แชร์

Capitulo 4: No Se Rendirá

ผู้เขียน: Ashley McCallister
last update วันที่เผยแพร่: 2026-09-09 13:04:00

El viaje en autobús fue una tortura de casi cuarenta horas que pareció no tener fin. A medida que los kilómetros avanzaban y el verde paisaje del centro del país se transformaba en el desierto árido y caluroso del norte, el estómago de Cristina se iba apretando más y más. Casi no pudo dormir en todo el trayecto; cada vez que cerraba los ojos, la imagen de su madre sufriendo en el sofá y los rostros de sus hermanitos la despertaban de golpe. En su mente se repetía, como un mantra, la promesa que les había hecho. Ella era su única esperanza.

Al llegar a la central de autobuses de Tijuana, el calor sofocante y el bullicio de la frontera la recibieron como una bofetada. Con el corazón latiéndole a mil por hora, Cristina caminó hacia el punto de encuentro que le habían dado. Ahí, en una esquina polvorienta cerca de la terminal, la esperaba el contacto del coyote: un hombre de mirada esquiva, con sombrero y una cicatriz en la mejilla, que conversaba en voz baja con otros jóvenes que, al igual que ella, reflejaban el mismo miedo y la misma desesperación en los ojos.

La travesía apenas comenzaba, y el peligro real estaba a solo unos pasos de distancia.

El cruce de la frontera se convirtió rápidamente en una pesadilla. El grupo avanzaba a paso apresurado bajo el manto de la noche, esquivando la densa vegetación y cuidando que las linternas de la patrulla fronteriza no los descubrieran. El miedo se respiraba en el aire; el terreno era hostil, lleno de espinas, subidas empinadas y un frío desértico que calaba hasta los huesos. Cristina caminaba con el corazón en la garganta, exhausta, sintiendo que sus piernas no podían más, pero obligándose a seguir por su familia.

En medio de la oscuridad y la confusión del camino, uno de los hombres que ayudaba al coyote se le acercó sigilosamente.

—Oye, tú, ven por aquí —le susurró al oído, tomándola del brazo—. El grupo va a rodear la colina, pero este camino entre las rocas es más corto. Te cortará camino y llegarás antes, créeme. Es mejor para ti.

Cristina se detuvo en seco, desconfiada. Miró al resto del grupo que se alejaba y sintió una punzada de angustia.

—No... no sé —titubeó ella, soltándose del agarre—. El coyote dijo que no nos separáramos. Prefiero ir con los demás.

El hombre sonrió con una falsa amabilidad, adoptando un tono tranquilizador para convencerla.

—Escucha, yo conozco este terreno como la palma de mi mano. El jefe me mandó para asegurar que las mujeres y los que están más cansados no se queden atrás. Si vas con el grupo principal, vas a tener que subir una cuesta muy empinada que te va a agotar del todo. Por aquí es plano y salimos justo delante de ellos. Anda, confía en mí. No te voy a mentir. Es por tu bien.

Cristina miró sus piernas temblorosas y luego la silueta de los demás perdiéndose en la oscuridad. El cansancio extremo pudo más que su prudencia. Asintió levemente y comenzó a seguir al hombre, quien la guio rápidamente hacia una zona rocosa, rodeada de enormes piedras que bloqueaban cualquier visibilidad.

De pronto, el hombre se detuvo. El silencio absoluto del lugar alarmó a Cristina.

—¿Dónde están los demás? —preguntó ella, dando un paso atrás con miedo.

El sujeto no respondió. Con una sonrisa macabra, se dio la vuelta y se abalanzó sobre ella, acorralándola contra una gran roca. Cristina intentó gritar, pero la brusca mano del hombre le tapó la boca, sofocando su voz, mientras con la otra mano intentaba romperle la ropa.

—Cállate si no quieres que te vaya peor —le amenazó él, empujándola contra el suelo arenoso.

El pánico la invadió, pero el instinto de supervivencia y el recuerdo de su madre y sus hermanos encendieron una fuerza descomunal en su interior. Cristina forcejeó con desesperación, arañando el rostro del agresor. Mientras el hombre maldecía e intentaba someterla de nuevo, la mano de Cristina tanteó el suelo a ciegas hasta que sus dedos tropezaron con una piedra grande y pesada.

