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Yerno
Forense
Estudiante Pobre
Sumiso/a en el Amor
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Supermacho paranoico
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Trama y ambientación

52
Todo
Reconquista Desesperada
Arrepentirse
Dejar en ridículo
Cuenta Regresiva
Infidelidad
Matrimonio
Venganza
18+
Seducción
Karma
Castigo al Infiel
Liarse con alguien
Drama Familiar Total
Drama Familiar
Despertar
Encuentro Amoroso
Fingimientio de Muerte
Ambiente Laboral
Desarrollo Femenino
Embarazo
Persecución por Amor
Amor Prohibido
Sistema
Reconciliación
Redención
Origen de Familia
Diferencia de Edad
Acoso
Matrimonio por Sustitución
Crimen
Crush Mutuo
Viaje en el Tiempo
Dentro de la Novela
Telepatía
Matrimonio por Contrato
Aventura
Vida Escolar/Campus
Transmisión en Vivo
Amor Forzado
Descubrimiento de una Infidelidad
Apocalipsis
Solidaridad
Amigas Divorciadas
Desafiar Destino
Maldición
Matrimonio antes del Enamoramiento
Mundo del Entretenimiento
Romance Fantástico
Ventaja Especial
amado/a por todos
Misterio/Detective
Escape de la Boda
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Tema

21
Todo
Giro Inesperado
Romance Amargo
Satisfacción/Poder
Melodramático
Renacido
Pasional
De Perdedor a Ganador
Lazo Familiar
historia de la muerte
Dulce Romance
Dulce y Doloroso
Obsesivo
Inspirador
Sanador
Crush
Comedia
Bizarro/Peculiar
Múltiples Perspectivas
Complejo/Intrigante
Enfermizo/Retorcido
Apasionante
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Historias cortas y novelas de Independiente Mafia

Descubre una colección de cautivadoras historias cortas de Independiente Mafia, con tramas atrapantes y una narración envolvente. Perfectas para quienes buscan historias de una hora y lecturas rápidas e inmersivas online.
Sin vuelta atrás - Mafia novela & novela
Soda
Mi esposo era un hombre de emociones intensas. Para mantener contenta a su hermana adoptiva, le asignaba millones cada año para que los gastara en lujos. Se preocupaba por su bienestar. Cada noche se sentaba a su lado, asegurándose de que se calmara. Luego, cuando me dispararon y estaba sangrando abundantemente, necesitando atención médica inmediata, él permaneció completamente indiferente. En cambio, envió a todo el equipo médico a atender a su angustiada hermana adoptiva. Usé las pocas fuerzas que me quedaban para llamar a mi esposo. La llamada se conectó. Su voz, teñida de irritación, respondió: —¿Qué pasa ahora? Estás bien, perfectamente saludable. ¿Por qué necesitarías un doctor? —Escucha, Sofía me necesita. Los recursos médicos de nuestra familia son limitados. Para cosas menores, simplemente aguanta. Mi corazón se hundió, como si se hubiera convertido en hielo. Él realmente era un hombre de emociones intensas. Solo que la persona por la que de verdad se preocupaba nunca había sido yo.
Mi querido prometido, ahora es mi turno de jugar el juego peligroso - Mafia novela & novela
Shirley
La noche de nuestra fiesta de compromiso, encontré a mi mejor amiga jugando un juego peligroso con mi prometido. El casino del yate privado de nuestra familia fue donde los encontré. Clara estaba sentada en el regazo de mi prometido, Killian, el heredero de la familia Falcone. Killian sostenía una afilada daga de la familia, cuya punta enganchaba el delgado tirante de su vestido. La hoja trazó un camino a lo largo de su clavícula. La más mínima presión rompería la seda. Era una peligrosa e íntima escena. Di un paso adelante con el ceño fruncido, pero Killian solo se burló. —Es solo un pequeño juego para animar las cosas, «Principessa». No te pongas tan tensa. Los ojos de Clara se entrecerraron, y su voz destilaba una falsa dulzura. —Solo estamos jugando a un juego tradicional de la familia. El juego del cuchillo. No te molesta, ¿verdad, dulzura? Estaba a punto de hablar, pero la expresión de Killian se endureció. —Acabamos de comprometernos, ¿y ya estás intentando controlarme? Así que no dije nada. Simplemente saqué mi pistola personalizada de la funda en mi muslo. —Así que es un juego —dije—. Entonces juguemos por algo real.
