Novels
Short Stories

Genres

All
Romance
Drama Realista
Hombres Lobo
Mafia
MM Romance
Vampiro
Mitología
Fantasía
Vida Escolar/Campus
Imaginación
Reencarnación
caprichoso
Misterio/Suspenso
Leyenda Popular
POV masculino

Characters

51
All
Egoísta
Independiente
Mujer Poderosa
Amante
Mafia
Alfa
Canalla (Hombre)
Psicópata
POV masculino
Amigos de la Infancia
CEO/Magnate
Hipócrita
Primer Amor
Rompehogares
Luna
Mujer Casada Joven
Sin Sentimientos
Compañero
La más Popular
Heredera Verdadera/Falsa
Doble Reencarnación
Amor Incondicional
Mejor Amiga
Excéntrico/a
Vampiro
Escoria
Doctor/a
Diosa/Idol
Calculador/a
Protagonista Animal
Canalla (Mujer)
Secretario/a
Vecindario
Identidades Múltiples
Obsesionado/a con el Amor
Íncubo
Sustituto/a
Niñera/Nodriza
niño
Profesor
Hombre Bestia
Elfo
Tierno pero posesivo
Yerno
Forense
Estudiante Pobre
Sumiso/a en el Amor
Piloto
Supermacho paranoico
Celebridad
Influencer
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Plot & Setting

53
Reconquista Desesperada×
All
Reconquista Desesperada
Arrepentirse
Dejar en ridículo
Cuenta Regresiva
Matrimonio
Infidelidad
Liarse con alguien
Seducción
18+
Encuentro Amoroso
Venganza
Karma
Drama Familiar Total
Drama Familiar
Castigo al Infiel
Despertar
Persecución por Amor
Fingimientio de Muerte
Desarrollo Femenino
Ambiente Laboral
Embarazo
Sistema
Amor Prohibido
Origen de Familia
Reconciliación
Redención
Acoso
Diferencia de Edad
Vida Escolar/Campus
Crimen
Matrimonio por Sustitución
Transmisión en Vivo
Telepatía
Crush Mutuo
Viaje en el Tiempo
Dentro de la Novela
Matrimonio por Contrato
Aventura
Apocalipsis
Amor Forzado
Descubrimiento de una Infidelidad
Desafiar Destino
Solidaridad
Amigas Divorciadas
Maldición
Matrimonio antes del Enamoramiento
Mundo del Entretenimiento
Romance Fantástico
Ventaja Especial
Superpoderes
amado/a por todos
Misterio/Detective
Escape de la Boda
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Themes

20
Romance Amargo×
All
Giro Inesperado
Romance Amargo
Satisfacción/Poder
Melodramático
Renacido
De Perdedor a Ganador
Lazo Familiar
historia de la muerte
Dulce Romance
Dulce y Doloroso
Obsesivo
Inspirador
Crush
Sanador
Múltiples Perspectivas
Comedia
Bizarro/Peculiar
Complejo/Intrigante
Enfermizo/Retorcido
Apasionante
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Romance Amargo Reconquista Desesperada Short Stories & Novels

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Me Arranqué la Marca del Alfa - undefined novels & stories
Shenny
Hace media hora, mi compañero destinado finalmente se me propuso; celebraríamos una gran ceremonia de emparejamiento en medio mes. El momento que había esperado durante diez años finalmente había llegado. Pero justo en este momento, sucedió. Mi Alfa estaba sosteniendo a otra mujer mientras sus dedos acariciaban su piel. Su voz era suave, casi de adoración al hablarle. —Me arrepiento de todo. Si me quieres de vuelta, romperé el vínculo de compañeros con ella. Él no tenía ni idea de que lo estaba observando desde fuera de la ventana; estaba tan absorto en esa mujer que ni siquiera percibió mi olor. Justo en ese momento, lo comprendí: nuestro vínculo de compañeros, nuestros diez años juntos, pasaron por mi mente. Envié un enlace mental a mi madre y le dije que iba a romper el vínculo de compañeros con Mike. Luego volvería a la manada Deep Blue para dirigirla por mi cuenta. Mike nunca sabría que nuestra ceremonia de emparejamiento sería el día que me vaya.
