeló la sangre.
—Eres mi esposa, Dulce Campbell, eso dice la ley.
Y yo al fin fui plenamente consciente de quién era él, no solo era el hombre con quién me había casado, tampoco solo el dueño de un famoso burdel. Rafael Riva era un mafioso, el jefe de la mafia en Londres. Sentir su cuerpo contra el mío, hizo que mis mejillas se sonrojaran y que mi corazón vacilara entre latidos. Sin embargo, pronto recuperé la cordura.