Esa Mirada Fue Suficiente - Mafia novela & novela
Fuego Flamengo
En la reunión familiar, mi esposo, el Don de la mafia, le dirigió apenas una mirada a su secretaria. Eso bastó para que me diera la vuelta y me fui, cancelé la celebración de nuestro aniversario de bodas y decidí que ya había terminado con él, por lo que me apresuré a firmar los papeles de divorcio que había preparado hacía mucho tiempo. Cuando Matteo Santoro vio el acuerdo, me llamó de inmediato, con la voz tensa, por la furia apenas contenida. —¿Qué intentas hacer esta vez? ¿De verdad es solo por haber mirado a Elena? —Sí —respondí—. Porque la miraste.
Divorciados en secreto: El despiadado Don suplica demasiado tarde - Mafia novela & novela
Echo
Cinco años después de mi matrimonio con el Don, Ives Moretti, me dejó a mi suerte para morir durante un tiroteo, todo para poner a salvo a su amante, Isabella. Desperté tres días después en la habitación de un hospital privado. Sin disculpas. Ives se mostró frío. —Eres mi esposa. Conocías los riesgos. Deja de ser tan dramática —luego, añadió—: Isabella es diferente. Es frágil. Ella me necesitaba. A aquello le siguieron tres meses de la ley del hielo. Como siempre, él esperaba que yo fuera la que cediera, la que regresara gateando suplicando perdón. Tres meses después, le entregué el trato con los irlandeses a Isabella en bandeja de plata. El gran negocio que yo misma había pasado medio año construyendo. Ives pensó que era una ofrenda de paz. Sonrió, algo raro y genuino en él estos días. —Sabía que entrarías en razón. Como recompensa, iremos a Las Vegas. Sé que siempre has querido ir. Al día siguiente, Isabella se quejó de estar aburrida y él rompió su promesa. Se la llevó a ella a Las Vegas en su lugar. Me dijo que era un "asunto familiar urgente". Esta vez, no lloré. No hice una escena. Ives estaba complacido de que yo fuera tan comprensiva. No tenía idea de que yo ya estaba cortando todos los lazos con la familia Moretti. Que él ya había firmado los papeles del divorcio sin saberlo. Yo era libre.
Ya no más la esposa secreta del Don - Mafia novela & novela
Liora Z
Me casé en secreto con Don Matteo. Cada vez que se acostaba con su amor de la infancia, me prometía una boda de verdad, frente a las Cinco Familias. Durante cinco años, Matteo me lo prometió noventa y nueve veces. Y noventa y nueve veces, me dejó plantada en el altar. La primera vez, el gato de exposición premiado de Cecilia murió. Para consolarla, pospuso la boda por tres meses. Yo me quedé sola en el altar, con los ojos enrojecidos, intentando calmar a los ancianos de la familia. La segunda vez, Cecilia hizo un berrinche en un casino y destrozó un jarrón antiguo valorado en cien millones. Él desvió el jet privado destinado a la boda y voló toda la noche para ir a arreglar su desastre. Y así cada vez, justo antes de nuestra boda, su amor de la infancia tenía algún tipo de emergencia. Yo lloré. Grité. Incluso llegué a apuntarle con un arma a la cabeza. Pero Matteo solo me empujaba contra la pared y me hacía callar con un beso frío y rudo. —Ella es solo un polvo. Tú eres la señora Falcone. Ten un poco de maldita clase. Después de la vez número noventa y nueve, finalmente me harté. Deslicé los papeles sobre la mesa. La tinta aún estaba fresca, con el sello de la familia Falcone estampado al final. —Nuestro matrimonio, nuestra alianza… se terminó.