Es hora de irme - undefined novels & stories
Raquel Valenzuela
Juan Shaw era el jefe de cirugía cardiotorácica más joven de Ciudad Puerto. Todos decían que tenía las manos más firmes y también que era el más insensible. Sin embargo, yo sabía que no era incapaz de mostrar ternura; ocurría que, simplemente, esa dulzura jamás estuvo destinada a mí. Al día siguiente de nuestro compromiso, mi padre sufrió un derrame cerebral repentino y lo ingresaron de emergencia. La enfermera me explicó que, por tratarse de un procedimiento de alto riesgo, necesitaba la firma de dos familiares directos en el formulario de consentimiento. Llamé a Juan enseguida; el teléfono sonó durante un largo rato antes de que atendiera. Al otro lado, se oían los débiles sollozos de una mujer. Era su exnovia, Whitney Jackson. —Whitney tiene una crisis de ansiedad y la estoy acompañando —murmuró Juan—. Pídeles en el hospital que inicien el tratamiento de emergencia primero. Apreté el bolígrafo hasta que los nudillos se me pusieron blancos. —El médico dijo que por la gravedad necesitan la firma de dos familiares. Mamá ya no está; solo te tengo a ti. Se quedó en silencio durante dos segundos, pero al volver a hablar, mantuvo el tono firme: —No seas exagerada. Aunque el hospital tenga sus procedimientos, no se negarán a salvarlo. Whitney ahogó un sollozo al otro lado. —Juan, no te quedes por mi culpa. Vete. Estaré bien sola, de verdad. —Quédate tranquila —respondió él al instante—. No me iré. Cuando terminó la llamada, la enfermera volvió a insistirme. Agaché la cabeza y me quedé mirando el anillo de compromiso en mi dedo. Lo había elegido Juan. En ese entonces, me dijo que el puerto siempre estaba cubierto por una densa niebla y que, si el anillo brillaba lo suficiente, me encontraría de inmediato. Aquel día, las luces blancas afuera de la sala de emergencias me cegaban. Estaba parada en medio de la niebla, pero no podía seguir esperándolo. Para cuando mi padre estuvo fuera de peligro, yo ya había pasado toda la noche esperando afuera de terapia intensiva. Al amanecer, por fin, Juan envió un mensaje: «Whitney ya se durmió. ¿Cómo está tu papá?». Observé el ferri atracado en el muelle tras la ventana. La niebla se había disipado. Había llegado el momento de irme.
Cuando las mentiras besaron el romance - undefined novels & stories
Esteban Selvas
Mi amigo de la infancia prometió casarse conmigo una vez que alcanzáramos la edad adecuada —pero en mi ceremonia de boda, él le dio el anillo a mi hermanastra, Sol Huarte. En ese tiempo, era Víctor Lowell, el temible heredero de la mafia, quien me había salvado anunciando públicamente que me había amado por años. Durante los cinco años de matrimonio, él cumplía cada deseo que yo tenía, incluso aquellos que mencionaba de manera casual. Yo realmente creía que era el centro de su mundo. Todo eso cambió cuando me topé con folder clasificado mientras limpiaba su repisa de libros. La primera página era un archivo sobre Sol, con tres palabras en rojo impresas en negrita: “Prioridad de protección.” Le seguía un reporte de misión que yo conocía demasiado bien. En la noche de la misión, hubo un atentado en mi contra. Mi sangre casi se derramó por completo antes de que me salvaran. Cuando desperté en el hospital, descubrí que había perdido a un bebé que no sabía que estaba esperando. Lloré amargamente en los brazos de Víctor, pero no le hablé del bebé. No quería que se preocupara más por mí. Ahora, finalmente me doy cuenta —Sol también había sido atacada esa noche, y las órdenes de Víctor habían sido: “Salven primero a Sol.” Mis lágrimas mojaron el papel, corriendo la escritura. —Está bien —dije suavemente, pero con firmeza en el silencio—. Si mi matrimonio ha sido toda una mentira, voy a desaparecer de su vida. Para siempre.
