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La Sirvienta Que Robó Mi Corona

La Sirvienta Que Robó Mi Corona

A las 4 de la mañana, mi esposo, Rocco, me despertó con delicadeza. Su voz era apenas un murmullo. —Mi amor, ¿puedes hacerme un favor? Pero lo que dijo después me regresó a la realidad. —Scarlett tiene hambre. Ve y prepárale un caldo de mariscos. Scarlett era nuestra criada y también la amante embarazada de Rocco. —Acaban de traer mariscos frescos. Ve a la cocina y prepárale una sopa. Que es para el heredero de Falcone. Me negué firmemente. Él se puso furioso. —No seas tan necia, Alessia. ¿Por qué se te hace tan difícil preparar una sopa? Negué en silencio. Me acarició la mejilla, mientras sonreía de manera condescendiente. —Está bien. Vaya, así que ahora te atreves a desobedecerme. Piénsalo bien. ¿En serio quieres conservar tu lugar en la familia? ¿Y tu puesto como abogada de la familia? Piensa si todavía quieres todo eso... y luego me respondes. Al ver la arrogancia de Rocco, el último rastro de amor que me quedaba por ese hombre se desvaneció. Saqué mi celular y marqué un número que no había usado en mucho tiempo. —Quiero salir de la familia Falcone.
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Embarazo y Explosión: Él Enloqueció

Embarazo y Explosión: Él Enloqueció

Giorgo Romero, el Don de la familia Romero, cayó en una emboscada tendida por un demente suicida que llevaba explosivos atados al cuerpo. Cuando eso ocurrió, mi esposo, Fabio López, y sus hombres ya se habían marchado a un desfile de moda con su amor de la infancia, Reina Digiorno, para escoltarla y protegerla allá. En lugar de presionar el botón de señal en mi anillo, me lancé hacia Giorgo a pesar de estar a punto de dar a luz. Así, con mi propio cuerpo, lo protegí de la explosión. Sin embargo, en mi vida anterior, sí había presionado el botón. Fabio había dejado plantada a Reina para regresar corriendo a la escena y salvarle la vida a Giorgo. Gracias a ese mérito, lo ascendieron al puesto de subjefe. Pero Reina se enfureció con Fabio por abandonarla antes de tiempo y, por pura rabia, cruzó la autopista sin mirar a los lados. Así fue como la atropellaron y murió. Fabio no dijo nada… pero el día en que entré en trabajo de parto, me mandó a una casa de subastas clandestina. —¡El Don tenía a tantos soldati protegiéndolo! ¿Por qué me obligaste a volver, entonces? ¿No es porque solo querías la gloria de ser la esposa del subjefe? ¡Si no fuera por ti, Reina no habría muerto! ¡Debes sufrir mil veces lo que ella sufrió! Yo solo podía mirar cómo los invitados pujaban por mis órganos, uno por uno. Ni siquiera el cordón umbilical de mi recién nacido se salvó de la subasta. Al final, morí por una infección que se produjo mientras me arrancaban los órganos. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día en que emboscaron a Giorgo.
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El amor no se puede forzar

El amor no se puede forzar

Después de mi muerte, mis padres firmaron el consentimiento para donar mis órganos, por lo que mi retina terminó en el cuerpo de Carina Fernández, la hija adoptiva que más amaban. Tras esto, Carina se casó con mi propio hermano. Por fin, se convirtieron en una verdadera familia. Pasé toda una vida compitiendo con ella, solo para acabar sin nada, sola, con un destino miserable. Pero, al renacer, decidí vivir mi vida para mí. Y, contra todo pronóstico, el camino me llevó a una felicidad inesperada.
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Ya no quedan celos, Alfa

Ya no quedan celos, Alfa

Después de que perdí al cachorro, renuncié a todo lo que mi compañero, el Alfa Rhydian, odiaba. Dejé de usar nuestro vínculo para sentir dónde estaba él. Podía dormir profundamente incluso cuando él no regresaba a nuestra habitación en toda la noche. Ni siquiera le conté cuando la hoja de plata de un renegado me cortó el brazo durante una escaramuza en la frontera. El sanador de la manada me dijo que notificara a mi familia. Yo simplemente respondí con calma. —No tengo familia. El sanador me reconoció. —Eres la Luna. El Alfa Rhydian está en el cuartel general. ¿Debería informarle? Negué con la cabeza suavemente. —No, no lo haga. Pero media hora más tarde, Rhydian llegó de todos modos. Su alta figura proyectó una sombra sobre mí y su voz sonó fría. —Estás herida. ¿Por qué no me llamaste a través del enlace mental? Bajé los ojos. —Es solo un rasguño. No hay necesidad de molestar al Alfa. Un gruñido bajo retumbó en su pecho. El aire crujió con su furia. Estaba a punto de hablar cuando un guerrero susurró fuera de la puerta: —El Alfa se preocupa tanto por Isla... Ella solo se pinchó el dedo con la espina de una rosa, y él le dio la hierba de luz de luna más preciada de la manada. Vi cómo su mandíbula se tensó. Sus ojos gris azulados se dispararon hacia mí, buscando la rabia celosa que yo siempre solía mostrar. No le di nada. Ni siquiera un parpadeo. Simplemente me recosté contra las baratas almohadas del hospital y cerré los ojos. Pero la compostura de Rhydian finalmente se hizo añicos.
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Sin vuelta atrás

