—Sí, sé que existen, pero nunca los he probado. Voy a comprar uno para que lo intentemos —dijo ella con mucho entusiasmo—. Además, cuando te lleve de viaje, podremos quedarnos el tiempo que queramos. No tendremos que preocuparnos de que las plantas se sequen ni molestar a los vecinos.—Pero... —Su abuela dudó—. ¿No te vas a ir al extranjero? Y esa casa...Olivia sonrió.—Abuelita, no importa lo que pase, de ahora en adelante siempre estarás conmigo.Sin importar a dónde fuera, en cuanto se estableciera, se llevaría a su abuela a vivir con ella.La mujer sonrió y le acarició el cabello.Cuando Olivia era pequeña, su salud era muy frágil. Como era niña, sus padres nunca le prestaron mucha atención; siempre prefirieron consentir a Mateo, su hermano menor.Por eso, cada vez que se enfermaba, su abuela la cuidaba. Se podía decir que la había criado entre algodones, dándole todo el amor que le faltaba.Sin embargo, Olivia sabía que, de hecho, el matrimonio de su abuela tampoco había sido fel
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