La Esposa Oculta: Heredera de la Mafia - undefined novels & stories
Jazmín
Tres días antes de la fecha prevista para el parto, mi esposo llegó a casa y me anunció que iba a casarse con Bianca Voss. «Su bebé nacerá en cualquier momento», dijo Luca. “Si me caso con ella, conseguiré el puesto de Don». Me quedé inmóvil, llevando en mi vientre a su hijo, y le pregunté: «¿Entonces quieres que pase el resto de mi vida siendo tu amante en las sombras?» Me prometió los mejores médicos, guardaespaldas, dinero y una casa segura en las afueras de Chicago. Aseguró que seguiría siendo su esposa puertas adentro, siempre y cuando nunca apareciera frente a Bianca. Cuando me negué, me miró con lástima, como si yo fuera demasiado insignificante para entender el mundo al que él realmente pertenecía. Él creía que yo solo era Aria, la mujer tranquila que cultivaba tomates junto al lago. No tenía ni la menor idea de que en realidad era Aria Castellano, la única hija del Presidente de la Comisión Suprema de la Mafia. Lo miré fijamente y susurré: —¿Y si te dijera que la familia de Bianca no es nada comparada con la mía?
Reconoció la mano de otra mujer, no la mía - undefined novels & stories
Brisa de Arce
Durante la actividad de integración de la empresa, jugamos a adivinar quién era quién con los ojos vendados. Las reglas eran muy sencillas: una persona se cubría los ojos y los demás hacían fila. Luego, uno por uno, se acercaban para que les tocara la mano e intentara adivinar quién era cada uno. Mi esposo, Sebastián, fue el primero en participar. Le vendaron los ojos y sus compañeros fueron pasando uno tras otro frente a él. Le sostuvo la mano al primero durante un par de segundos y negó con la cabeza. Con el segundo, frunció el ceño y volvió a negar. Pero apenas rozó los dedos del tercero, se rio. —Mi amor. Todos empezaron a bromear con ellos. Pero yo estaba al final de la fila. Ni siquiera me había tocado pasar frente a él. Sebastián se quitó la venda, visiblemente emocionado. La mano que sostenía era la de Valeria, la nueva empleada del departamento administrativo. Cuando sus miradas se cruzaron, la expresión de Sebastián cambió de inmediato. —No... me equivoqué. Pero todos habían visto que tardó en soltarle la mano. Valeria bajó la mirada, con las orejas rojas. Antes de apartarse, le apretó la mano una vez más, casi por reflejo. Di un paso al frente desde el final de la fila, con una sonrisa tranquila. —No pasa nada. Es solo un juego. Esa noche, al llegar a casa, revisé el historial de compras de Sebastián. Crema para manos... dos unidades. Una había llegado a casa y la otra, a la oficina. Me quedé mirando la pantalla unos segundos. Ahora entendía por qué mi mano le había resultado tan extraña. Hacía mucho tiempo que la mano que sostenía todos los días era la de otra mujer.
El Día de Mi Boda, Se Casó con Otra - undefined novels & stories
Margarita Juárez
El día de mi boda, el auto que debía llevarme a la ceremonia me dejó frente al acceso de servicio del salón, justo al lado de los contenedores de basura. Víctor Méndez me abrió la puerta del auto y me dio una orden con la naturalidad de siempre: —Entra por la puerta de servicio. Yo llevaré a Leonor por la entrada principal para que nuestros compañeros no sospechen nada. Sin esperar mi respuesta, se marchó con Leonor Rivera y me dejó sola, sujetándome la falda en medio del agua sucia. Era la nonagésima novena vez que Víctor me abandonaba con la excusa de evitar sospechas. Llevábamos ocho años manteniendo nuestra relación en secreto. Según él, un romance en la oficina dañaría mi reputación, así que siempre utilizaba a Leonor, su amiga, como tapadera. Durante una actividad de integración de la empresa, la llevó en el asiento del copiloto mientras yo pasaba diez horas en autobús. Cuando por fin llegué, ellos ya estaban a punto de regresar. Cuando nuestro proyecto tuvo éxito, ascendió a Leonor, que formaba parte de mi equipo, mientras que yo, pese a ser la empleada con más experiencia, acabé siendo su subordinada. Hasta en las invitaciones de mi propia boda figuraba el nombre de Leonor en lugar del mío. Después de ocho años a su lado, Víctor seguía sin reconocerme como su pareja ni darme un lugar en su vida. Creí que de verdad lo hacía por mi bien. Pero cuando atravesé corriendo aquel pasillo inmundo y entré al salón cinco minutos antes de la hora prevista, descubrí que la ceremonia ya había comenzado: Víctor abrazaba a Leonor, que ocupaba mi lugar frente al altar. Los dos dijeron "Sí, acepto" al mismo tiempo y nuestros compañeros estallaron en vítores. —¡Felicidades! En ese instante lo entendí. Durante ocho años, la única persona con la que Víctor había querido mantener las distancias era yo. Así que le concedería su deseo: me apartaría para siempre de aquella farsa y de los favoritismos que ya ni siquiera se molestaba en ocultar. La música volvió a sonar y el maestro de ceremonias anunció el intercambio de anillos. Al verme, Víctor se giró con cierta incomodidad y, aprovechando que todas las miradas estaban puestas en Leonor, intentó ponerme el anillo a escondidas. Yo sonreí y retiré la mano antes de que pudiera hacerlo. —Ya no hace falta que disimulen. Felicidades.
