Mi Pequeña Esposa.
Según la carta que dejó tu padre, mientras no haya un heredero, su hermano, o sea yo, tengo derecho sobre esta propiedad,— replicó, con una satisfacción mal disimulada.
—No puedo creer que mi padre haya hecho esto— murmuró Valeria, con los ojos llenos de incredulidad.
—Lamentablemente, lo hizo,— añadió él, con un tono que me hervía la sangre.
—Esto es inaudito,— exclamé, pidiendo ver la carta. La leí, y efectivamente, parecía legítima. No obstante se que es una firma falsificada.