INICIAR SESIÓNLa recepcionista del hotel apenas y nos miró al entregarnos la llave con su mano arrugada decorada por uñas postizas del tamaño de garras. Sólo quedaba una habitación disponible, algo de esperarse cuando uno no tiene reservación. Christian sólo llevaba su teléfono y cartera, yo las escasas cosas que logré agarrar al salir de casa. Una parte de mí quería regresar a casa, conseguir una muda de ropa y mi bolsa, pero algo en la mirada de Christian me indicaba que no debía dejarlo solo. Había visto esa mirada en el espejo después de la peor noche de mi vida, ahora tenía la oportunidad de estar ahí para él, sabía lo que era pasar por esos momentos difíciles sola y no se lo deseaba más que a mi peor enemigo.
La habitación era amplia, limpia y de día debía contar con mucha luz natural, pues tenía salida a un bonito balcón y varias ventanas que daban a la calle. Un frondoso helecho adornaba la esquina más lejana, aledaña a la puerta que debía llevar al baño. Por supuesto que tenía sólo una cama, de buen tamaño y con las cobijas de apariencia más suave del mundo, pero la presencia de una sola cama prometía una conversación incómoda más adelante. Una esponjosa alfombra con grecas coloridas cubría en su totalidad el suelo. Me quité los zapatos, que tras correr todo el día en tacones y mi visita a casa de Christian, eran una verdadera tortura para mis pies.
- ¿Ya había cenado? -le pregunté odiando la timidez en mi voz.
-Si, de todas formas, no podría comer nada ahora. -respondió. Su seriedad me preocupaba. - Espero no haberte interrumpido con mi llamada, nunca debí llamarte… no lo pensé, yo te puse en peligro y lo lamento mucho. ¿Podrás perdonarme?
-No hay nada que perdonar, usted no me pidió que fuera, yo decidí hacerlo. Además, no podía dejarlo solo, no en un momento como ese. La verdad es que me preocupé por usted y necesitaba saber que estaba bien.
Él esbozó una media sonrisa por un instante, si hubiera parpadeado quizás no la habría visto. Con esa misma expresión de seriedad entró al baño, encendió la luz y lo escuché lavarse el rostro. Recibí un mensaje de detective Olmos pidiendo una reunión con mi jefe para disculparse, yo silencié el teléfono, Christian no necesitaba preocuparse por eso, al menos de momento. Ya más adelante tendría tiempo para lidiar con los sentimientos de culpa de un detective.
- ¿Rachel? ¿Por qué esto no parece afectarte? -preguntó Christian mientras salía del baño, su rostro limpio y cabello un poco húmedo. -Un hombre armado estuvo a punto de hacerte daño y estás tranquila, como si nada…
-Si me afecta, pero no es la primera vez que pasa. -respondí antes de tener tiempo para pensar mi respuesta.
- ¿Fue lo que le pasó a tu prometido?
-Así es, no pude hacer nada para evitarlo, ni siquiera pude sostener su mano una última vez o decirle lo mucho que lo amaba. -rayos, ¿por qué se sentía tan bien ser sincera? -es diferente cuando no pierdes tu vida, sino la de un ser amado.
-No creo que fuera tu culpa…
- ¿Cómo puede saberlo? Yo no hice nada, no pude detenerlo. Debí hacer más por ayudarle.
Los dos nos sentamos al borde de la cama, algo me decía que no podríamos dormir esa noche, no mientras estaban tan frescos los recuerdos. El hermano de Cruzz pasaría la noche en prisión y nosotros la pasaríamos reviviendo lo sucedido cada vez que intentáramos cerrar nuestros ojos. Y en el fondo, temía compararme con él, temía considerar estar así de equivocada en mi búsqueda de venganza.
Ambos mirábamos la mullida alfombra, demasiado incómodos para decir nada. ¿Qué se podía decir en momentos como ese? Agradecía que ambos estuviéramos vivos y bien, pero las palabras no llegaban a mi boca. Debería decir algo, romper el silencio de alguna manera…
-Quiero ver al detective Olmos, ¿podrías arreglarnos una reunión mañana? Me gustaría decirle en persona que no lo culpo, después de todo él sólo hacía su trabajo.
-Lo haré en cuanto amanezca, señor ¿de verdad no le guarda resentimiento?
Me miró, una sombra de incertidumbre en sus ojos claros, que bajo la luz artificial del foco lucían casi verdes. Algo en su esos hermosos orbes me hacía sentir como si lo conociera de toda la vida.
- ¿Crees que debería estar molesto con él?
-Él dio su información, a final de cuentas es su culpa lo que sucedió y usted lo sabe.
-Si, pero si el señor Cruzz no hubiera sido asesinado entonces su hermano nunca habría buscado matarme, el verdadero culpable en todo esto es su asesino.
“Y su asesino es tu padre” pensé, recordando la investigación de Lucía. “Si supieras todo el mal que ha hecho tu padre, ¿de todas formas trabajarías para él? Si supieras la clase de monstruo que es, ¿seguirías buscando su aprobación?”
-Además el detective Olmos cree estar haciendo lo correcto. -completó el joven Daleman.
-De acuerdo, no insistiré, señor.