La esposa que nunca reconoció - undefined novels & stories
Wool & Fins
El puesto como secretaria privada de Don Aido Derocchi era una posición legítima con una remuneración excepcional. Por eso, mi renuncia tomó por sorpresa a todo el mundo. Le dije a todos que me llevaría a mi hijo, Leo Derocchi, a Melbir para recoger los efectos personales de mi difunto esposo. Lo que nadie sospechaba era que mi supuesto marido era el mismísimo Aido. Leo era el resultado de una sola noche de aventura. Por esa razón, Leo y yo no podíamos permitir que nuestras verdaderas identidades salieran a la luz. Ya que la familia Derocchi no me requería como su Donna, yo tampoco necesitaba a un hombre incapaz de cumplir con su deber como esposo. Y, desde luego, Leo no necesitaba a un padre que ni siquiera le permitía dirigirse a él como "papá".
Cancelé la boda… y ahora él me debe todo - undefined novels & stories
Aria Salvatore
El aire del salón de alta costura parisino olía a dinero… y a miedo. Había esperado seis meses por mi vestido de novia. Ahora, descansaba sobre los hombros de Sofía Ross, la influencer del momento… y la ahijada de mi prometido mafioso, Vincent Cassio. El gerente del salón sudaba a mares, con la mirada saltando entre nosotros y el hombre recostado en el sofá de terciopelo. Vincent Cassio se puso de pie. Con un gesto despreocupado, acomodó el faldón bordado en diamantes sobre Sofía. —Su estreno la próxima semana necesita una pieza que impacte. Se lo está prestando. Elige algo del perchero y deja de hacer una escena. Su tono era plano. Definitivo. Bajo los candelabros de cristal, Sofía se admiraba en el espejo de cuerpo entero, una sonrisa de victoria dibujada en los labios. Yo miré mi reflejo en ese mismo espejo, vestida con jeans y una gabardina empapada. Parecía una turista perdida. De pronto, todo el último año de preparativos se sintió como una broma cruel. No grité. Solo sentí frío. Vacío. Me quité el anillo de compromiso de cinco quilates. Al chocar contra la mesa de cristal, sonó seco… irrevocable. —Tienes razón, Vincent. No necesito este vestido de novia. Lo miré, sosteniendo su mundo con la punta de los dedos, justo antes de soltarlo. —Esta boda… tampoco la necesito.
Renací: esta vez no seré su prometida - undefined novels & stories
Lucía Monteverde
Después de renacer, hice todo lo posible por evitar cualquier cruce con Sebastián Luján. Él se inscribió en la universidad más prestigiosa del país. Yo elegí irme a estudiar en el extranjero . Cuando viajó hasta Grandoria para buscarme, me fui todavía más lejos, acepté trabajos como reportera en zonas de conflicto. Años después, regresé a mi país tomada de la mano del hombre que amaba, para celebrar nuestra boda. Sebastián fue detenido en la entrada del lugar, sus ojos estaban enrojecidos, y sólo decía: —¿Por qué… por qué dejaste de amarme?
