ログインJulián observó a los dos primos a un lado. Sabía que no debería sentir eso en un momento así, pero no podía evitar envidiar a Santiago, que podía cargarla en su espalda sin reservas, consolarla abiertamente.Olivia nunca había llorado así, sin contenerse, frente a otra persona.Al no haber recibido el cariño de sus papás, tampoco tenía derecho a llorar frente a ellos. Y mucho menos frente a su abuelita, porque no quería preocuparla.Durante esos cinco años de matrimonio con Adrián no se atrevió a llorar, porque temía que se molestara, que le generara una carga emocional. Su único pensamiento era hacerlo feliz...Para cuando llegaron a la delegación, ya había recuperado la compostura.Le contó a la policía lo sucedido y confirmó que su abuelita había regresado a Altabrisa, junto con sus padres.En el fondo le preocupaba que, al tratarse de que la abuelita viajaba con su propio hijo, su nuera y su nieto, la situación no alcanzara los requisitos para levantar un reporte. Aun así, recalcó
Así que, en cuanto aterrizó, lo primero que hizo fue ir al centro de detención preventiva. Dijo que era hija de Ernesto Muñoz y que venía a ver cómo estaba.Tal como esperaba, el oficial del centro le informó que Ernesto ya había salido bajo fianza.Olivia parecía desesperada.—Disculpe, acabo de regresar del extranjero. ¿Sabe quién tramitó la fianza de mi papá?Fue un abogado.Alguien de la familia le había conseguido un abogado a Ernesto y había pagado la fianza.Si en su casa hubieran tenido ese dinero, o mejor dicho, si su mamá y su hermano hubieran estado dispuestos a pagarlo, su papá habría salido hace mucho. Si nunca lo habían hecho ni habían contratado abogado, era porque la familia no tenía el dinero, o porque su mamá no quería gastarlo.Viéndolo así, alguien más había puesto esa cantidad.—Ya sé quién fue. —Olivia se acuclilló frente a la entrada del centro de detención, embargada de pronto por una gran desolación.—¿Adrián? —adivinó Julián.Olivia no respondió. Solo sacó el
Olivia tomó un taxi en el aeropuerto y, junto con Santiago, se dirigió a toda prisa al fraccionamiento donde vivía su abuelita.Julián y la maestra Carmen no se quedaron tranquilos, así que subieron al mismo auto.—Olivia, tranquila, ya casi llegamos —la consoló Carmen al verla tan inquieta.Julián también intervino:—Sí, mi hermana fue ayer a ver a tu abuelita.Olivia asintió. Era cierto, Fiorella había ido el día anterior a visitar a Mercedes, y el día del vuelo ella misma había hecho una videollamada con su abuelita. Pero no sabía por qué sentía esa angustia.Una hora después, llegaron al fraccionamiento.Olivia corrió lo más rápido que pudo hasta la casa donde Mercedes se estaba quedando. Abrió la puerta y se quedó pasmada.Su abuelita no estaba.Tal como lo presentía, no estaba.La casa estaba hecha un desastre.Todos se quedaron igual de impactados.Se dividieron para actuar.La maestra Carmen fue a hablar con la administración del fraccionamiento; Santiago acompañó a Olivia a bu
Lorena desprendía un suave aroma a perfume. Olivia no reconocía la fragancia, pero olía muy bien. Estar así, envuelta en los brazos de su tía, le daba aún más ganas de llorar: ese era el abrazo que de niña había soñado recibir de su mamá.Lo que nunca pudo tener con su propia madre, lo estaba experimentando ahora, a punto de cumplir los treinta, gracias a su tía.Solo habían pasado unos pocos días juntas, y ya le costaba desprenderse de ella.Pero al menos le quedaba el consuelo de que volverían a verse pronto. Era cuestión de poco más de un mes.Antes de irse, Santiago le regaló algo a cada integrante de la compañía. Literalmente a todos, sin excepción. A cada uno le dijo que era el primo de Olivia, y les agradeció por cuidarla.Valentina se le acercó después y le dijo:—Tu primo no se limitó en nada. Lo que nos dio a cada uno no fue cualquier cosa, y somos un montón en la compañía.Olivia ni siquiera sabía a qué se dedicaba su primo. La noche anterior se habían visto apenas un moment
