A Vanessa le ardió la cara, entre avergonzada y tímida.Qué vergüenza.Al verla tan apenada, Rafael se rio.—Ya, no te molesto más. Mejor come. Fue un día largo, así que cena, date un baño y descansa un rato.Su trato era tan tierno como de costumbre, al punto de que Vanessa casi olvidaba lo indiferente que solía ser en el pasado.—Está bien. —Vanessa asintió, dócil.En serio le hacía falta un buen descanso.***Esa noche, Vanessa se durmió temprano y profundamente.Recién se despertó hasta el mediodía del día siguiente.Al bajar, Juana le sirvió un caldo nutritivo, siguiendo las instrucciones de Rafael.La empleada le sonrió de oreja a oreja.—El señor la trata de maravilla, señora. Es la envidia de cualquiera. De verlos, hasta a mí, a mi edad, me dan ganas de tener novio.Vanessa se rio.—Ay, doña Juana, qué cosas dice.Juana le habló con sinceridad:—No se lo digo en broma. Es la primera vez que veo al señor tratar tan bonito a una mujer. Me acuerdo de cuando él todavía vivía en la
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