Con las últimas fuerzas que le quedaban, levantó la piedra y, en un acto puro de defensa propia, se la estrelló con toda su alma en el costado de la cabeza.

El impacto sonó seco y pesado. El hombre se quedó paralizado por un segundo, sus ojos se abrieron desmesuradamente y, de inmediato, su cuerpo se desplomó inerte a un lado de ella, tiñendo la tierra de sangre.

Cristina se quedó en el suelo, respirando agitadamente, con las manos temblando y el pecho agitado, mirando el cuerpo inmóvil del hombre. Acababa de salvar su vida, pero el precio de la libertad se había vuelto terriblemente alto.

อ่านหนังสือเล่มนี้ต่อได้ฟรี
สแกนรหัสเพื่อดาวน์โหลดแอป

บทล่าสุด

  • Jure No Amarte, Pero Me Traicionó El Corazón.   Capitulo 20: Orgullo Y Valentía

    Max apretó los dientes, sintiendo cómo la vena de su cuello se hinchaba por la rabia acumulada. La presencia de Cristina lo desestabilizaba, pero tenerla ahí, parada con la cabeza en alto frente a su prometida, tocaba una fibra que su orgullo de fiscal no podía tolerar. —Tú no estás en posición de defenderte ni de alzar la voz en esta casa —sentenció Max, clavándole a Cristina una mirada implacable y helada—. Te lo advertí, pero parece que no entiendes las reglas. —¡Señor Cooper, le estoy diciendo la verdad! —insistió Cristina, con la voz entrecortada por la impotencia, manteniendo los puños apretados a los lados. —¡Cállate! —bramó Max, dando un paso firme hacia ella que la hizo dar un sobresalto—. No me importa tu versión. Estás aquí por pura caridad de mi hermano y no vas a venir a faltarle el respeto a mi prometida. Miranda, detrás de él, se secó las lágrimas falsas con la punta de los dedos y esbozó una leve sonrisa de triunfo al ver a Max acorralando a la joven. —Vas a

  • Jure No Amarte, Pero Me Traicionó El Corazón.   Capitulo 19: Hipocresía

    El sol de la tarde apenas comenzaba a caer cuando Miranda llegó a la mansión Johnson. Entró sin tocar, pisando con fuerza sobre los pisos de mármol. Llevaba una rabia contenida desde la noche anterior; el rechazo de Max la tenía con el orgullo herido y necesitaba desquitarse con alguien. Al llegar al salón principal, vio a Cristina limpiando las mesas de madera. Cristina vestía su sencillo uniforme y llevaba el cabello recogido, concentrada en su labor. Miranda caminó a paso firme y se detuvo justo a un lado de ella, cruzándose de brazos. —Veo que sigues aquí, estorbando —soltó Miranda con voz venenosa. Cristina respiró profundo, detuvo el trapo y se puso de pie, manteniendo la distancia. —Buenas tardes, señorita Miranda. Estoy haciendo mi trabajo. —Tu trabajo... —se burló Miranda, dando un paso hacia ella—. No sé qué clase de mañas utilizaste para convencer a Eric de mantenerte en esta casa, pero te advierto una cosa: la boda es en unos días. En cuanto yo me case con Max

  • Jure No Amarte, Pero Me Traicionó El Corazón.   Capitulo 18: Enfrentamiento

    A la mañana siguiente, la mansión Johnson amaneció envuelta en un silencio denso. Cristina intentaba concentrarse en sus labores diarias, fregando los pisos de la planta baja mientras luchaba por sacar a Max de sus pensamientos. Cada rincón de la casa parecía recordarle la forma en que él la había mirado y el toque invasivo de sus labios. De pronto, el sonido de la puerta principal rompió la calma. Era Max. Traía la misma ropa de la noche anterior, la corbata desajustada y la mirada visiblemente agotada. No había pegado un ojo en toda la madrugada. Al cruzar el pasillo, sus ojos chocaron de inmediato con los de Cristina. Cristina se quedó petrificada, apretando el trapo entre sus manos. El miedo y esa extraña electricidad que la confundía se mezclaron al instante en su pecho. Quizo agachar la cabeza y retirarse a la cocina, pero la voz de Max la detuvo en seco. —Tú. No te muevas —ordenó él con la voz ronca, avanzando a paso lento hacia ella. —Señor... por favor, no quiero pr

