Han pasado cuarenta y ocho horas. Dos días completos de un infierno sofocante que me está consumiendo vivo. Mi propio equipo de seguridad privada, contratado con los mejores recursos de la familia Vance, no ha encontrado una sola pista sólida. La policía despliega operativos, patrulla las calles y revisa cámaras de seguridad, pero no tienen nada. Absolutamente nada. Alejandro, mi mano derecha, intenta sostenerme junto al jefe de seguridad en la oficina improvisada que montamos en el hospital. —Mauro, tienes que respirar, tienes que mantener la calma —me repite Alejandro por décima vez en la mañana, poniéndome una mano sobre el hombro—. Si te derrumbas tú, nos quedamos sin dirección. —¿Que me mantenga en calma? —espeté, apartándome de un manotazo mientras los venas del cuello se me marcaban de la rabia—. ¡Mi mujer, el amor de mi vida, está postrada en una cama de hospital destrozada por dentro! ¡Y yo ni siquiera puedo estar a su lado consolándola porque el fruto de nuestro amor
ปรับปรุงล่าสุด : 2026-09-15 อ่านเพิ่มเติม