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Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás

Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás

Durante cinco años, Santiago Rodríguez y Valeria Núñez vivieron juntos bajo un matrimonio por conveniencia. Incluso después de descubrir que él tenía una amante, ella decidió aguantar la situación con paciencia. Pero todo cambió cuando se dio cuenta de que el niño que había estado criando como suyo era, en realidad, fruto de la relación entre Santiago y su amante. En ese momento, entendió que su matrimonio había sido una farsa desde el primer día. La amante, actuando como si fuera la esposa legítima, se presentó en su casa con los documentos de divorcio que Santiago había redactado. Justo ese día, Valeria se enteró de su embarazo. Si su esposo había sido corrompido, ya no tenía sentido estar con él. Y si el niño era de la amante, entonces debía dejárselo. Valeria, terminando con el amor y las emociones, reveló su verdadera naturaleza y se enfocó en prosperar económicamente. Aquellas personas que la maltrataron anteriormente se iban a lamentar de sus acciones e iban a luchar entre sí para ganar su perdón. Los jóvenes ricos, que se burlaron de ella por ascender socialmente mediante un hombre, se arrepentían y le ofrecían grandes sumas de dinero buscando su amor. Y el pequeño que había sido influenciado por la otra mujer se lamentaba rogándole que fuera su mamá mientras lloraba. * A altas horas de la noche, Valeria atendió una llamada de un número desconocido. Por el auricular escuchó la voz de Santiago, era evidente que estaba borracho. —Valeria, no debes aceptar esa propuesta de matrimonio. En cuanto a los documentos de divorcio… No los he firmado.
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Él Eligió a Otra,  Yo Elegí a Su Hermano

Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano

El día que Sofía Mendoza perdió a su bebé, Diego Villarreal andaba festejando que su primer amor había vuelto al país. Tres años entregándose y acompañándolo, y para él no había sido más que tener una empleada doméstica en casa. A Sofía se le rompió el corazón y decidió de una vez por todas que se iba a divorciar. Todos sus conocidos sabían que Sofía era de esas mujeres pegajosas, de las que no te puedes quitar de encima fácilmente. —Te apuesto que en un día Sofía ya va a estar de vuelta, suplicando como siempre. Diego respondió: —¿Un día? Eso es demasiado, yo le doy máximo medio día. Desde el momento en que se divorció, Sofía se prometió no mirar atrás jamás. Se propuso a construir una nueva vida, a retomar la carrera profesional que había dejado de lado, y también a conocer personas nuevas. Fueron pasando los días y Diego ya no volvió a ver ni rastro de Sofía en la casa. De repente, él se llenó de pánico. En un evento empresarial, por fin, la vio, rodeada de un montón de gente. Sin pensarlo dos veces, se lanzó hacia ella. —¡Sofía! ¿Cuándo vas a dejar de hacer drama? Alejandro Montoya, el hermano de Diego, apareció de la nada, protegiéndola, lo empujó para quitárselo de encima y le habló con una frialdad que daba miedo. —No te atrevas a tocar a tu cuñada. Diego nunca había querido de verdad a Sofía, pero para cuando se dio cuenta de que sí la amaba, ya no había espacio para él en la vida de ella.
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Yessenia Garcia Cordova
En unos de los capítulos escribes que Alejandro gusta de Sofía desde hace tiempo la conoció cuando ella caminaba en el mar desde el se enamoro de ella porque te desviste casi al final y h es que Sofía regrese con su ex ella debería quedarse con Alejandro
Paola Lopez Chalarca
Que triste final. A pesar de lo que hizo Diego, lo cual no me gustó, yo pensé qhe iba a tener otro final. Nisiquiera supimos que fue lo que le escribió Alejandro. Camila Rossi porque no cntinua con la historia. Tantos capítulos para que termine tan mal. Eso es una falta de respeto con los lectores.
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Mi Cuñada Quiso a Mi esposo Una Noche