El Príncipe Vampiro Me Traicionó - undefined novels & stories
Bagel
En nuestro quinto aniversario de bodas, me acurruqué entre los brazos de mi esposo vampiro, Alaric, y le ofrecí el cuello para que siguiera besándome con ternura. Aguanté la respiración mientras buscaba a tientas en el bolsillo el cristal de la prueba de embarazo. Emitía un brillo tenue, pero el resultado era claro: positivo. Había guardado la noticia como la última sorpresa de la noche. Íbamos a tener un hijo mitad vampiro. Entonces Roman, el confidente de Alaric, habló en la lengua antigua de los vástagos. —Alteza, ¿y qué hay de Elise, su hermosa amiga de la infancia? —preguntó Roman con una sonrisa pícara—. ¿Esa vampira de sangre pura lo deja satisfecho? Alaric se rio con ganas y sentí su pecho vibrar contra el mío. No pude evitar estremecerme. —Es como el fuego: salvaje y ardiente —respondió Alaric en esa misma lengua—. Cuanto más fuerte la muerdo, con más ansias se entrega. Alaric seguía pasando un dedo sobre las marcas de sus mordidas en mi cuello, aunque su mirada se había perdido en algún punto del lugar. —Solo asegúrense de que esto no salga de aquí —les advirtió—. Estaría acabado si mi querida esposa se enterara. Los miembros del clan se rieron entre dientes y alzaron sus copas llenas de sangre, prometiendo guardar el secreto. Me quedé rígida entre los brazos de Alaric. Todos parecían haber olvidado que mi familia pertenecía a la nobleza humana. Durante generaciones, sus miembros se habían casado con vástagos, así que yo dominaba su lengua antigua. Había entendido cada palabra. Me obligué a conservar la calma y mantuve mi sonrisa de anfitriona perfecta, aunque la mano con la que sujetaba la copa empezó a temblarme. Alaric debía de creer que, si descubría la verdad, me pondría a llorar y le exigiría una explicación por tratarme así, como ya había hecho otras veces. Lo que no sabía era que todo había cambiado. Para mí, nuestro matrimonio ya había terminado. Dejé la copa sobre la mesa, saqué el teléfono y le envié un mensaje a mi padre: «Papá, perdí la apuesta. Vuelvo a casa para hacerme cargo del patrimonio familiar».
Reemplazada en el altar, heredera - undefined novels & stories
Eternity
El día de mi boda, dormí durante seis horas dentro de mi camerino nupcial. Por lo que, cuando llegue a la capilla de la familia DeLuca, en el Valle de Hudson, Matteo ya había completado la ceremonia con su amiga de la infancia: Sofía Rinaldi, hija de una de las familias aliadas más antiguas de los DeLuca. Ella llevaba el vestido que yo había pasado seis meses diseñando, así como la tiara de perlas que las mujeres de la familia DeLuca habían heredado por h generaciones. Los aliados de Nueva York, Chicago y Sicilia habían presenciado todo, y nadie había reservado un lugar para la «verdadera novia». Matteo miró mi rostro pálido y explicó con calma: —Sofia puso el sedante en tu té —explicó Matteo con calma, mirando mi rostro pálido—. Ella solo quería tener una boda. La dosis era pequeña, así que no hay razón para convertir esto en algo más grande de lo que realmente es. Todos esperaban que yo, al ver aquello, montara una escena. Sin embargo, lo único que hice fue soltar un suspiro silencioso, mirando a Matteo con profunda decepción. Mi familia me había dado una última oportunidad para casarme por amor. Por lo que, ahora que todo había fracasado, no me quedaba más remedio que regresar a Sicilia, obedecer su decisión y heredar la familia.
Renacida para Escapar de la Familia Mafiosa - undefined novels & stories
Clara
Para devolverle a mi amor platónico el derecho de heredar su familia mafiosa, le di una de mis córneas. Sin embargo, cuando él recuperó la vista, mi familia prefirió que se casara con mi hermana mayor en lugar de conmigo. En mi vida pasada, intenté encontrarlo y explicarle todo, pero me rechazó. Por si fuera poco, mi familia me exilió y morí la noche de su boda con mi hermana. Y entonces, renací antes de mi exilio. Esta vez, decidí abandonar mi grupo mafioso y a mi amor platónico por voluntad propia... Pero, ¿aquel jefe mafioso despiadado? Él se derrumbó por completo.
La Luna Que Fingió Su Muerte - undefined novels & stories
Shirley
—Elara, esto confirma los detalles de su muerte fingida. En dos semanas, durante la ceremonia de coronación de la Luna, escenificaremos su muerte. Usted caerá en el agua turbulenta y la causa de muerte será el envenenamiento por acónito. Cuando mi compañero Alfa, Aiden, me abandonó de nuevo por “asuntos urgentes de la manada,” encontré un errante en el mercado negro y firmé el acuerdo de muerte fingida. Todo el mundo de hombres lobo creía que el Alfa Aiden estaba locamente enamorado de mí. Ciertamente, él interpretaba bien su papel, sin olvidar besarme la frente cada vez que se iba. Pero solo yo sabía que esa trigésima novena vez que me besó, él también había pasado la noche ebrio junto a esa modelo Omega, Cassia. Pero ya nada de eso importaba. Era un Alfa corrupto, y yo había terminado con él. En la coronación que él más atesoraba, me aseguraría de que recibiera el cadáver perfecto.