Déjame y cría a su bebé - Mafia novela & novela
Lía Vallejo
Mi esposo, Cesare Ferrante, el Don más temido de la familia, siempre había detestado a los niños. Pero todo dio un giro cuando mi hermanastra, Bianca Moretti, se instaló en la casa de al lado con su bebé de seis meses. De pronto, mi esposo se obsesionó con ese niño. Él mismo le preparaba los biberones, le cantaba canciones de cuna y lo llevaba a todas partes. Cada día regresaba a casa agotado al amanecer, pero su cara brillaba de alegría, como si ese bebé ocupara toda su alma. Me volví invisible para él. Hace tres días, un auto me cerró el paso y me sacó de la carretera hasta que terminé estampada contra la mediana. Sentía la sangre caliente escurriéndome por la frente mientras la vista se me nublaba. Desesperada, llamé a Cesare cincuenta y cinco veces. No se dignó a contestar ni una sola vez. En su lugar, prefirió presumir una foto del bebé en sus redes: "¡Mi angelito sonrió hoy!" No aguanté más. Esta noche, en el banquete familiar, con todos los miembros de la familia sentados a la mesa, levanté mi último brindis y posé la copa. —Quiero el divorcio. El silencio fue instantáneo. Todos se quedaron de piedra. —¿Te volviste loca? —gritaron mis padres al mismo tiempo. Cesare me apretó la muñeca, sin poder creerlo. —Giulia, ¿hablas en serio? ¿Me pides el divorcio solo porque estaba pendiente del bebé y no te contesté? ¿Vas a armar este lío por celos de un niño de seis meses? No le sostuve la mirada. En su lugar, me quedé fija viendo la marca de un beso, clara y reciente, detrás de su oreja. —Como amas tanto a ese niño —dije con calma—, te lo voy a poner fácil. Ve a ser su padre.
Después de que ella se robara mi anillo, me casé con el rival del Don - Mafia novela & novela
Liora Z
En el taller privado de joyería de la familia Gallo. El anillo de bodas que había esperado durante seis meses estaba en el dedo de otra mujer. En la mano de Gia. Ella era una supermodelo internacional con la que mi prometido, el Don de la familia Gallo, estaba teniendo una aventura. El director del taller estaba a un lado, con el sudor frío empapándole la espalda mientras miraba a Maximo en el sofá. Maximo se levantó. Tomó la mano de Gia, alzándola hacia la luz para admirar el anillo; su tono de voz no dejaba espacio para alguna discusión. —Ella va a desfilar la próxima semana en un gran show en París. Necesita esto para causar una buena impresión en la escena de la alta costura. La bóveda de la familia está llena de joyas. Elige otra cosa. No seas dramática. Bajo las luces intensas, Gia se admiraba en el espejo, su sonrisa era altiva y triunfante. Miré mi propio reflejo. Suéter de cachemira y jeans. Yo no pertenecía a ese lugar. Esta boda, que llevaba un año en preparación, de repente se sentía como una broma. No estaba molesta. Simplemente cancelé, de paso, el vestido de novia a medida que había encargado. —Maximo. Las otras joyas están perfectamente bien. Así que no me voy a casar.
Cuatro Regalos de Despedida, Don Falcone - Mafia novela & novela
Peachy
Yo era la principal consigliere de la familia Falcone. Su cerebro. Y hoy me marchaba —entregando los libros de cada negocio legítimo que había manejado, cortando mi último vínculo. Mi protegido no podía entenderlo. —Eres el futuro de esta familia, Aurelia. No puedes simplemente irte. Sacudí la cabeza con una sonrisa amarga. No sabían. Llevaba tres años casada en secreto con el Don, Vittorio Falcone. Pensé que mi apariencia, mi inteligencia y todo lo que le di serían suficientes para ganarme todo su amor. Un ataque en los muelles tres meses atrás me mostró la verdad. Me alcanzó una bala. Era una emergencia. Necesitaba al cirujano de la familia —lo cual requería una orden directa de Vittorio. Lo llamé más de una docena de veces. Pero cuando por fin contestó, lo único que escuché fue una voz suave y sin aliento al otro lado. —Vittorio, todavía no hemos cortado mi pastel de cumpleaños. ¿Me darías la mano para cortarlo juntos? Esa voz. Mi mejor amiga. La mujer de la que Vittorio alguna vez estuvo enamorado. Carina. En la casa de seguridad, debilitada por la pérdida de sangre, me saqué la bala yo misma y le pedí a uno de mis hombres que me llevara a toda prisa a una clínica de la familia. Justo antes de que me entraran al quirófano, Vittorio irrumpió cargando a Carina. Tobillo torcido. Necesitaba un médico. Urgente. Mi cirujano fue arrastrado fuera. Los antibióticos llegaron demasiado tarde. La herida se infectó. Luché por mi vida durante una semana. Cuando desperté, miré mi teléfono fijamente. Ni un solo mensaje. Las lágrimas llegaron solas. Comprendí. Yo era simplemente la mujer con la que él se había visto obligado a casarse después de que lo drogaron y terminó acostándose conmigo. Un escándalo evitado. Lo único que le importaba era mi utilidad y su reputación. ¿Y yo? La princesa secreta de la familia Rossi, que lo sacrificó todo para construir su imperio. Todo para nada. Así que preparé cuatro regalos de despedida. Una celebración de nuestra destrucción mutua. Después de eso, jamás volvería a verme.