  • Jure No Amarte, Pero Me Traicionó El Corazón.   Capitulo 17 : Una Pesadilla

    Esa noche fue una completa pesadilla para Max. Se revolvía en la cama de un lado a otro buscando una postura para dormir, pero el sueño le era completamente esquivo. Cada vez que cerraba los ojos, el rostro de Cristina aparecía con una claridad exasperante: su mirada asustada, su respiración agitada y, sobre todo, el roce de sus labios. —Esto es increíble... ¿pero qué demonios me pasa? —se preguntaba entre dientes, pasándose las manos por el rostro mientras se revolcaba en las sábanas. Miranda, por su parte, se quedó tirada en la cama, completamente frustrada y con la respiración entrecortada. El rechazo intempestivo de Max le había pegado directamente en el orgullo. Sentía unos deseos ardientes de estar con alguien y su prometido no le había cumplido, dejándola a medias y con mil dudas en la cabeza. No entendía qué le pasaba a Max, pero en ese preciso momento, lo único que le importaba era sentirse deseada y valorada por un hombre. Decidida a no quedarse con las ganas, estiró e

  • Jure No Amarte, Pero Me Traicionó El Corazón.   Capitulo 16: Se Equivoca Conmigo.

    Cristina entró a la habitación de Eric sosteniendo con cuidado las bolsas con las prendas que le había encargado. Se acercó al armario y colocó cuidadosamente en el clóset la ropa que él le pidió comprar, asegurándose de que no quedara ninguna arruga. Pero al momento de cerrar la puerta del clóset, giró levemente la cabeza y miró hacia su derecha. Sobre la mesa de noche había un retrato. Era una fotografía de Eric junto a Max. Al ver el rostro de Max, Cristina se quedó completamente paralizada, congelada en su sitio mientras el aire se le escapaba de los pulmones. En ese mismo instante, los recuerdos la golpearon con fuerza y revivió de golpe el beso que él le había dado a las afueras de la tienda. Se acercó lentamente hacia la fotografía y la siguió mirando fijamente, atrapada en una tormenta de emociones. Cerró los ojos con fuerza y pasó su mano por el rostro, intentando ahuyentar la imagen. No podía creer lo que estaba sintiendo. No podía asimilar que comenzaba a sentir algo por

  • Jure No Amarte, Pero Me Traicionó El Corazón.   Capitulo 15: ¿No Sé Que Me Pasa?

    —¡Me tienes harto! Estás en todos lados —exclamó Max, acomodándose la ropa y tratando de ocultar lo alterado que estaba. —Pero no te confíes —continuó él, señalándola con firmeza—. No vas a seguir por allí como si nada. Muy pronto te sacaré de mi país. Cristina se levantó del suelo, sacudiéndose la faldilla del uniforme y mirándolo directamente a los ojos, cansada del constante acoso. —¿Por qué nos odia tanto? —preguntó ella con la voz firme, aunque llena de dolor—. ¿Por qué no le da la oportunidad al que viene a trabajar honradamente? —¿Honradamente? —se burló Max con frialdad—. No me hagas reír. —Sí... Al menos a eso vine yo —respondió Cristina sin dar un paso atrás—. Usted no conoce nada sobre mí, usted no sabe quién soy. Estoy aquí para poder pagarle el tratamiento a mi mamá y eso voy a hacer. La vida de ella vale más que sus caprichos. —No es un capricho —sentenció él, endureciendo la mirada—. Y me importa un rábano si tu mamá está enferma o no... si es que es verdad eso.

บทอื่นๆ
สำรวจและอ่านนวนิยายดีๆ ได้ฟรี
เข้าถึงนวนิยายดีๆ จำนวนมากได้ฟรีบนแอป GoodNovel ดาวน์โหลดหนังสือที่คุณชอบและอ่านได้ทุกที่ทุกเวลา
อ่านหนังสือฟรีบนแอป
สแกนรหัสเพื่ออ่านบนแอป
DMCA.com Protection Status