Después de sus cien engaños, rompí con él para siempre - undefined novels & stories
Flora Arbol
Después de tres años de matrimonio con Ricardo Montenegro, nunca faltaron mujeres a su alrededor. Cada vez que llevaba a una a casa, me regalaba un collar de valor incalculable. En apenas tres años, ya había reunido noventa y nueve collares. Cuando Ricardo me colocó el collar número cien, ya no lloré ni armé escándalos. Porque esta vez, la mujer con la que me fue infiel era mi propia hermana mayor. La misma hermana que desde niña me golpeaba y me insultaba. La persona que más amaba se alió con la que más odiaba para torturarme. En ese momento, se me murió el corazón. Esta vez fui yo quien se acercó a Ricardo y le entregó un contrato de compra de una vivienda. —Con tal de que firmes, te dejo que se revuelquen como quieran. En sus ojos pasó un destello de sorpresa; al final firmó sin pensarlo dos veces. Incluso, por primera vez, besó mi mejilla con ternura. —Cariño, por fin aprendiste a portarte bien. Le abrí personalmente la puerta del carro y lo vi marcharse hacia mi hermana. Cuando el vehículo desapareció por completo, solté un largo suspiro y saqué de debajo de los documentos… el acuerdo de divorcio.
Mientras Daba a Luz, Él Se Casó con Mi Hermana - undefined novels & stories
Bonnie
El día del terremoto, mi hermana Elena me empujó desde el tercer piso; luego rompió a llorar y juró que solo había intentado salvarme. Todo el mundo le creyó. La única persona que se puso de mi lado fue Nicoló, el jefe mafioso más joven que había visto Sicilia en décadas. Me sacó entre los escombros con sus propias manos, me pidió matrimonio frente a todos y sentenció que, desde ese día, quien se atreviera a tocarme tendría que responder ante él. Dos meses después, quedé embarazada. Nicoló compró una isla entera y la cubrió de lirios, mis flores favoritas, todo para nuestra boda. Mi padre gastó una fortuna en un vestido de novia único, confeccionado exclusivamente para mí. Todos decían que yo era la mujer más envidiable de toda la familia. Pero cuando llegó el momento del parto, ambos desaparecieron sin dejar rastro. Mi padre me explicó que la familia tenía un trato crucial en juego. Nicoló besó mi vientre abombado, murmuró que volvería pronto y prometió traer regalos para mí y para nuestro bebé. Justo antes de que me llevaran en camilla a la sala de partos, un video anónimo llegó a mi celular. En las imágenes, Nicoló vestía el traje de novio. A su lado estaba Elena, con una mano reposando sobre su propio vientre embarazado y luciendo mi vestido de novia. Se aferraba al brazo de mi prometido, como si lo hubiera conquistado con total legitimidad. Al final del video, mi padre bajó el tono de voz y preguntó: —Si tú y Valentina solo mantienen un matrimonio de papel, ¿qué será del hijo que ella va a dar a luz? Nicoló guardó silencio durante dos segundos antes de responder con frialdad: —Valentina lo tuvo todo desde la infancia. Elena ha cargado toda su vida con la mancha de ser hija ilegítima. Su hijo no tendrá que vivir con ese estigma. Comprendí entonces que toda esa ternura nunca había sido para mí. Estaba destinada a Elena. Bien. Que se tengan el uno al otro.
