Regina Sole
El posgrado estaba por empezar y Elias Thorne, mi compañero destinado, se había ofrecido a comprar mi boleto de avión. Sin embargo, el día de la partida, me entregó una entrada de autobús con una sonrisa burlona.
—Queríamos ver cómo terminaría una lobita débil como tú tras un día entero de viaje, así que solo te compramos esto.
Tomó la mano de mi hermana y abordó un vuelo en clase ejecutiva, mientras yo me iba arrastrando la maleta para empezar sola un viaje de veinticuatro horas en autobús; debido a eso, llegué a la universidad en el último momento del día de inscripción.
Cuando le entregué al empleado mis documentos a nombre de Liliana Moretti, me dijo que tenían errores y que no coincidían con la información del sistema.
Creía que el retraso me había costado la última oportunidad de inscribirme. Cuando estaba ahí parada, llorando y sin saber qué hacer, apareció Elias, me señaló y se rio a carcajadas.
—¡Caíste! Tus padres te cambiaron los documentos hace mucho.
Mi hermana, Giulietta Moretti, también salió de detrás de la esquina con el celular en alto.
—Te ves ridícula ahora mismo, Liliana. Lo grabé todo. A mamá y a papá también les parece gracioso.
Elias me dio unas palmaditas en el hombro.
—No te enojes. Solo fue una broma pesada.
Al ver sus sonrisas y el lente oscuro de la cámara que me apuntaba, ya no pude derramar ni una lágrima más.
Ya no pensaba seguirles el juego con eso que ellos llamaban una broma pesada.