Mi Cuñada Quiso a Mi esposo Una Noche

La noche de bodas, mi esposo Grey y yo estábamos en la habitación cuando Scarlett, la esposa de su hermano, entró tropezando, completamente borracha, y se le fue encima, abrazándolo sin soltarlo. —Keisha, mi esposo murió tan joven, yo de verdad quiero tener un hijo... —lloraba sin consuelo—. Préstamelo solo por una noche, ¿sí? Entre sollozos, me metió un juguete erótico en la mano. —Tú tranquila, mañana te lo regreso —dijo, hecha un mar de lágrimas—. Si de verdad te sientes muy sola, al menos puedes consolarte con esto. Me quedé helada, sin poder procesar lo que estaba pasando. Miré a Grey, que ya la sujetaba por los hombros con cuidado para que no se cayera. —¿Quieres irte a dormir con ella? —le pregunté, sin poder creerlo, con la voz temblorosa. Grey evitó mi mirada, pero al hablar, la voz le salió atropellada. —No pienses tonterías. Scarlett está borracha, no sabe lo que dice. Voy a llevarla a su cuarto para que descanse. Cuando vi que quería llevársela, me planté justo delante de la puerta y le bloqueé el paso. —Grey, hoy es nuestra noche de bodas —insistí—. ¿En serio te vas a ir con ella? Su expresión se ensombreció al instante y me quitó de en medio de un empujón. —Ya eres mi esposa, así que compórtate. No armes una escena por unos celos tontos. Luego se fue, llevándola en brazos con delicadeza, como si fuera un cristal frágil. Quise correr detrás de ellos y detenerlos, pero al ver en sus ojos esa preocupación tan intensa por ella, de pronto todo me quedó claro. El amor de ese hombre ya no era solo para mí. Y si era así, ¿para qué seguir aferrada a un matrimonio donde el cariño ya se había echado a perder? Era hora de soltar... y marcharme de una vez.
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Términos de Rendición

Términos de Rendición

Romance, seducción y un dulce sabor a venganza. Destruida por la traición de su prometido, Patricio Garza, Valeria Rivas hace lo impensable en una noche de desesperación: llama a la puerta de Damián Figueroa, el enigmático y peligrosamente atractivo magnate al que todos temen y desean en secreto. Lo que sigue es una noche de rendición absoluta, un fuego que consume toda razón y la deja marcada para siempre. Para Valeria, fue un acto impulsivo de revancha contra el hombre que le rompió el corazón. Poco imaginaba que acababa de caer en la red exquisitamente tejida por Damián, un hombre acostumbrado a conseguir siempre, exactamente, lo que desea. Valeria Rivas, antes la joya de la alta sociedad, admirada por su belleza, pero tristemente célebre por haberse humillado por amor a Patricio. La infidelidad la convirtió en el foco de los chismes de la ciudad, un hazmerreír público. ¿Quién diría que su caída más estrepitosa la llevaría directamente a los brazos del hombre más poderoso e inalcanzable de todos? Ella creyó que esa noche prohibida sería un borrón y cuenta nueva, un adiós silencioso. Él decidió que era solo el principio de su plan. Damián Figueroa no estaba dispuesto a soltar a la mujer que había despertado algo inesperado en él. Una noche, él la acorrala en su puerta. Su mirada arde con una mezcla de reproche y una posesión que la hace estremecer. —¿Creíste que podías usarme y luego marcharte como si nada? Desde entonces, escapar se vuelve una fantasía inútil. Cada noche, Damián la reclama, llevándola al límite entre el dolor y un placer adictivo que la deja temblando, agotada pero sintiéndose, para su propia confusión, más viva que nunca. «¡Dios mío! ¿Por qué este hombre... por qué es tan imposible resistirme a él?»
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La Última Noche de mi Hermana

La Última Noche de mi Hermana

En la familia Valenti, naces con un chip. Lo tienes metido en el biorreloj de tu muñeca y la pantalla marca la cuenta regresiva de tu vida. Todos veían cómo se consumían los números en el reloj de mi hermana y en el mío... Ella iba a morir cuando cumpliera los dieciocho. Por eso Vivian se convirtió en la princesa intocable de nuestra sádica realidad. Cada vestido bordado con diamantes era para ella. Las joyas más exóticas le pertenecían. Hasta el último rastro de humanidad de papá era suyo; ese único destello de calidez que solo mostraba después de enfundar su arma. Yo le tenía lástima. Su tiempo se acababa. Pero, por Dios, cómo la envidiaba. Tenía todo lo que yo nunca tuve: el amor de mis papás. Luego llegó la noche de su cumpleaños. Mis papás tenían miedo de que yo armara un berrinche y desatara la furia del Capo de alguna familia aliada. Así que me encerraron en el sótano. Húmedo. Helado. Mientras una fiebre mortal me consumía por dentro. Golpeé la pesada puerta de roble con los puños. —¡Mamá, por favor! ¡Déjame salir! —supliqué con la voz rota—. ¡Estoy volando en fiebre! Me va a estallar la cabeza... Del otro lado, la voz de mi mamá cortó el aire como una trampa de acero. —¡Ya basta, Sienna! Hoy es el cumpleaños dieciocho de tu hermana. ¡Su último día de vida! Deja el show. ¿Es que no puedes aguantarte por el honor de la familia? —Pero de verdad estoy enferma... —balbuceé. El taconeo se alejó por el pasillo hasta desaparecer por completo. Después de eso, la oscuridad me devoró. Y en mi muñeca, el reloj emitió el destello de una alerta crítica. ALERTA CRÍTICA: Incongruencia en signos vitales. Datos del chip vinculado incompatibles. Por favor, verifique al usuario.
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El juguete del jefe