La Principessa de la IA - Mafia novela & novela
Fuego Flamengo
En mi vida pasada, una familia común me adoptó. A mi hermana menor, Regina Capasso, la acogió un Don de la mafia, y se convirtió en la Principessa de la familia mafiosa más poderosa de Etalia. Inesperadamente, el Don expulsó a Regina al tercer año de haberla adoptado. La familia la obligó a vagar por la calle como indigente hasta el día en que murió de forma terrible. Yo, en cambio, entré a una universidad prestigiosa gracias a mis buenas calificaciones. Después, continué mis estudios con mi hermano adoptivo mayor, Dario Bivona. Con mucho esfuerzo, terminé por convertirme en la nueva estrella de la industria de la IA, solicitada por todos. Con la bendición de mis padres adoptivos, Dario y yo nos casamos y tuvimos hijos. Mi vida era feliz y pacífica. Cuando recibimos una segunda oportunidad de vivir la misma vida, Regina tomó una decisión distinta. Se lanzó a los brazos de Dario y comenzó a tratarlo con mucha dulzura. Luego, tomó de la mano a mis antiguos padres adoptivos mientras me miraba con regodeo. —Livia, tú quédate con el puesto de Principessa de la mafia. Yo no estoy hecha para esa vida. Miré a Dario expectante, con la esperanza de que dijera algo en mi defensa. Pero él puso a Regina detrás de sí y me fulminó con la mirada. —Aléjate de mi hermana. Al final, caminé despacio hacia el Rolls-Royce bajo la mirada triunfal de Regina.
Descubrí el Fraude de mi Matrimonio - Mafia novela & novela
Eternity
Cuando Adriano Morelli se dio cuenta de que no le había pedido ni un centavo para los gastos de la casa, me llamó por primera vez en meses. —Serafina — dijo, con esa voz suave y paciente que usaba para dominarme —. Ya arreglé lo de la clínica. Estás en prioridad de nuevo. ¿Lo ves? Cuando dejas de complicar las cosas y aprendes cómo funciona esta familia, yo me encargo de que estés bien. Siempre sonaba más amable cuando me recordaba quién tenía el poder. Lo que él no sabía era que, para cuando su nombre iluminó mi pantalla, los documentos de divorcio ya estaban redactados. A los ojos del mundo, lo tenía todo: un penthouse vigilado, chofer personal y ropa de diseñador. Pero, sobre todo, tenía el apellido del hombre más temido de la ciudad. Sin embargo, nada me pertenecía. Cada centavo de las tarjetas estaba monitoreado y el efectivo debía ser aprobado. El personal no se movía sin la venia de Viviana Costa; sus órdenes siempre iban antes que las mías. Mi presupuesto, mi agenda y hasta el acceso a la oficina de la familia... todo pasaba por sus manos. Adriano lo llamaba conveniencia. Tres días antes, me habían llevado de urgencia a una clínica privada. La sangre empapaba mi vestido mientras un médico me explicaba que aún había posibilidades de salvar al bebé, siempre y cuando se pagara el depósito de emergencia. Llamé a Adriano hasta que me temblaron las manos. Viviana atrasó la transferencia. Primero dijo que no tenía autorización; luego, que el monto era demasiado alto; después, que Adriano estaba en una reunión y no se le podía interrumpir por algo que tal vez no fuera grave. Para cuando el dinero llegó, ya era tarde. Había perdido a mi bebé. Me quedé con Adriano por dos razones: lo amaba y creía que me elegiría por encima de todo. Me equivoqué en ambas. Nuestro hijo murió primero. Mi matrimonio murió con él.
