เข้าสู่ระบบMe llamo Lily y, por fuera, todo el mundo cree que soy la chica inocente perfecta. Veintiún años, ojos azules grandes, pelo rubio largo, cuerpo pequeño con tetas firmes de copa C, cintura mínima y un culo redondo y firme que queda adorable en mis vestidos modestos. Voy a misa todos los domingos, hago voluntariado en el refugio y me sonrojo cuando los chicos me miran demasiado. Mis amigas me llaman «la dulce Lily».¿Pero dentro de mi cabeza? Soy una puta asquerosa y sucia.Durante años he escondido las fantasías más oscuras que me consumen todas las noches. Gangbangs. Que me usen varios hombres a la vez. Sexo bruto, degradante, empapado de semen, sin límites, en el que no soy más que un par de agujeros calientes para que me destrocen. Sueño con que me pasen de uno a otro, que me ahoguen, que me den bofetadas, que me llenen todos los agujeros hasta que el semen se me escape del coño, del culo y de la boca. Me toco pensándolo sin parar: tres, cuatro, cinco pollas al mismo tiempo, abriénd
Vivian se sentó junto a su hermana, el cuerpo más suave y curvilíneo temblándole de una necesidad callada, mientras Genevieve seguía doblada sobre la cama, mi polla enterrada hondo en su calor palpitante. Dos caras idénticas, dos pares de ojos verdes hambrientos, los dos clavados en mí.Tragué saliva, el tronco dándome un tic involuntario dentro de Genevieve. Cada parte racional del cerebro me gritaba que parara, que me saliera y acabara con esta locura. Pero el lado animal ya había ganado.—Vale —raspé, la voz ronca de lujuria—. Las dos. Pero tenemos que ir con cuidado. Nadie puede enterarse nunca.La sonrisa malvada de Genevieve volvió al instante. Se salió de mi polla con un pop húmedo y se giró hacia su gemela. Sin dudar le tomó la cara y la besó hondo: lenguas deslizándose, gemidos suaves vibrando entre ellas. No era un beso de hermanas. Era sucio, ensayado, lleno de hambre. La mano de Genevieve bajó por el cuerpo de Vivian, cubriéndole una teta llena antes de meterse entre los m
El corazón se me estrellaba contra las costillas como si quisiera escapar. Genevieve estaba ahí con su uniforme de animadora de puta, la falda subida, los ojos verdes brillando de triunfo. La polla la seguía teniendo dura como una piedra, tensándose con dolor contra la tela fina de los shorts, traicionando cada palabra que iba a decir.—Genevieve, no —gruñí, la voz más ronca de lo que pretendía. Di un paso atrás, poniendo el borde de la cama entre nosotros, pero no había a dónde huir en aquella habitación enorme—. Ahora somos familia. Esto está jodido. Mamá y Richard… Jesucristo, perderían la cabeza. No voy a tirarlo todo porque tú estés cachonda.Se rio, baja y gutural, rodeando la cama como un depredador.—¿Familia? Nos conocimos hace tres meses, Garrett. No eres mi hermano. Eres el tío bueno y plantado que duerme al final del pasillo con una polla con la que sueño desde que te mudaste. —La mirada se le bajó sin vergüenza al bulto de los shorts—. Y no finjas que no has estado pensan
POV de GarrettLa casa nueva todavía no se sentía como hogar. Era demasiado grande, demasiado pulida, como si alguien hubiera cogido cada sueño que mamá solía susurrar en aquellas noches frías después de que papá muriera y lo hubiera convertido en mármol frío y madera reluciente. Solo mi habitación era más grande que todo nuestro piso viejo de la ciudad. Los ventanales de suelo a techo daban a unos céspedes impecables cuyo mantenimiento probablemente costaba más de lo que mamá ganaba en un mes. Debería haberme sentido agradecido. Lo estaba, en su mayoría. Pero cada vez que cruzaba la puerta de entrada, el mismo dolor sordo se me instalaba detrás de las costillas.Mamá había estado sola tres años. Tres años largos y silenciosos en los que hacía dobles turnos y volvía a casa con ojeras. Cuando Richard le pidió matrimonio, le dije que me alegraba por ella. Lo decía en serio. Richard era decente: estable, rico, y la miraba como si fuera la única mujer del mundo. Sus hijas gemelas, en camb
Separé los labios y me metí la polla enorme de Cane en la boca, chupándosela con un hambre desesperada. El largo grueso y venoso me abrió los labios de par en par mientras le daba vueltas a la lengua alrededor de la cabeza hinchada, saboreándole el líquido preseminal salado. Gimió hondo, los dedos enredándoseme con suavidad en el pelo en vez de forzarme.—Eso es, Ciara… así. Te sientes tan jodidamente perfecta. Tan cálida y ganas por mí.Sus palabras me envolvió como seda aunque la polla enorme me llenaba la garganta. Bajé más hondo, atragantándome suave pero siguiendo, la saliva goteándome por la barbilla hasta las tetas que me subían y bajaban. A diferencia de James, Cane no me degradaba: me adoraba.—Dios, eres increíble —susurró ronco—. Tan hermosa tomándomela así. He soñado con tu boca todas las noches desde que te vi.Los elogios me hicieron latir el coño. Chupé más fuerte, hundiendo las mejillas, una mano acariciándole la base gruesa mientras la otra le cubría los huevos pesado
Los días se habían desdibujado desde aquella mañana en que Cane entró mientras James me follaba hasta dejarme sin sentido. No podía dejar de revivirlo: la forma en que sus ojos oscuros se habían comido las tetas que me rebotaban, el hambre cruda en su cara al ver cómo la polla gruesa de James desaparecía dentro de mi coño empapado. Todas las noches desde entonces me había tocado pensándolo, la culpa retorciéndose con una necesidad asquerosa mientras James dormía a mi lado. El cuerpo me pedía algo más oscuro, algo prohibido. Pero lo apartaba. James era mío. El capitán de fútbol. Mi todo.Hasta esta noche.Había pasado horas preparándome para su fiesta sorpresa de cumpleaños: un vestido negro ajustado que me abrazaba las curvas, el escote profundo enseñando las tetas enormes, el bajo apenas cubriéndome el culo. El coño ya me hormigueaba de anticipación cuando me abrí paso entre la casa abarrotada fuera del campus, el bajo retumbando en las paredes, cuerpos frotándose por todas partes. V