Le Enseñé a Decirle Adiós a Su Padre - undefined novels & stories
Summer
Después de descubrir que mi esposo, Leonardo Marchetti, no lograba olvidar a su primer amor, empecé a enseñarle a nuestra hija Sofia a llamarlo “tío Leonardo”. Un día, Sofia se torció el tobillo en la escuela. En plena madrugada, Leonardo recibió una llamada: era Valentina quien lloraba al otro lado de la línea porque su hija, Lily, había tenido una pesadilla y no paraba de gritar que quería un padre. Leonardo se fue sin decir una palabra. Mientras le ponía una compresa de hielo en el tobillo hinchado a Sofia, le susurré: —Di “Adiós, tío Leonardo”. Leonardo prometió ir al día deportivo de la escuela de Sofia. Entonces llamó Valentina, sollozando que Lily no tenía un padre que corriera con ella la carrera de tres piernas. Él se largó sin pensarlo dos veces. En esa ocasión, solo le pasé el celular a Sofia y le dije que avisara a su maestra: —El tío Leonardo dice que no va a poder venir. Cada vez que pasaba, Sofia dudaba. No entendía por qué la obligaba a hacer eso. Hasta que, un día, Leonardo por fin se dio cuenta de lo mucho que nos había fallado. Dejó de lado todos sus asuntos de la mafia para asistir al recital de piano de Sofia y juró que no se lo perdería. Sofia esperaba tras bambalinas con los demás niños. Entonces vibró el celular de Leonardo. Era Valentina. No alcancé a escuchar lo que dijo, pero podía adivinarlo. Lily lloraba. Lily lo necesitaba. Lily no tenía padre. Leonardo regresó a donde yo estaba. Pero antes de que pudiera empezar con sus excusas, Sofia habló desde el escenario. —Está bien, tío Leonardo. Ve a cuidar a tu otra hija. Con que mamá se quede aquí a verme es suficiente.
Treinta días para que mi Alfa me pierda - undefined novels & stories
Elena Rojas
Antes de cumplir los veintiún años, las leyes de la manada me exigían nombrar a un Primer Guardián. En la manada Blood Moon, la mayoría de los lobos elegía a uno de sus padres y algunos nombraban a su futuro compañero. Mis padres habían muerto hacía años, así que escribí el nombre del Alfa Ivander, el lobo que me acogió cuando yo tenía trece años y me crio como a una hija. Al día siguiente, me devolvió el formulario. —Elige a otro —dijo. Antes de que pudiera preguntarle por qué, volvió a hablar con voz fría y distante: —Te he cuidado durante años, Lina, pero sigo siendo tu padre adoptivo. Cualquier sentimiento que creas tener hacia mí está fuera de lugar. Tardé un instante en comprender a qué se refería. Pensaba que estaba enamorada de él. A partir de ese día, Ivander me quitó todos los privilegios que me había concedido. Me prohibió entrar en la mansión del Alfa, bloqueó nuestro enlace mental privado y le ordenó a su asistente que jamás volviera a informarle nada sobre mí. Intenté verlo una vez con la esperanza de explicárselo, pero los centinelas me detuvieron en la entrada. —El Alfa Ivander nos dio órdenes directas. No quiere verte. Después de aquello, cada vez que nos encontrábamos por casualidad en el territorio, él se daba media vuelta y se iba. Pasaron seis meses. Fue entonces cuando me diagnosticaron Deterioro del Espíritu de Lobo. El sanador me dijo que no existía cura y que apenas me quedaban treinta días de vida.
Su Boda, Mi Sentencia de Muerte - undefined novels & stories
Sebastiana Rosas
La noche de nuestra boda, mi esposo me obligó a beber una droga para dejarme sin voz y me encerró en la celda de su amiga de la infancia, condenada a muerte. Blanca Rivas había arrollado y matado al único hijo del príncipe de Valcera mientras cabalgaba borracha. La decapitarían al día siguiente, al mediodía. Pero Jaime Salazar le dio mi vestido de novia y la sacó por la puerta trasera del Tribunal Supremo para llevarla a la residencia del supervisor de ejecuciones. Al ver las cadenas que me sujetaban las muñecas, mi suegra, Teresa Vidal, por fin sintió algo de compasión. —Ahora que has encerrado a Adriana, ¿no temes que la casa del príncipe de Valcera adelante la ejecución? Jaime terminó de acomodarle mi corona nupcial a Blanca sin siquiera levantar la vista. —Soy el vicepresidente del Tribunal Supremo. ¿Quién se atrevería a ejecutar a Adriana sin una orden mía? Solo necesito que ocupe el lugar de Blanca durante tres días. Cuando pase el revuelo, volveré a intercambiarlas. Teresa bajó la voz. —Hace siete años, cuando acusaron injustamente a nuestra familia, Adriana vendió su casa familiar y recibió treinta golpes de vara por ti para hacer llegar las pruebas al emperador. Los dedos de Jaime se detuvieron un instante. —No lo he olvidado. Por eso jamás he pensado en repudiar a Adriana, aunque ella no soporte a Blanca. Antes del amanecer, la princesa de Valcera irrumpió en la prisión con un decreto imperial. Convencida de que Jaime favorecería a Blanca, había solicitado al emperador que adelantara la ejecución a las cinco y cuarenta y cinco de la mañana. Me abrí la frente a golpes y por fin conseguí soltarme de los carceleros que me sujetaban. Cuando llegué corriendo a la residencia del supervisor de ejecuciones, Jaime estaba celebrando su boda con Blanca. Al verme cubierta de sangre, le cambió la expresión. Se quitó de inmediato la túnica de boda y me envolvió con ella. —¿Cómo te lastimaste así? ¿No te dije que me esperaras en la celda? Miré fijamente la corona que Blanca llevaba en la cabeza. Mi madre me la había dejado como parte de mi dote. Jaime siguió mi mirada y se colocó frente a ella por instinto. —Se llevó un susto. Le presté tu vestido de novia para alejar la mala suerte.