La Donación de Esperma Que Lamentó - Mafia novela & novela
Ferrari
En el momento en que descubrí que estaba embarazada, me llegó una notificación de Twitter al celular. Era un tuit de Teresa Fiorino, la amiga de toda la vida de mi esposo, Don Romano Caliendo. "Gracias a tu esperma, podré tener un hijo mío en la última etapa de mi vida." La foto que acompañaba el mensaje era una prueba de embarazo donde quedaba clarísimo que el donante era Romano. Dejé un simple signo de interrogación en los comentarios. Ni treinta segundos habían pasado cuando mi teléfono empezó a sonar sin parar. La voz furiosa de Romano explotó del otro lado de la llamada. Solo lo había escuchado hablar así cuando perdía la paciencia con alguien durante las reuniones de la familia. —¿Qué demonios quisiste decir con ese comentario, Selene Grado? ¡Teresa se está muriendo de cáncer! ¡Lo único que quiere es tener un bebé que la acompañe antes de morir! ¿De verdad no puedes sentir un poco de compasión por ella? Antes de que pudiera siquiera bajar el teléfono, Twitter volvió a actualizarse. Esta vez, Teresa había subido otra foto. Era un departamento de lujo impresionante, con enormes ventanales que dejaban ver la vista nocturna de Brindleport. El pie de foto decía: “Gracias por darme un hogar para que no me sienta sola en mis últimos días.” En una esquina de la imagen, Romano aparecía agachado en el suelo armando una cuna para bebé. Su perfil reflejaba toda la concentración que tenía puesta en eso. Mientras me limpiaba las lágrimas, acaricié en silencio mi vientre todavía plano. “Te voy a sacar de aquí… muy, muy lejos, mi bebé”, pensé.
Se Casó por Un Reto y Me Perdió - Mafia novela & novela
Araceli Martínez Gallardo Prieto
Después de que Seraphina perdió en un juego de verdad o reto, mi prometido fue al Registro Civil y se casó con ella. Lo llamé cuarenta y siete veces. Al final, la única respuesta que recibí fue una captura de la historia de Instagram de Seraphina. En la foto, Seraphina y Vincenzo Ferraro mostraban un acta de matrimonio recién expedida. Ella sonreía como si hubiera ganado. Él llevaba la camisa blanca que yo le había planchado esa misma mañana y le pellizcaba la mejilla como si aquello fuera lo más normal del mundo. Un minuto después, Vincenzo me llamó. —Elena, no hagas esto más grande de lo que es. Fue solo un juego. Dame treinta días. En cuanto me divorcie de ella, nos casamos como lo habíamos planeado. Creyó que iba a perdonarlo, como siempre lo había hecho durante los últimos tres años. Pero esta vez no lloré. No hice ningún escándalo. Solo le di "me gusta" a la historia de Seraphina y le respondí: "Felicidades". Fui a nuestro departamento a dejarle el anillo de compromiso y después desaparecí de Ciudad Aurelia. Él creyó que solo era un arranque mío. Solo cuando ya no pudo comunicarse conmigo y su gente me buscó por toda la ciudad sin encontrarme, por fin entró en pánico. Pero él no tenía idea: la Elena que lo amaba murió en el momento en que se casó con otra mujer.
