Lo que más me divierte de la versión de Jeff Cohen es la sencillez: no hubo casting mítico con pruebas imposibles, sino encajes humanos que se confirmaron con varios callbacks.
En sus relatos él siempre subraya que no buscó ser perfecto; actuó con lo que tenía, con espontaneidad y humor físico, y eso bastó. El equipo de la película valoró esa honestidad porque «Los Goonies» necesitaba chicos creíbles y con chispa, y Cohen aportó justo eso.
Al terminar la lectura de sus entrevistas me queda una sensación optimista: a veces el éxito viene por ser uno mismo en el momento adecuado, y el personaje de Chunk es una prueba alegre de cómo la autenticidad puede convertirse en algo inolvidable.
No es una anécdota exagerada: Cohen la cuenta con cariño y cierta nostalgia sobre cómo el casting se convirtió en su gran oportunidad. Me gusta analizarlo desde el lado humano y técnico: en un casting multitudinario, lo que suele marcar la diferencia no es tanto una lectura perfecta sino el temperamento y la frescura que un actor trae a la escena.
En el caso de «Los Goonies», el equipo buscaba chicos que parecieran amigos reales y que tuvieran chispa para la comedia y la acción. Jeff aportó eso y además un físico, una expresividad y un ritmo cómico que terminaron definiendo a Chunk. Algunas anécdotas cuentan que la famosa «truffle shuffle» se convirtió en parte del folclore del rodaje, un gesto que encapsulaba el humor del personaje y que, curiosamente, nació más del entorno del set que de un guion rígido.
Al final, la historia funciona como recordatorio de que la autenticidad y la química grupal pesan muchísimo en cine, sobre todo en películas juveniles que dependen de la credibilidad del grupo protagonista. Me quedo con la idea de que los grandes personajes a veces surgen de pequeños instantes genuinos.
Recuerdo con claridad la historia que Jeff Cohen cuenta sobre cómo consiguió el papel de Chunk en «los goonies», y siempre me hace sonreír cuando la vuelvo a leer o escuchar en entrevistas antiguas.
Según cuenta él mismo, fue su manera natural de ser —esa mezcla de torpeza encantadora, risa contagiosa y espontaneidad— lo que convenció a los directores durante el casting. No llegó con un personaje prefabricado, sino que improvisó y dejó salir esa energía genuina; los responsables del casting y el equipo creativo conectaron con eso y lo vieron como la pieza perfecta para el grupo de chicos.
Lo que más me fascina es cómo un instante de autenticidad en una sala de audiciones puede convertir a un niño en un icono del cine ochentero. La famosa «truffle shuffle» quedó como uno de esos pequeños regalos del rodaje que nacen del carácter del actor y terminan viviendo mucho más allá de la película. Me parece una lección preciosa sobre dejar que la personalidad brille, sobre todo en algo tan colaborativo y mágico como hacer cine.
Me encanta la versión que Cohen ha compartido en charlas y entrevistas: relata que el papel no fue resultado de un plan metódico, sino de una sucesión de pruebas donde su naturalidad ganó terreno.
En esas sesiones de casting, los directores buscaban química y autenticidad entre chicos que parecieran amigos de verdad. Jeff, con su forma de hablar, gestos y risa, destacó porque no intentó «actuar» algo forzado; en cambio, aportó reacciones reales y humor físico que encajaban con el espíritu aventurero de «Los Goonies». También menciona que le hicieron varios callbacks y que cada vez era más obvio que su personalidad era la correcta para Chunk.
Es curioso pensar que hoy muchas generaciones recuerdan esa elección como casi inevitable: el personaje y el actor se vuelven inseparables, y esa simbiosis empezó en una sala de audiciones por pura espontaneidad.
2026-06-30 10:31:17
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No he visto titulares grandes últimamente sobre entrevistas nuevas de Jeff Cohen, pero eso no significa que haya estado completamente ausente del radar. En los últimos años he seguido sus apariciones más como piezas sueltas: charlas en paneles de convenciones, episodios de podcasts y algunas entrevistas para medios locales o especializados cuando hay aniversarios de «The Goonies».
Personalmente, cuando busco material reciente suelo toparme con clips de entrevistas antiguas que circulan de nuevo, y eso puede dar la sensación de que hubo una aparición nueva cuando en realidad es reciclaje. También he visto que, cuando se le invita, Jeff tiende a hablar tanto de la película como de su vida posterior (su carrera fuera de la actuación y recuerdos del rodaje). Mi impresión es que no ha hecho una ronda masiva de prensa en medios generalistas muy recientes, pero aparece en espacios más nicho y en eventos con la comunidad de fans, lo cual me parece coherente con alguien que valora dónde invierte su tiempo y energía.
Ver al reparto reunido siempre me anima y me trae recuerdos de la infancia; esos reencuentros tienen una vibra muy cálida. He visto a Jeff Cohen en varias ocasiones formando parte de encuentros y convenciones relacionadas con «Los Goonies», aunque no es alguien que aparezca en todo evento cada año. Él suele participar en paneles, charlas y proyecciones especiales cuando la ocasión lo amerita, y muchas veces va acompañado de otros compañeros del elenco, lo que convierte la reunión en algo realmente especial.
Es evidente que Jeff ya no vive exclusivamente en el mundo de la actuación, así que sus apariciones son seleccionadas: hay eventos grandes de aniversario, convenciones de fans y ocasiones benéficas donde ha acudido. Personalmente me gusta cuando aparece porque siempre aporta anécdotas divertidas sobre el rodaje y mantiene el cariño por la película. En definitiva, sí participa, pero de forma puntual y con una actitud muy cercana hacia los fans.
Siempre me ha divertido seguir las trayectorias de los chicos de las películas de los ochenta, y Jeff Cohen no es la excepción: además de su papel inolvidable en «The Goonies», participó en varias otras producciones durante su etapa como actor infantil y adolescente.
No fue una carrera centrada en papeles protagonistas masivos después de «The Goonies», pero sí tuvo apariciones en filmes y sobre todo en series de televisión a lo largo de los años ochenta y principios de los noventa. Luego su vida dio un giro: dejó la actuación para formarse en otra área dentro del mundo del entretenimiento, trabajando lejos de las cámaras. Aun así, lo verás en convenciones, entrevistas y reunions donde habla con cariño de aquel clásico. Personalmente me parece admirable cómo llevó una fama temprana hacia una carrera sólida fuera del foco, manteniendo siempre una conexión afectiva con la película que lo lanzó.
Ver esa transición me recuerda por qué me gustan tanto las historias de los que crecieron en el cine: no siempre terminan siendo estrellas, pero muchas veces encuentran una forma de seguir vinculados a lo que aman.