El mensaje que al fin comprendí - undefined novels & stories
Esteban Selvas
En mi cumpleaños, salí a comer con mi familia. Pedí un deseo con la esperanza de que estuviéramos juntos y felices para siempre. Al abrir los ojos, vi a mi hijo, Luigi Marino, sosteniendo su tableta. En la pantalla aparecía un mensaje: "Papá, Maria dice que está embarazada de tu bebé. ¿Voy a tener una nueva mamá?" Giovanni Marino me estaba tomando fotos con una Polaroid. Miró la pantalla de reojo y escribió una respuesta al reverso de la foto. "No. Le prometí a tu mamá que, si alguno de los dos traicionaba al otro, desaparecería de su vida para siempre. No puedo vivir sin ella. Así que tienes que ayudarme a mantener esto en secreto. Aunque Maria tenga ese bebé, nunca aparecerán ante tu mamá". Después de escribir eso, me miró y preguntó con ternura: —¿Qué te pasa, amor? ¿Por qué tienes los ojos rojos? ¿Te los irritó el humo de las velas? Mis lágrimas estuvieron a punto de caer, pero forcé una sonrisa y respondí: —Estoy bien. El regalo de cumpleaños que me prepararon es maravilloso. Me conmovió tanto que no pude evitar llorar. Él no sabía que mi dislexia había desaparecido una semana antes. Parecía que ya no tenía que seguir pensando en si aceptar la oferta de trabajo de una prestigiosa organización internacional sin fines de lucro dedicada a enseñar a leer a niños con dislexia. En siete días, todo el papeleo estaría listo. En ese momento, desaparecería para siempre de sus vidas.
Accidente y Boda Exprés con el CEO - undefined novels & stories
Ana Larrea
De camino a ver a mi novio, que seguía haciendo horas extras, sufrí un fuerte accidente de tránsito. Lo llamé decenas de veces, pidiéndole ayuda, pero no respondió ni una sola vez. A lo lejos, el edificio de su empresa seguía iluminado, con las luces encendidas, como si nada hubiera pasado, y la desesperación terminó por devorarme. Cuando desperté en el hospital, vi una publicación de una subordinada suya: “¿Qué hacer cuando tu jefe te regaña en plena madrugada?” La imagen mostraba el reflejo de ambos en el vidrio de una puerta. La cercanía entre ellos era tan evidente que claramente había cruzado los límites de una relación laboral normal. Sin darme por vencida, volví a llamar a Alfonso González. Esta vez, por fin contestó. Con la voz quebrada, apenas logré decir: —Alfonso, tuve un accidente de auto. —Paula, ando ocupado —respondió con frialdad—. Haré que mi asistente se encargue, ¿de acuerdo? Sé buena, ¿sí? Cuando termine este viaje de trabajo, regresaré para acompañarte. Intenté seguir hablando, pero su grito interrumpió todo: —¡Bárbara! ¿Te vas con una sola maleta? ¿Y entonces por qué traes tres? ¿Piensas irte de vacaciones o qué? Bárbara Garza era la nueva pasante que Alfonso acababa de contratar. Miré el teléfono. La llamada ya se había cortado, y las lágrimas ya estaban secas en el rostro. Luego marqué otro número: —Acepto el matrimonio arreglado.
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