Engañando a mi Alfa
—Déjame marcarte, Olivia.
—Te prohíbo... que... lo hagas.
Alejandro gruñó.
Olivia lloriqueó cuando la penetró con demasiada rudeza, los labios de Alejandro adoraban cada porción de piel que tocaban.
—Sé mía, Olivia...—Alejandro prácticamente ronroneaba en su oído. Era casi imposible resistirse a su fiereza. Él jamás había sido así. Cada vez que Olivia decía no, la penetraba con fuerza hasta que la dejaba sin aliento, castigándola, y cuando la omega creía que sería el fin, volvía a mordisquear y a susurrarle al oído.—Di que siempre serás mía. Tómame como tu alfa, Olivia.