Una Buena Acogida
—Cuñ... amor, házmelo.
—¡Carajo! ¿Dónde aprendiste a hacer eso? ¿Cómo es que de pronto te hiciste tan buena?
En el cine, mientras me hacía pasar por mi hermana, mi cuñado metió la mano bajo mi falda y empezó a toquetearme.
Mi cuerpo hipersensible lo excitó tanto que se sonrojó y se apresuró a bajarse los pantalones.
Su enorme miembro quedó al descubierto; me levantó, me sentó sobre sus piernas y me penetró. Me estremecí, grité sin poder contenerme y tuve un orgasmo.
—¡Espera! —dijo con urgencia—. ¡Nos están mirando!