เข้าสู่ระบบMatteo GiordanoEl sol de la mañana invadía la sala de reuniones de Albatroz, donde el olor a café fuerte se mezclaba con el aroma del cuero de los sillones de lujo.Sobre la mesa de caoba, papeles y contratos reestructurados marcaban el inicio de una nueva era, sin los fantasmas de la corrupción y el dolor de ver a mi padre ser injusticiado.Vittorio Giordano finalmente tuvo la justicia que merecía y su nombre fue limpiado ante todo el mercado internacional.—Todo listo en la fiscalía, Matteo —declaró Leandro, acomodándose la gemela del saco mientras repasaba las últimas carpetas con mirada satisfecha.—Miguel, Giuseppe, Mário, Rosa y Martina están encerrados. Ninguno de ellos sale de la cárcel ni en el próximo siglo —concluyó mi brazo derecho, con su tono frío e implacable.—Rizzo Empreendimentos también tiene sus activos cien por ciento integrados a Albatroz —Marco complementó, exhibiendo una sonrisa aliviada—. El abuelo firmó la transferencia definitiva hoy temprano. El imperio es
Capítulo Ciento Treinta y Seis — La Marca del Dueño y el ReinicioMatteo GiordanoUna semana después...Mi jet privado cruzó los cielos de Europa rumbo a Madrid, trayendo a bordo la garantía de que el pasado de dolor y ruina había quedado atrás.A mi lado, Marco descansaba en el sillón reclinable, mientras mi abuelo, Stefano Rizzo, acompañado por un equipo médico privado, recuperaba sus fuerzas con un semblante finalmente pacificado.En cuanto aterrizamos en la capital española, los autos blindados nos condujeron directamente a mi propiedad principal, una fortaleza inexpugnable preparada para albergar a todos con absoluto lujo y seguridad.La recepción en la mansión estuvo marcada por una mezcla de conmoción y alivio propia de quienes sobrevivieron a una guerra sanguinaria.Doña Dolores, finalmente libre de las ataduras traumáticas y de la sombra abyecta de Mário y Rosa, abrazó a su hija y a su sobrina con lágrimas de pura liberación.Maísa sonreía por primera vez en meses, respirando
Leandro RossiEl sonido distante de las sirenas resonando por las calles de Madrid marcaba el inicio del fin. Tras asegurarme de que doña Dolores y Maísa estaban a salvo en el hospital al lado de Carmen, encontré al capitán Molina en la recepción de la Comisaría Central.—Señor Rossi, llegamos a tiempo —dijo Molina, acomodándose la funda en la cintura mientras caminábamos en dirección a las patrullas de intervención táctica.—El equipo de inteligencia interceptó una transferencia bancaria atípica a nombre de Miguel Giordano. Estaba preparando la fuga a Suiza.—Aquel miserable no va a dar un solo paso fuera de esta ciudad, capitán —respondí, con tono gélido e implacable.—Matteo me dio órdenes explícitas. Miguel necesita responder por cada vida que quitó y por haber financiado el atentado en el aeropuerto.Entramos al vehículo y seguimos a alta velocidad hasta la mansión donde vive Miguel Giordano. El sol de la tarde comenzaba a ponerse cuando rodeamos la propiedad con cuatro patrullas
Matteo GiordanoLlegué al hospital adonde Marco fue trasladado —el mismo donde mi abuelo seguía internado— e invoqué inmediatamente al equipo de guardia para relatar el envenenamiento.—¡Doctor, mi hermano fue envenenado! ¡Tienen que aplicar el protocolo de desintoxicación ahora mismo! Por favor, no dejen a mi hermano morir —supliqué en desesperación, aterrorizado con la idea de secuelas irreversibles.—Mantenga la calma, señor Giordano. El equipo de emergencia ya asumió el caso y estamos haciendo todo lo posible para contener los daños —el médico informó, alejándose apresuradamente hacia la UTI.En medio de este caos sofocante, me di cuenta de que no había conseguido llamar para saber de mi gitana, tampoco sobre los pasos de mi tío.Con la detención de Moretti hoy temprano, el desgraciado de Miguel podría entrar en alerta e intentar huir.Saqué el teléfono e invoqué a Leandro con la intención de actualizarme sobre mi tío, tener noticias de mi pelirroja y entender a cuánto andaban las
Matteo GiordanoDesperté con mi teléfono celular vibrando frenéticamente sobre la mesa de noche. Medio aturdido, tomé el aparato y vi el nombre del inspector Tomaz en la pantalla, imaginando al instante que traía actualizaciones decisivas de las investigaciones.—Giordano... —respondí con la voz ronca por el sueño recién interrumpido.—Buenos días, señor Giordano. Perdóneme por despertarlo tan temprano, pero el asunto es urgente —dijo el inspector—. Conseguimos analizar minuciosamente todas las grabaciones de las cámaras de la mansión Rizzo proporcionadas por su hermano.—Confirmamos que Giuseppe Moretti estaba envenenando a Stefano Rizzo de forma continua y la jueza acaba de expedir la orden de aprehensión preventiva. Esté preparado, nuestro equipo estará en la mansión en cerca de una hora.—Gracias por el aviso, inspector —respondí, sintiendo que el pecho se me inflaba—. Me encargaré personalmente de estar presente para presenciar la caída de ese desgraciado.—Imagino el significado
Matteo GiordanoEl cuadro clínico de mi abuelo continuaba sin estabilización, pero, con el descubrimiento del origen de su debilitamiento, el equipo médico inició un protocolo de desintoxicación para intentar revertir el daño.Marco se mantenía profundamente conmovido, carcomido por la culpa por haber vacilado en regresar a Italia cuando el abuelo lo llamó.Él creía que podría haber evitado este empeoramiento, ignorando que la sustancia venía siendo administrada desde hace meses.—Marco, no puedes cargar con el peso de esta culpa —afirmé, con tono firme—. ¿Cómo te ibas a imaginar que tu propio padre estaba orquestando algo así?—Tu prioridad ahora es pasarte por exámenes toxicológicos para confirmar si no te estaba dosificando a ti también poco a poco —aconsejé, mirándolo con gravedad.—Es una carga demasiado pesada de absorber, Matteo —se desahogó mi hermano, con la voz temblorosa de frustración.—Descubrir que mi propio padre envenenaba al abuelo y que fue el responsable directo de