Sin vuelta atrás

Mi esposo era un hombre de emociones intensas. Para mantener contenta a su hermana adoptiva, le asignaba millones cada año para que los gastara en lujos. Se preocupaba por su bienestar. Cada noche se sentaba a su lado, asegurándose de que se calmara. Luego, cuando me dispararon y estaba sangrando abundantemente, necesitando atención médica inmediata, él permaneció completamente indiferente. En cambio, envió a todo el equipo médico a atender a su angustiada hermana adoptiva. Usé las pocas fuerzas que me quedaban para llamar a mi esposo. La llamada se conectó. Su voz, teñida de irritación, respondió: —¿Qué pasa ahora? Estás bien, perfectamente saludable. ¿Por qué necesitarías un doctor? —Escucha, Sofía me necesita. Los recursos médicos de nuestra familia son limitados. Para cosas menores, simplemente aguanta. Mi corazón se hundió, como si se hubiera convertido en hielo. Él realmente era un hombre de emociones intensas. Solo que la persona por la que de verdad se preocupaba nunca había sido yo.
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La Audiencia Que Cambió Mi Destino

La Audiencia Que Cambió Mi Destino

Tres días antes de nuestra boda, mi prometido, Raphael Russo, fue asesinado en un tiroteo entre bandas. Ni siquiera encontraron su cuerpo. Mientras me ahogaba en el dolor, unos comentarios aparecieron frente a mis ojos: [¡Despierta, niña! ¡El ataúd está vacío! ¡Fingió su muerte! El infeliz huyó para estar con esa perra manipuladora de Chloe, la que finge estar enferma]. [Mientras tú te desmoronas llorando en el funeral, Raphael se está revolcando con Chloe en la cama de un hotel]. [Cuando regrese, dirá que tiene amnesia. No sabrás nada y lo perdonarás. Pobrecita...]. Un mes después, la noticia de mi matrimonio con el Don de la mafia, Marcello Falcone, se extendió por toda Nueva York. La mano derecha de Raphael me acorraló, furioso. —¿Cómo pudiste traicionar al Jefe? Sujeté con más fuerza el brazo de Marcello y sonreí. —Una mujer no puede guardar luto para siempre, ¿verdad? Estoy segura de que Raphael, en espíritu, se sentiría feliz por mí.
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Traicionada por él, salvada por su rival

Traicionada por él, salvada por su rival

Para nuestro séptimo aniversario, mi compañero, el Alfa Ethan, nos envió a mi cachorra y a mí al Altar de la Diosa de la Luna. Me dijo que era una sorpresa: para cumplirle a nuestra cachorra su sueño de ver una lluvia de meteoritos desde el pico más alto del territorio. Pero Ethan nunca llegó. Las runas protectoras a mis pies chisporrotearon y luego se apagaron. El suelo bajo nuestros pies comenzó a desmoronarse. Mi cachorra gritó, su pequeño cuerpo iba deslizándose hacia el abismo. Me abalancé, agarrándole la mano justo antes de que cayera por el borde. Grité su nombre a través de nuestro enlace mental. Noventa y nueve veces, se negó a responder. En mi centésimo grito, el enlace no solo se abrió, sino que se rompió por completo. No fue su voz la que respondió. Fueron sus sentidos, inundando los míos. Lo vi todo. A él. A otra loba. Y a él, enterrado en lo más profundo de ella. —Sabía que me amabas, Ethan —ronroneó su voz empalagosa—. Incluso sacrificaste a Marcus, solo para salvar a nuestro Leo de la enfermedad del alma. Haría lo que fuera por ti. La voz de Ethan era de terciopelo y hielo. —Para. Si Sera no me hubiera traicionado, nunca habrías tenido la oportunidad de gestar a mi heredero. Una vez que me deshaga de su otra cachorra, la bastarda de Julian, podremos volver a ser perfectos. Mi mundo se hizo añicos. Mi cachorro... Renegados. Siempre creí que los renegados me lo habían robado. Pero fue su propio padre. Lo sacrificó por una mentira. Con mis últimas fuerzas, llamé a Julian. —Romperé mi vínculo con Ethan —gruñí en el nuevo enlace—. Hazme tu Luna. A cambio, te ayudaré a quemar su manada hasta los cimientos.
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El juguete del jefe