Le Enseñé a Decirle Adiós a Su Padre - Mafia novela & novela
Summer
Después de descubrir que mi esposo, Leonardo Marchetti, no lograba olvidar a su primer amor, empecé a enseñarle a nuestra hija Sofia a llamarlo “tío Leonardo”. Un día, Sofia se torció el tobillo en la escuela. En plena madrugada, Leonardo recibió una llamada: era Valentina quien lloraba al otro lado de la línea porque su hija, Lily, había tenido una pesadilla y no paraba de gritar que quería un padre. Leonardo se fue sin decir una palabra. Mientras le ponía una compresa de hielo en el tobillo hinchado a Sofia, le susurré: —Di “Adiós, tío Leonardo”. Leonardo prometió ir al día deportivo de la escuela de Sofia. Entonces llamó Valentina, sollozando que Lily no tenía un padre que corriera con ella la carrera de tres piernas. Él se largó sin pensarlo dos veces. En esa ocasión, solo le pasé el celular a Sofia y le dije que avisara a su maestra: —El tío Leonardo dice que no va a poder venir. Cada vez que pasaba, Sofia dudaba. No entendía por qué la obligaba a hacer eso. Hasta que, un día, Leonardo por fin se dio cuenta de lo mucho que nos había fallado. Dejó de lado todos sus asuntos de la mafia para asistir al recital de piano de Sofia y juró que no se lo perdería. Sofia esperaba tras bambalinas con los demás niños. Entonces vibró el celular de Leonardo. Era Valentina. No alcancé a escuchar lo que dijo, pero podía adivinarlo. Lily lloraba. Lily lo necesitaba. Lily no tenía padre. Leonardo regresó a donde yo estaba. Pero antes de que pudiera empezar con sus excusas, Sofia habló desde el escenario. —Está bien, tío Leonardo. Ve a cuidar a tu otra hija. Con que mamá se quede aquí a verme es suficiente.
Su trampa perfecta - Mafia novela & novela
Peachy
Bianca y yo compartimos los mismos gustos. El problema es que ella codicia a cada hombre que entra en mi vida. Asegura que soy una ingenua, que no entiendo cómo funciona la mente de los poderosos. Disfraza su veneno con la farsa de que solo los «pone a prueba» por mi propio bien. Dice que me protege, pero el juego siempre termina igual: ella en la cama de mi novio. Y luego, el golpe de gracia en la cara: —¿Lo ves? Te lo advertí. No sirves para este mundo. Estos hombres son tiburones, y si no fuera por mí, ya te habrían devorado viva. Me tragué la rabia. Guardé un silencio absoluto. Esta vez, decidí jugar mis cartas en las sombras. Busqué al mismísimo rey del imperio criminal de Nueva York. Cuando ella descubrió mi rastro, mordió el anzuelo de inmediato. Pobre infeliz. No tiene la menor idea de la realidad. Ese capo no es mi trofeo. Es la trampa mortal que preparé para verla caer.
Del ex millonario al Don de la Mafia - Mafia novela & novela
Peachy
En Sicilia, de donde vengo, existe una regla: si no me caso antes de cumplir los treinta, debo regresar para contraer un matrimonio arreglado. Cuando se lo conté a mi novio, Jax, se burló. —¿Tu pueblo sigue viviendo en la Edad Media o qué? ¿Un matrimonio arreglado? Alessia, ya te dije que me casaré contigo. Deja de montar este drama patético para presionarme. Luego sacó un anillo de rubí rojo sangre de paloma y, con total indiferencia, se lo lanzó a su asistente personal, Bianca. Ella lo atrapó y se sonrojó. —Iba a pedirte matrimonio esta noche. Pero, como estás tan desesperada, creo que los dos necesitamos calmarnos un poco. Era el anillo que llevaba años esperando. Simplemente se lo lanzó a otra mujer. Sentí que el corazón se me congelaba. Jax salió de mi oficina con una sonrisa arrogante, claramente satisfecho. Bianca me tendió el anillo. Ni siquiera me molesté en mirarlo. —Quédatelo. Después de todo, es de tu talla, ¿verdad? Su rostro palideció. La empujé hasta la puerta. Justo antes de cerrarla de un portazo, le dije: —Dile a tu jefe que entre nosotros todo terminó. Lo que él no sabía era que quienes insistían en casarme eran los ancianos de la Cosa Nostra encabezados por el Padrino más despiadado de Sicilia. Y que el matrimonio que habían concertado para mí era con el Don de las Cinco Familias de Norteamérica.
