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Salvado por una mentira

Salvado por una mentira

작가:  Bambú Vega완결
언어: Spanish
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9챕터
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개요
장르
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El día en que mi esposa, Michelle Austen, muere en cumplimiento del deber, me tomo un frasco entero de pastillas para dormir. Su hermana menor, Paige Austen, es quien derriba mi puerta a patadas y, entre lágrimas, me rescata de la muerte. —¡Tienes que seguir viviendo! ¡Michelle no querría que hicieras esto! —grita Paige, sollozando. Desde entonces, mi eterna rival se esfuerza por controlar su mal genio cuando está conmigo. Me sigue a todas partes, incluso cuando solo bajo a sacar la basura. Creo que por fin he dejado atrás la oscuridad y empiezo a enamorarme de ella. Un día, recibo los resultados de mis estudios médicos. Quiero contarle que, según mi médico, mi estado por fin se ha estabilizado. Pero, en lugar de eso, encuentro un acta de matrimonio escondida en el fondo de uno de sus cajones. El matrimonio se registró en Magosta hace cinco años. La novia es Michelle, mi esposa, la que supuestamente está muerta. El novio es mi hermano, Jack Sloane, que siempre ha jurado estar en contra del matrimonio. La fecha coincide exactamente con el día en que intenté quitarme la vida. Junto al acta hay un teléfono viejo. En la pantalla aparece un mensaje que mi hermano envió el día anterior. «Gracias por vigilarlo todos estos años y asegurarte de que nunca se enterara. Michelle y yo somos muy felices juntos». Aprieto tanto el informe médico que me duelen los dedos. Siento como si el suelo desapareciera bajo mis pies. La mujer que creí que me había salvado resulta ser cómplice de un engaño que me ha mantenido en la oscuridad durante cinco años.

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1화

Capítulo 1

El informe médico se me resbaló de la mano y cayó al suelo.

Me quedé mirando los dos nombres que figuraban en el acta de matrimonio durante un largo rato, convencido de que había leído mal.

Pero, al revisar los demás documentos, comprendí lo idiota que había sido.

Había facturas de un hospital pediátrico, recibos de leche de fórmula y pañales, comprobantes de transferencias al extranjero y varias fotografías.

En una de las fotos, mi esposa, Michelle Austen, a quien creía muerta, sostenía a un bebé en brazos. Mi hermano, Jack Sloane, estaba sentado a su lado en el sofá, contemplando al pequeño con una sonrisa tierna.

Michelle no estaba muerta. Llevaba cinco años llorándola como un completo imbécil. Y la persona que me había ayudado a salir de la etapa más oscura de mi vida había montado toda esa mentira.

Volví a guardar todo en el cajón.

De camino al baño, recogí el informe médico, lo arrugué hasta hacerlo una bola y lo tiré a la basura.

Apenas unos minutos antes, me había parecido una buena noticia. Ahora no era más que una broma cruel.

La puerta de entrada se abrió con un clic.

—¿Trevor? —Paige Austen, la hermana de Michelle, se agachó para cambiarse los zapatos. Llevaba una bolsa de la panadería en la mano.

Al notar mi palidez, extendió la mano para tocarme la frente.

Retrocedí por instinto.

Su mano quedó suspendida en el aire. Por un instante, algo cambió en su expresión.

—¿Qué pasa? ¿Te sientes mal?

—No —respondí evitando su mirada.

Me observó unos segundos antes de sacar unas pantuflas del zapatero y dejarlas junto a mis pies.

—Otra vez andas sin calcetines. Toma, póntelas.

Siempre estaba pendiente de esos pequeños detalles. Antes, sus cuidados me hacían sentir querido.

En mis peores momentos, ella se quedaba a mi lado para asegurarse de que tomara mis medicamentos. Me despertaba cuando las pesadillas me atormentaban en plena noche y poco a poco me fue alejando del abismo.

Había creído que era mi salvación.

Pero ahora, de pie frente a ella, sentía un frío que me invadía todo el cuerpo.

—Te traje unos pastelitos de castaña. —Dejó la bolsa de papel sobre la mesa—. El otro día dijiste que se te antojaban, así que pasé a comprarlos de camino a casa.

Siempre era muy considerada. Recordaba incluso las cosas que yo comentaba de pasada.

Le bastaba una mirada para saber si yo estaba bien.

Antes pensaba que eso demostraba cuánto le importaba. Me aferré a su calidez y al consuelo que me daba, tan ciego que no vi las señales de alarma que tenía delante

Fue a la cocina a calentar un poco de leche y luego sacó mis medicamentos.

—¿Ya tomaste tus pastillas? —preguntó.

—No.

—Tómatelas ahora, ¿sí? —dijo con la misma dulzura de siempre, mientras me tendía las pastillas.

Al verlas, un escalofrío me recorrió el cuerpo.

Durante los últimos cinco años, había llevado mejor la cuenta de mis crisis, mis consultas de seguimiento y mis derrumbes emocionales que yo mismo.

Conocía cada una de mis debilidades.

La miré fijamente.

—Paige.

—¿Sí?

—Si algún día descubriera que Michelle ha estado viva todo este tiempo, ¿pensarías que soy un idiota? —Observé su rostro con atención.

Guardó silencio un momento y luego bajó la voz.

—¿Entraste hoy a mi estudio?

No respondí.

Dejó el vaso de leche y fue al estudio. Poco después, oí que abría un cajón.

Regresó un par de minutos más tarde con una expresión de absoluta calma.

—Son solo documentos viejos. Por favor, no andes hurgando entre mis cosas —dijo—. Últimamente has estado bajo mucho estrés, y la ansiedad te hace darle demasiadas vueltas a todo. Mañana te acompaño a tu consulta de seguimiento.

Estuve a punto de reírme. Incluso ahora seguía intentando engañarme.

—No voy a ir.

Me miró fijamente.

—¿Por qué?

—No tiene sentido. De todos modos, no voy a mejorar.

—¡Trevor! —La irritación endureció su voz.

—Dije que no voy a ir —respondí, alzando la voz.

El silencio se interpuso entre nosotros.

Después de un largo rato, Paige por fin asintió.

—Está bien. Comamos.

A mitad de la cena, sonó su teléfono. Miró la pantalla, se levantó y salió al balcón, cerrando la puerta corrediza de vidrio a sus espaldas.

Antes nunca le había dado importancia a algo así. Ahora, en cambio, sentía un nudo en el pecho.

Regresó poco después.

—Mañana por la noche tengo que salir.

—¿Adónde?

—A casa de una amiga. Su hijo está enfermo, y quiero ver cómo sigue —dijo.

Apreté el tenedor con más fuerza. Lo dijo con tanta naturalidad, como si hablara de lo más normal del mundo. Pero yo sabía que se refería al hijo de Michelle y Jack.
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