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Capítulo 10

Author: Fabiola
Un año atrás, los problemas de Cecilia ya empezaban a notarse. No era una persona racional. Conmigo a su lado, podía actuar sin pensar demasiado en las consecuencias.

Mi salida del bufete fue, para ella, como quedarse sin su brazo derecho. ¿Cómo iba alguien así a sobrevivir en un campo de batalla tan competitivo?

Su caída profesional no era más que el resultado de sus propias decisiones.

No sabía cómo reaccionaría Cecilia si se enteraba de que un antiguo subordinado suyo había preferido acudir a
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  • Treinta y Tres Bodas, Un Divorcio   Capítulo 10

    Un año atrás, los problemas de Cecilia ya empezaban a notarse. No era una persona racional. Conmigo a su lado, podía actuar sin pensar demasiado en las consecuencias.Mi salida del bufete fue, para ella, como quedarse sin su brazo derecho. ¿Cómo iba alguien así a sobrevivir en un campo de batalla tan competitivo?Su caída profesional no era más que el resultado de sus propias decisiones.No sabía cómo reaccionaría Cecilia si se enteraba de que un antiguo subordinado suyo había preferido acudir a mí.Quien actúa con rectitud suele encontrar apoyo; quien termina apartando a todos, acaba quedándose solo.***Cecilia debería entender ese principio mejor que nadie.No hay nada nuevo bajo el sol.Lo que ahora le ocurría a Cecilia ya les había pasado a muchos antes.Según me contó mi excompañero, menos de dos meses después de que yo dejé el bufete, todo empezó a paralizarse.La causa no era solo que Cecilia se hubiera acostumbrado a desentenderse de demasiadas cosas y que, tras mi salida, el

  • Treinta y Tres Bodas, Un Divorcio   Capítulo 9

    Me convertiría en un títere a su merced, en un simple apéndice condenado a permanecer siempre a su lado, sin tener jamás una vida que realmente me perteneciera.—La decisión es muy simple. ¿Para qué seguir dándole vueltas a esto? Si de verdad queremos ser felices en el futuro, divorciémonos.En el Registro Civil iba y venía mucha gente. ¿Cuántas historias de amor, odio y heridas habrían llevado hasta allí a cada una de esas personas?Cecilia guardó silencio durante largo rato. Al final, las lágrimas de arrepentimiento le rodaron por el rostro y, con la mano temblorosa, firmó su nombre, sin rastro de la arrogancia de antes.Sonreí, por fin aliviado.—Al fin soy libre. Y tú también.A lo largo de los años, había preparado para Cecilia incontables documentos que ella firmaba casi sin mirar, pero siempre había sido por trabajo, sin que nada me removiera por dentro.Esta vez, en cambio, sentí que el aire fresco me llenaba los pulmones.Después del divorcio, me recorrió una sensación extraña

  • Treinta y Tres Bodas, Un Divorcio   Capítulo 8

    Según Cecilia, Leonardo salió de la cocina sin saber qué ocurría, todavía con una sonrisa en el rostro.—Qué impaciente eres. La comida todavía no está lista. ¿Quieres probar un poco primero?Cecilia apartó de un manotazo la cuchara que él le ofrecía, alzó el celular y abrió las publicaciones frente a sus ojos.—¿Qué significa esto? ¡Explícame todo ahora mismo! ¿Olvidaste lo que te dije antes? ¡Te pasaste de la raya!Me contó que, al reconocer aquellas publicaciones y verla furiosa, Leonardo palideció al instante.La sujetó de la manga, casi suplicando:—Escúchame. Puedo explicarlo.—¡Suéltame!El alcohol hacía que Cecilia apenas pudiera mantenerse firme. Con los ojos enrojecidos, miró a Leonardo.—¡Con razón Salvador se empeñó tanto en divorciarse de mí! ¡Con razón fue tan tajante! ¡Todo esto fue por tu culpa!Señaló la puerta y gritó:—¡Lárgate! ¡Fuera de aquí!Según Cecilia, la expresión herida de Leonardo se transformó poco a poco en resentimiento.—¿Con qué cara me reclamas? ¿Acas

  • Treinta y Tres Bodas, Un Divorcio   Capítulo 7

    Mejor así. Que por fin sus subordinados vieran con claridad qué clase de persona era realmente su jefa.***Mi excompañero de trabajo respondió enseguida con una avalancha de mensajes indignados."¡No puedo creer que Cecilia sea así! ¡Qué ruin puede llegar a ser la gente! Salvador, no te pongas tan mal. Alguien como ella no vale la pena. Y ese Leonardo… desde hace tiempo me daba mala espina."La fachada impecable que Cecilia había mantenido durante años por fin se había derrumbado. Debajo, no quedaba más que un rostro despreciable y repulsivo.Yo, en cambio, por fin me había quitado de encima la carga más pesada. Desde ese momento, la alegría, la tristeza o la furia de Cecilia ya no tenían nada que ver conmigo.Tiempo después, Cecilia me contó que aquella noche volvió sola a la casa que alguna vez compartimos, completamente perdida.Ocho años no podían borrarse sin dejar siquiera un rastro de afecto. Pero lo que aún quedaba tampoco bastaba para hacerme volver.Cecilia casi nunca bebía

  • Treinta y Tres Bodas, Un Divorcio   Capítulo 6

    —Aunque lo nuestro esté desgastado, estuve a tu lado durante ocho años. Quizá no pueda decir que te conozco por completo, pero sí lo suficiente como para adivinar casi todo lo que piensas. Olvidé decirte algo: presenté mi renuncia hace semanas. Todo se tramitó conforme al procedimiento y quedó cerrado sin contratiempos. Ni siquiera tú tienes forma de revertirlo. Desde hoy, ya no eres mi jefa ni yo tu subordinado. Y tampoco volveré a obedecerte ciegamente.Al terminar, solté un largo suspiro.Después de soportar durante tanto tiempo la presión y el dominio de Cecilia, por fin podía levantar la cabeza con dignidad.***Aunque ella siguió hablando sin parar, hice como si no la oyera y me marché con paso firme.Justo antes de salir, giré la cabeza y le advertí:—Sé que estás muy ocupada, pero ya dejé agendada la cita para dentro de tres días. Será la última vez que tengamos que vernos. Te aconsejo que no llegues tarde.Más tarde me enteré de que, apenas salí, Cecilia llamó directamente a R

  • Treinta y Tres Bodas, Un Divorcio   Capítulo 5

    Al ver mi expresión tan seria, Cecilia no pudo ocultar la sorpresa.Hasta ese momento, la había perdonado treinta y dos veces.Quizá, a sus ojos, aquello ya equivalía a una tolerancia infinita, a una aceptación tácita de que podía hacer lo que quisiera.Leonardo era el mejor ejemplo. Gracias a mi paciencia y al favoritismo de Cecilia, podía burlarse de mí en la cara sin el menor temor.—¿Estás hablando en serio?Aunque era ella quien se entregaba al desenfreno fuera de casa, parecía que la palabra divorcio seguía pesándole demasiado.No podía renunciar a la ternura de Leonardo, pero tampoco quería perder el refugio de un hogar.—No tiene sentido que sigas armando un drama por lo de Leonardo. Ya te lo dije antes: Leonardo y yo solo nos acostamos, nada más. Lo que pase entre nosotros no cambia lo que siento por ti. A quien amo es a ti.Conocía cada una de esas palabras. Pero juntas resultaban tan absurdas que parecían sacadas de otro mundo.No podía imaginar hasta qué punto Cecilia carec

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