El juguete del jefe

Todos me advirtieron que jamás me enamorara de Dante Moretti. Decían que era el fantasma de la familia Velasco: el segundo al mando que ordenaba ejecuciones sin parpadear, con el corazón más frío que el cañón de su propia pistola. Pero cuando me doblegó sobre aquel escritorio de caoba y presionó su boca contra mi oído, exigiéndome que pronunciara su nombre, fui lo suficientemente estúpida como para creer que aquello era posesión. Me tomó un año entero abrir los ojos a la verdad. Las fotografías bajo llave en el cajón de su despacho nunca fueron mías. La mujer vestida de blanco que lo esperaba los domingos por la mañana en el distrito de la catedral nunca fui yo. La chica que recibió una bala por él, a la que él llamaba su «salvación»... Su nombre es Elena Abate. Y resulta que Elena es la hija de mi madrastra. Para salvar a la familia, mi padre intenta venderme por quinientos millones a un heredero de los Agosti que ya tiene un pie en la tumba. Mi madrastra conspira para borrarme del mapa por completo. ¿Y el hombre que creí capaz de reducir esta ciudad a cenizas por mí? El día que más lo necesité, estaba subiendo a Elena por las escaleras, cargándola en brazos como si fuera un objeto sagrado. Todos pensaron que yo era solo un peón que podían mover a su antojo en su tablero de ajedrez. Se equivocaron. Si Dante no puede dejar ir a su precioso amor de infancia, a su «salvación», entonces me convertiré en la «viuda» de alguien más. Si Elena cree que ya ganó este juego, dejaré que mire desde la primera fila cómo una mujer que no tiene nada que perder lo destruye todo. Mi nombre es Serafina. Recuérdalo. Porque estoy a punto de convertirme en el castigo que ninguno de ustedes vio venir.
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Tu Prueba Mató a Mi Madre

Tu Prueba Mató a Mi Madre

Para ayudar a mi novia, Silvia Martínez, a pagar sus deudas, mi mamá y yo trabajamos hasta el límite. A causa de eso, mi mamá acabó enfermando de cáncer de pulmón. Cuando por fin reuní el dinero y corrí al hospital para pagar su tratamiento, descubrí que ya se había ahorcado. Solo me dejó una carta: "Lorenzo, ya llegó mi hora. Usa este dinero para pagar la deuda. Silvia es una buena chica. Te ama de verdad; solo tomó malas decisiones. Cuando salden la deuda, vivan bien juntos". Abracé la urna con las cenizas de mi mamá y le entregué a Silvia los treinta mil dólares que mi mamá me había dejado. Pero al regresar a la empresa, la sorprendí hablando con varios acreedores. —El señor Paola ya superó todas sus pruebas. ¿Qué planea hacer ahora? De pronto, Ángel Baeza, su inseparable amigo de la infancia, habló: —Lorenzo ya demostró que puede estar contigo en las malas, pero todavía falta probar si también puede seguir a tu lado cuando tengas dinero. Silvia apretó los labios. —Ahora necesito saber si de verdad me ama. Cuando se entere de mi verdadera identidad, si no se vuelve ambicioso ni pierde la cabeza por el dinero, me casaré con él. Miré la urna de mi mamá y no pude evitar romper en llanto. Silvia, mi mamá se equivocó contigo. Yo también me equivoqué. Ya no voy a casarme contigo.
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No Te Soltaré Nunca

No Te Soltaré Nunca

La noche de la Cacería Lunar, iba persiguiendo a un zorro de cola plateada por el bosque cuando, de pronto, el caballo que montaba perdió el control y me arrojó por una pendiente. Estaba a punto de caer por un acantilado cuando Xavier Long, el heredero Alfa, se transformó en lobo y me salvó. Pero durante el rescate, unas espinas de plata le desgarraron una de las patas delanteras; la herida fue tan profunda que le llegó hasta el hueso. A causa de esa lesión, cuando mi hermanastra Winnie Sullivan fue atacada más tarde por una manada de renegados en el Bosque del Ritual Lunar, Xavier no pudo llegar a tiempo para salvarla. Murió bajo las garras de aquellos lobos. Poco después, los ancianos de la Manada Luna de Escarcha organizaron el vínculo de apareamiento entre Xavier y yo. Él aceptó sin objeciones. En ese momento pensé que, aunque no fuéramos compañeros destinados por la Diosa de la Luna lo que teníamos era igual de valioso. Pero estaba equivocada. Cuando quedé embarazada de nuestro primer hijo, Xavier me envenenó con acónito. Mientras me consumía la muerte, me miró con una frialdad absoluta y dijo: —Si ese día no hubieras llevado la capa blanca lunar de Winnie, jamás te habría confundido con ella en el bosque… y ella no habría muerto. Si pudiera volver atrás, preferiría verte morir a ti bajo las garras de esos hombres lobo antes que salvarte otra vez. “Solo entonces entendí la verdad”, pensé. “En el corazón de Xavier, mi hermanastra siempre había sido su verdadera compañera destinada”, me dije. Incluso había acudido ante el Alfa para pedir permiso para marcarla. Y cuando volví a abrir los ojos… había regresado al día de la Cacería Lunar.
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