-Lo agradezco mucho.
Perdonar de esa manera nunca me había resultado sencillo, quizás porque mi odio por el señor Daleman fue lo único que me mantuvo con vida cuando perdí mis demás razones para desear seguir viviendo. Me aferraba al odio después de perder el amor y protegía con gran recelo mi corazón, temerosa de volver a pasar por una pérdida tan dolorosa.
-Esto es… raro. -rompió el silencio Christian, pasándose la mano derecha entre su rizado cabello. -Normalmente sé qué decir, pero contigo…
-Lamento hacerlo sentir incómodo, señor. -respondí, imitando su gesto y acomodando mi cabello tras mis orejas.
-No me refería a eso, yo siento que puedo contarte cualquier cosa y al mismo tiempo siento que tu opinión me importa demasiado. Es una tontería, lo sé.
-Me parece bastante normal, yo me sentía así cuando salía con mi prometido, Antonio, sobre todo al inicio. Entonces yo era muy tímida y creía que alguien tan bueno como él no se fijaría en mí. -Hablar de Antonio, aún con un Daleman se sentía correcto.
-Debiste amarlo mucho.
-Demasiado, cuando lo perdí…-pasé saliva, de repente mi garganta se sentía seca. -cuando lo perdí también perdí la mejor parte de mi ser.
Miré de nuevo la mullida alfombra, sus complicadas grecas de distintos colores llamativos como rojo, negro y azul no bastaban para distraerme de nuestra conversación. El dolor nunca desaparecería, no del todo. La mayoría de las personas no lo entendían hasta experimentarlo por sí mismos.
-Eso no es cierto, eres una buena persona Rachel, fuerte, perseverante, has superado la muerte de Antonio y sigues adelante sin importar lo mucho que lo extrañes. No creo que hayas perdido la mejor parte de ti. Sino tendría que decir algo parecido de mi cuando falleció mi madre.
- ¿Su madre? -cierto, su madre, quien falleció en misteriosas circunstancias que nunca se pudieron aclarar del todo, las versiones variaban y lo único en común entre una y otra era la certeza de que ella había muerto. ¡Ni siquiera lograban ponerse de acuerdo sobre en qué fecha fue su muerte!
-Quizás no es una comparación justa, porque apenas la recuerdo, aunque falleció poco después de que yo cumpliera siete años. Rara vez veía a mis padres, pero ella siempre me miraba con una inmensa sonrisa y el tiempo que pasamos juntos fueron los mejores momentos de mi infancia.
Asentí, había visto fotografías de su madre, Alexandra Daleman, una mujer pálida y delgada, de apariencia frágil y sonrisa honesta. Su muerte inundó las noticias con especulaciones y sospechas ya que coincidió con rumores del inminente fin de su matrimonio. A mis padres nunca les gustaron los chismes, pero yo me enteraba de todo gracias a las revistas en el consultorio del doctor, a veces las chicas íbamos sólo a revisar las nuevas revistas, mismas que solía regalarnos después de cierto tiempo. Claro que en ese momento no imaginaba el importante papel que la familia Daleman llegaría a tener sobre mi vida.
- ¿En qué estás pensando? Te quedaste muy quieta y callada. -murmuró Christian.
“En que tu perdiste a tu madre y yo a mi padre, tenemos ese dolor en común” pensé, no podía decírselo, él ya sabía demasiado sobre mí, más información ponría en riesgo todo. Si Christian averiguaba la verdad, ¿quién sabe como reaccionaría? en el mejor de los casos me denunciaría a la policía, en el peor... ni siquiera quería imaginarlo.
-Me acordaba de su madre. -dije, lo cual no era del todo falso. -Alguna vez vi su fotografía en una revista, era muy bonita.
-Eso no es nada, debiste verla en las fotos de su boda, entonces lucía de verdad feliz…
Se quedó con la mirada perdida y una sonrisa nostálgica en el rostro. Impulsivamente tomé su mano en la mía, se sentía correcto, como si nuestras manos hubieran sido hechas para entrelazarse. “Aléjate antes de que sea demasiado tarde” repetía una vocecita en mi cabeza “No te puedes enamorar de él” Muy tarde, el daño ya estaba hecho, quizás desde el primer momento en que nos vimos en aquel ascensor. Desde ese intercambio de miradas cargado de tensión y el potencial de algo más.
Estábamos a punto de besarnos cuando él se apartó un poco.
-Rachel ¿estás segura de esto?
-Estoy segura, lo prometo. ¿Y tú?
En vez de responder con palabras tocó mi mejilla antes de besar mis labios, un beso lleno de pasión, de esos que roban el aliento y se quedan por años en la memoria. No me aparté, todo lo contrario, me acerqué a él hasta que nuestros cuerpos estaban casi pegados, su mano se deslizo por mi espalda deteniéndose justo a la altura de la cintura casi pidiendo permiso para llegar más lejos.
Yo acaricié su cabello, esos suaves rizos se sentían tan sedosos como imaginaba. Sin dejar de besarnos nos acostamos sobre la cama sin molestarnos en abrir las cobijas. Christian apagó la luz …
Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe
Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq
El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec
Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,
Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue
Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners







