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18. La carta.

last update Veröffentlichungsdatum: 03.04.2022 04:32:57

El sobre en mis manos se sentía tan viejo que temí romperlo al abrirlo, el amarillento papel comenzaba a lucir marcadas manchas y empezaban a separarse las esquinas. En el interior había una carta y una llave. Me acomodé en el sillón a leer, ya había oscurecido y afuera las únicas luces eran las de las estrellas y los departamentos al otro lado de la calle, donde podría jurar que vivían al menos ocho personas con insomnio. Comencé a leer, mis manos temblaban y a ratos mi visión era empañada por las lágrimas, pero me negué a detenerme. La carta decía:

Mi querida Adri.

Si esta carta llegó a tus manos significa que Antonio y yo fracasamos y que lo peor ha sucedido. Lamento mucho no estar a tu lado en estos momentos, los dos sabemos lo importantes que somos para ti, pero precisamente por eso no podíamos dejar a nuestra familia en manos de un hombre como el señor Daleman.

Hay muchas cosas que decirte y poco tiempo para escribirlas, te dejo la llave de mi bodega, esta en la Ciudad de México y ahí hemos guardado toda la evidencia contra el señor Daleman, si decides continuar nuestra labor, ese sería el mejor lugar para empezar. Pero hija, debes pensarlo bien. Nosotros no te pediríamos algo así, es sólo si decides hacerlo y entiendes que tu vida no será la misma. Si decides seguir adelante y olvidarte del tema no te culparé, tampoco Antonio. Lo último que deseamos es verte desperdiciar tu vida peleando las batallas de otra persona.

Como sabes bien, Antonio y yo investigamos al señor Daleman, aunque no conoces las razones que nos llevaron a hacerlo, de seguro sospechas algo. Cuando me negué a vender por tercera vez noté que hombres sospechosos comenzaban a seguirme y con ayuda de Toño detuve a uno, él confesó que lo envió Daleman para “hacerme cambiar de opinión”, pues nuestro pueblo era un lugar estratégico para sus negocios. En ese punto pregunté si hablaba del negocio del hotel, él lo negó, dijo que era sobre el otro negocio. Tras seguir a sus hombres por meses e investigar un poco descubrimos que se refería a un negocio ilegal, al principio parecía ser sólo tráfico de drogas, pero es mucho peor.

Toda la evidencia está en la bodega, el problema es lograr que alguien nos tome en serio. Muchos de los jueces están en su nómina y la policía ya ha desestimado el caso como simple especulación. Hay personas inocentes sufriendo y nadie les ayuda. Daleman es demasiado poderoso, tiene gente en todas partes, incluso donde menos lo esperas, también tiene enemigos inesperados.

Por favor ten cuidado, tu prioridad debe ser estar a salvo. No hay nada más importante que tu vida.

De nuevo, lamento que esta carta haya llegado a tus manos, haz lo que creas más conveniente con la evidencia de la bodega.

Te quiere más que a nada en el mundo.

-Tu amoroso padre.

En la parte posterior sólo estaba escrita la dirección de la bodega, quedaba a las afueras de la ciudad. La sola ubicación sugería que mi padre quería pasar desapercibido y estar lo más lejos posible de las muchas empresas que apoyaban al señor Daleman. Tardaría más de dos horas en llegar sin considerar el tráfico. Guardé la carta en una caja bajo la cama y puse la llave en mi llavero, así definitivamente no la perdería.

Me alistaba para dormir cuando comenzó a sonar mi teléfono.

 -Arg, ¿Quién demonios…? -me detuve al ver el nombre en la pantalla, la llamada era de Christian. Contesté. - ¿Bueno?

- ¿Rachel? ¿Estas despierta?

-No suelo responder al teléfono dormida, señor.

-Creo que alguien intenta meterse a mi casa… Escucho algo, pero…-Se oyó un fuerte golpe similar a una puerta al estrellarse contra la pared seguida por un grito que no logré entender. -Diablos, tengo que colgar… no sé si la policía…

Entonces se cortó la llamada, intenté marcarle, pero mi llamada llegaba directo al buzón de voz. Al instante una horrible sensación se apoderó de mí, tenía un mal presentimiento sobre esa peculiar llamada y mi tendencia a imaginar lo peor en cada situación no me dejaría tranquila así que tomé mi teléfono y mis llaves antes de salir.

A pesar de la hora logré detener a un taxi, que definitivamente cobró más de lo usual por el viaje, pero no me importó, necesitaba llegar con Christian lo antes posible y comprobar que estaba bien. Sin importar cuánto lo negara, Christian era importante para mi y el sólo hecho se imaginarlo asustado y en peligro me hizo dejarlo todo sin siquiera pensarlo. Porque a pesar de todo temía perderlo también a él.

Apenas pagué el taxi subí corriendo al elevador, el paso de un piso al siguiente se sintió eterno y escuchaba el golpeteo de mi corazón a máximo volumen en mis oídos. Apenas se abrió la puerta del ascensor me arrepentí de no haber llevado un arma, la puerta del apartamento estaba abierta, aunque el interior lucía oscuro. Entré despacio, con pasos cautelosos que no hicieran demasiado ruido y alertaran a quien abrió la puerta de mi presencia.

“Debe estar en su cuarto” pensé, recordando que este era la única parte del apartamento, además del baño que tenía puerta. Lo ubiqué sin problemas, la puerta estaba cerrada y se asomaba luz por la rendija de abajo.

-Ya le dije que tiene a la persona equivocada. -dijo Christian, a pesar del temblor en su voz sonaba fastidiado con su interlocutor.

-No, usted es Daleman, el bastardo que ayudó a mi hermano a endeudarse y que luego le pagó su lealtad con veneno. Los Cruzz tenemos orgullo, ¿sabe? Y esta es la última vez que nos provoca así, señor Daleman. -amenazó una voz que no me resultaba familiar, era algo grave pero llena de emoción, debía ser hermano del señor Cruzz. Diablos.

Escuché un golpe, necesitaba detenerlos de alguna manera. ¿Pero cómo?

-Voy a matarlo, maldito bastardo y disfrutaré cada instante. -dijo el desconocido.

-Entonces el único asesino en esta habitación será usted.

- ¿Lo niega? ¿Se atreve a negar que arruinó la vida de mi hermano antes de matarlo?

-Yo apenas y conocí a su hermano, ¿si sabe que mi padre se llama igual que yo? Ellos dos fueron amigos antes…

-No mienta, deje de mentir…

Necesitaba hacer algo y rápido.

- ¡Amor, ya llegué! -Exclamé simulando el sonido de pasos apresurados. - ¿Sigues despierto?

Abrí la puerta del cuarto, adentro estaba el desconocido, un hombre alto y regordete bastante parecido al señor Cruzz, vestía pantalones de traje y una arrugada playera verde, como si hubiera estado a medio vestirse cuando decidió buscar a Christian. Este se encontraba pegado a la pared, ambas manos levantadas en un gesto mitad terror mitad intento de calmar la situación. El hermano de Cruzz le apuntaba directo al pecho con una pistola.

- ¿Quién es ella? -inquirió aquel.

-Es mi novia.

-Cariño, ¿debería llamar a la policía?

-No se moleste señora, fue un policía quien me dio su información. -se burló el intruso.

Debió ser el detective Olmos, no se me ocurría otra persona tan convencida de su propia versión de las cosas al grado de llegar a lastimar a los demás o al menos ponerlos en peligro. Más adelante tendría una plática con él… Quizás podría convencer a Lucía de investigarlo un poco, esa fijación que tenía con Christian me resultaba sospechosa.

-Tiene que irse, es el hombre equivocado.

-Eso dice él, pero de seguro eso dicen todas las ratas.

Resoplé, siempre me pregunté qué habría hecho si hubiera llegado un poco antes, quizás habría rogado por la vida de mi familia, habría suplicado por la vida de Antonio hasta tener la garganta desgarrada. Ahora no encontraba las palabras para defender a Christian.

-Espere, ¿es su novia? Quizás debería matarla primero, así verá lo que se siente…-apuntó el arma directo a mi rostro. Yo lo miré a los ojos, porque si había algo a lo que no le tenía miedo era a un cobarde armado.

-Adelante, hágalo. -lo reté, esperando conseguir algo se tiempo. Como no miraba a Christian este había recogido su teléfono, sólo necesitaba mantener su atención en mi un poco más. - Cuando lo vi aquí supe que era tan malo como ellos y ahora lo compruebo. No le importa lastimar a las personas, ni siquiera cuando son inocentes mientras que logre lo que quiere.

-Cállese…-Su mano temblaba. -Mi hermano fue un gran hombre y no permitié que gente como ustedes ...

De un salto Christian lo derribó al suelo, yo le arrebaté el arma y la dejé sobre la mesita de noche. Ya de cerca notaba un toque de alcohol en el aliento de Cruzz, al igual que lo pálido que lucía Christian, casi tan pálido como aquel día cuando su padre fue a cenar. Apenas me di cuenta de que vestía de pants y playera, lo más casual que lo había visto desde que lo conocí.

- ¿Estás bien? -Me preguntó, forcejeando por mantener al otro en el piso.

-Si, ¿y usted?

-Bien…

Unos minutos después, precedido por el sonido de las sirenas, llegó el detective Olmos, molesto por tener que salir de noche, su expresión de desagrado se volvió de pánico al ver a Cruzz.

-Señor Daleman, en verdad lamento este incidente. Yo sólo le dije que necesitábamos más evidencia o una confesión para avanzar con el caso. Nunca pensé que haría algo así. -se disculpó tragándose su orgullo, quizás por primera vez en la vida. - Lamento mucho esto. Lo vamos a procesar enseguida, pero usted no puede quedarse aquí, es una escena de crimen.

-Bien, buscaré algún lugar, gracias detective Olmos.

Se llevaron al hermano del señor Cruzz y nos guiaron a la puerta con la instrucción de no salir de la ciudad porque podrían necesitar nuestra declaración, aunque el cargo máximo que se podía presentar era allanamiento de morada. Los dos bajamos las escaleras en silencio, no había mucho de qué hablar en momentos como ese, cuando la vida te recuerda que en un instante puede terminarse todo.

- ¿Sabe a dónde irá?

-Hay un hotel cerca, quizás me quede ahí. Rachel, sé que quedamos en darnos tiempo, pero… ¿podrías quedarte conmigo esta noche? No quiero estar solo después de…

-Si, me quedaré con usted esta noche. -respondí, tomando su mano en la mía.

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