El símbolo sexual que el Don nunca podrá tener - Mafia novela & novela
Peachy
Mi figura siempre atrae miradas adondequiera que vaya. Mis ojos, intensos y penetrantes, tienen esa extraña capacidad de desarmar a cualquiera que se cruce en mi camino. En Hollywood me consideran uno de los mayores símbolos de belleza y sensualidad. Sin embargo, después de cinco años viviendo en esta ciudad, ningún productor se ha atrevido siquiera a acercarse a mí. La razón es simple: el hombre que comparte mi cama es Don Vincenzo, el jefe más temido y despiadado de la mafia de Nueva York. Pasé siete años a su lado y, durante todo ese tiempo, me hizo creer que era especial. Después de cada encuentro, cuando por fin recuperábamos el aliento, me envolvía entre sus brazos, me besaba con devoción absoluta y me llevaba al baño para borrar con delicadeza cualquier rastro de la pasión que acabábamos de compartir. ¡Qué ingenua fui al pensar que sería la única mujer de su vida y que algún día llegaría a ser su Donna! Todo cambió la noche de mi cumpleaños número veintiocho. Después de la cena familiar, lo escuché hablar de mí y reírse con uno de sus hombres de confianza. —Chloe sirve para pasar el rato, pero mi Donna tiene que ser alguien diferente. En ese instante, arranqué de mi pecho el corazón frágil que había creído en cada una de sus promesas y decidí convertirme en lo que él, aparentemente, deseaba: una amante perfecta, una mujer interesada únicamente en su dinero. Pero, para mi sorpresa, ni siquiera eso fue suficiente para Vincenzo. Sus ojos oscuros y penetrantes se clavaron en los míos. —¿De verdad no quieres nada más de mí, además de un penthouse en Manhattan? Deslicé suavemente los brazos alrededor de su cuello y fingí sorpresa. —¿Me estás diciendo que también puedo pedirte un Ferrari?
Siete días para decir adiós - Mafia novela & novela
uni
Tenía tres meses de embarazo cuando ocurrió el accidente automovilístico. En esos últimos instantes, mientras mi conciencia se desvanecía, marqué desesperadamente a la línea privada y encriptada de Damian, aquella reservada solo para emergencias. Él nunca contestó. Para cuando me llevaron de urgencia al quirófano, recibí un golpe devastador: Damian había reasignado por la fuerza a mi médico privado principal al Distrito Sur. Necesitaba al mejor doctor para atender a su amor de la infancia, Evelyn, quien acababa de enviudar. Cuando por fin desperté, envuelta en una neblina de agonía, mis dedos temblorosos deslizaron la pantalla y abrieron Instagram. Vi la publicación más reciente de Evelyn: «Sabía que, sin importar la distancia ni el tiempo, Damian movería cielo y tierra para llegar hasta mí. Incluso trajo a su Médico Jefe solo para ayudarme a sanar de mi dolor». En la foto que acompañaba el texto, Damian —un hombre conocido por sus ojos fríos y letales— miraba a la mujer a su lado con una ternura que yo no había visto en años. Mientras yo me aferraba a la vida al borde de la muerte, luchando por salvar a nuestro hijo, mi esposo jugaba a ser el protector de otra mujer embarazada. Una risa hueca y llena de burla hacia mí misma escapó de mis labios. Sin pensarlo dos veces, deslicé la alianza de bodas fuera de mi dedo anular. Abrí mi bandeja de entrada y presioné «Confirmar» en la invitación del Instituto Internacional de Finanzas más elitista del mundo. Si Evelyn es lo único que le importa, entonces les daré mi bendición. En siete días, desapareceré de su mundo para siempre… y me llevaré a mi bebé conmigo.
Extorsión al hombre equivocado: su Don. - Mafia novela & novela
Peachy
Esa camarera VIP, nueva en el club, insistía siempre en que fuera yo quien la atendiera. Como era buena para el negocio, no le di demasiada importancia. Sin embargo, un fin de semana, alrededor de las dos de la madrugada, mientras descansaba en la cama de mi penthouse, me llamó y comenzó a darme órdenes a los gritos. —Estoy en la suite «Paraíso». Sube ahora mismo con una botella y atiéndeme como corresponde. Tuve que aguantarme la risa. Esa mujer actuaba de una forma realmente absurda. —Son las dos de la mañana. ¿Me estás ordenando qué hacer? No soy tu guardaespaldas ni tu proveedor personal. Ella resopló con una voz que destilaba arrogancia. —Mi primo es el gerente del club. Deberías sentirte honrado de atenderme. Ah, y por cierto, aún no has pagado la tarifa de protección de este mes. Más te vale moverte y venir ya, o le diré a mi primo que te arroje al río Chicago. Vaya. Parecía ignorar un detalle bastante importante: todos los muelles del río Chicago, sin excepción, me pertenecían.