En cuanto la abuelita apareció en la pantalla, ya estaba sonriendo, pero al distinguir bien quién se veía en el celular, se sorprendió muchísimo y se puso feliz.—¡Ay, no puede ser! ¿Ya están juntas? —exclamó.—Sí, abuelita, Lorena vino especialmente a verme —dijo Olivia.Frente a su abuelita y su tía, Olivia tenía esa ilusión de que por fin podía ser una niña otra vez.—¡Lorena, mírala! ¿Cómo está esta muchacha? ¿Se adelgazó? Ella siempre me dice que todo está bien, bien y bien, ¡pero sospecho que me está viendo la cara! —dijo Mercedes entre risas, con los ojos entrecerrados de alegría.Lorena ya la había observado bien. Aunque la chica tenía la pierna lastimada y estaba delgada, irradiaba vitalidad de pies a cabeza. Así que le reportó a su madre con una sonrisa:—Mamá, puedes estar tranquila, la niña está perfecta. Si te molesta que esté tan flaca, espérate un mes, que cuando venga a estudiar, tú te vienes también y entre las dos la engordamos.Mercedes se rio con tantas ganas que no
Fue como una brisa suave que le rozó el oído sin que se diera cuenta. Para cuando reaccionó, él ya se había alejado; solo alcanzó a ver su espalda perdiéndose entre la marea de gente que inundaba las calles de Venecia, hasta desaparecer.—¡Olivia! —Julián la llamó desde el barco.—¡Ya voy! —Sintió un alivio enorme. Esta vez, Adrián por fin había entendido. Ya no iba a insistir en hacerse responsable de ella para siempre.Subió al barco y, junto con la compañía, se preparó para partir hacia la siguiente ciudad.Lo que no vio fue que Adrián no se había ido lejos. En cuanto ella abordó, él apareció en el balcón del tercer piso de un hotel a la orilla del agua, observando cómo su barco se alejaba poco a poco.Detrás de él, Paulina lo alcanzó y, siguiendo la dirección de su mirada, también vio la embarcación.—Adri —dijo ella—. Ya se fue.Adrián no respondió.—Adri, todavía nos tienes a nosotros. —Paulina caminó hasta quedar a su lado, hombro con hombro—. Adri, ya no me voy a ir nunca más,
Abrió las cortinas y la luz del sol entró; era tan intensa que la lastimó, obligándola a cerrar los ojos.Él estaba sentado a la orilla de la cama y, con ese tono dulce que tanto lo caracterizaba, la despertó: —Dormilona, ¿todavía no piensas levantarte? Fui por unos tamalitos para desayunar.Olivia
En realidad, cuando dejas de esperar algo de otra persona, la decepción ya no duele tanto.Olivia terminó de cambiarse los zapatos para salir, pero Adrián la siguió.—¿A dónde vas?Como Olivia lo ignoró, él se volvió hacia doña Rosa.—¿A dónde va mi esposa?Doña Rosa puso cara de no saber nada.Adri
—Entonces no es necesario.—Pero es que el aire está muy fuerte y tengo frío —insistió Paulina. Llevaba un vestido que dejaba sus brazos al descubierto.Adrián, que traía un saco, se lo quitó en cuanto la escuchó y se lo puso sobre los hombros.—Ten, usa el mío.Olivia no estaba ciega; de reojo, not
—A ver, Adrián, ¿por qué no te vas con Paulina? ¿Para qué me trajiste aquí? —Olivia miró a su alrededor, sin entender qué pretendía él al llevarla a esa suite.Adrián se rio con amargura al escucharla.—Vaya, señora Vargas, no sabía que fueras tan generosa. De haberlo sabido, me habría buscado a una