La Falsa Demencia de la Donna - Mafia novela & novela
Echo
Durante tres años fui la Donna de los Valenti, una familia que no dejaba de ganar poder. Un día, Enzo se reunió en un club privado de puros. Como me preocupaban sus problemas de estómago, fui a llevarle sus antiácidos de siempre. Me quedé afuera del salón privado y escuché reír a sus hombres. —Don Enzo, ¿de verdad va a seguir escondiendo a Clara en la mansión de Lago Plateado toda la vida? —Esa heredera Moretti, la loca de la casa principal, sigue paseándose como si fuera la Donna de la familia Valenti. Enzo se masajeó el puente de la nariz. —Si no se hubiera llevado un balazo en la cabeza por salvarme ni perdido la razón, y de no haber necesitado yo con tanta urgencia el dinero de su familia, jamás me habría involucrado con una mujer ajena a esta vida. Suspiró con desprecio antes de sentenciar con frialdad: —Pero Clara es mi esposa legal. El fideicomiso familiar y el acta de matrimonio del registro civil están a su nombre. Stella no es más que un juguete que tengo guardado en la casa principal. En cuanto Clara dé a luz a un heredero, la traeré a casa para siempre. Apreté la caja de antiácidos hasta que mis nudillos palidecieron; el cartón se arrugó en mi mano. En la iglesia, él había intercambiado conmigo juramentos de sangre y anillos, pero fue Clara quien firmó los papeles en el registro civil. Me tomó por estúpida con tal de proteger la reputación de esa mujer. Apretando la caja contra mi pecho, di media vuelta y volví a perderme entre las sombras. Él no tenía ni idea de que yo había recuperado la cordura hacía tres días. Jamás se imaginaría que ya le había enviado un mensaje cifrado a mi hermano, quien dirigía un imperio empresarial desde nuestro hogar en Solaria, al otro lado del océano. Estaba harta de cargar con ese maldito título de los Valenti.
Así que hui con mis gemelos - Mafia novela & novela
Bagel
El día que el primer amor de mi esposo dio a luz en su lecho de muerte, mi suegro —el señor de la familia Lupo— puso a diez hombres armados frente a mi puerta. Tenían miedo de mí; les aterrorizaba que yo perdiera la cabeza, irrumpiera en la sala de partos y arruinara el nacimiento del primer heredero de la familia. Pero jamás me acerqué a la salida, ni siquiera cuando los llantos del recién nacido resonaron por todo el pasillo. Mientras tanto, la madre de Luca sostenía con fuerza la mano de la mujer en la cama del hospital, dejando escapar un largo suspiro de alivio. —Bianca, ya pasó. Esa estéril de Stella no te tocará ni a ti ni a mi nieto. Luca se inclinó hacia ella y limpió con delicadeza el sudor frío de su frente. Sus ojos desbordaban una ternura que él jamás tuvo conmigo. —No te preocupes. Mi padre ordenó cerrar todo el hospital con sus hombres. Si ella se atreve a armar un escándalo, yo mismo me encargaré de echarla de la familia y quitarle el apellido. Solo cuando confirmaron que yo no aparecería para causar problemas, él se relajó por completo. Luca no lo entendía. Desde su perspectiva, solo estaba saldando una deuda: dándole un hijo a una mujer moribunda para cumplir su último deseo. ¿Por qué yo no podía ser lo suficientemente madura para aceptarlo? ¿Por qué no lograba entenderlo? Una sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios al mirar al bebé envuelto en mantas. Incluso llegó a pensar que, si yo simplemente tragaba mi orgullo, admitía mi error y mostraba un poco de piedad hacia Bianca, él perdonaría mi frialdad. Me lo compensaría permitiéndome ser la madre adoptiva del niño y dejándome seguir siendo su esposa ante el mundo. Pero lo que él no sabía era que yo ya había firmado los papeles de divorcio. En una semana, cortaría todo lazo con ellos, me llevaría a los gemelos que crecían en mi vientre y me marcharía para siempre. Jamás nos volveríamos a ver, ni en esta vida ni en la otra.
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