El juguete del jefe

Todos me advirtieron que jamás me enamorara de Dante Moretti. Decían que era el fantasma de la familia Velasco: el segundo al mando que ordenaba ejecuciones sin parpadear, con el corazón más frío que el cañón de su propia pistola. Pero cuando me doblegó sobre aquel escritorio de caoba y presionó su boca contra mi oído, exigiéndome que pronunciara su nombre, fui lo suficientemente estúpida como para creer que aquello era posesión. Me tomó un año entero abrir los ojos a la verdad. Las fotografías bajo llave en el cajón de su despacho nunca fueron mías. La mujer vestida de blanco que lo esperaba los domingos por la mañana en el distrito de la catedral nunca fui yo. La chica que recibió una bala por él, a la que él llamaba su «salvación»... Su nombre es Elena Abate. Y resulta que Elena es la hija de mi madrastra. Para salvar a la familia, mi padre intenta venderme por quinientos millones a un heredero de los Agosti que ya tiene un pie en la tumba. Mi madrastra conspira para borrarme del mapa por completo. ¿Y el hombre que creí capaz de reducir esta ciudad a cenizas por mí? El día que más lo necesité, estaba subiendo a Elena por las escaleras, cargándola en brazos como si fuera un objeto sagrado. Todos pensaron que yo era solo un peón que podían mover a su antojo en su tablero de ajedrez. Se equivocaron. Si Dante no puede dejar ir a su precioso amor de infancia, a su «salvación», entonces me convertiré en la «viuda» de alguien más. Si Elena cree que ya ganó este juego, dejaré que mire desde la primera fila cómo una mujer que no tiene nada que perder lo destruye todo. Mi nombre es Serafina. Recuérdalo. Porque estoy a punto de convertirme en el castigo que ninguno de ustedes vio venir.
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Tres Castigos para el Alfa

Tres Castigos para el Alfa

El día que Cole, mi compañero destinado, se paró frente al altar para unirse a Kate, su amor de la infancia, yo estaba ahí, de pie entre la multitud y aplaudiendo. La manada entera asumió que yo había perdido la cabeza por culpa del despecho. Cole pensó exactamente lo mismo. Se acercó hacia mí a zancadas, atrapó mi muñeca con una fuerza brutal y me gruñó una advertencia al oído: —Este es el mayor sueño de Kate, el único deseo que ha pedido en toda su vida. Está muy frágil. Quién sabe cuánto tiempo le quede. No querrás cargar con la culpa de verla morir con este arrepentimiento, ¿verdad? Le dediqué una sonrisa para ocultar mi asco y le di un trago a mi copa de champán. —Por supuesto que no —respondí. En mi vida pasada, vi a Kate burlarse de mí en mi cara mientras se escondía en los brazos de Cole. Esa vez perdí los estribos, grité a los cuatro vientos toda mi furia y arruiné la estúpida ceremonia hasta obligar al Alfa a cancelarla. Kate no soportó la humillación pública. Salió huyendo con su típica actuación de víctima y murió en un accidente de auto. Como venganza, Cole inventó cargos de traición a mis espaldas para destruir a mi manada. La Alianza encarceló a mis padres y los condenó a morir de hambre en una celda durante diez días. Yo fui exiliada. Me convertí en una renegada y encontré mi fin acorralada y despedazada por una jauría salvaje. Fallecí con una sed de venganza que me nacía del alma. Pero en esta nueva vida, le iba a dar justo lo que se merecía. Por cada traición en mi contra, le arrancaría uno de los privilegios que mi familia le otorgó a su manada. Tres traiciones. Tres privilegios. Y al final, el gran Alfa se quedaría sin nada.
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La Farsa De La Heredera: vidas cambiadas en la élite

La Farsa De La Heredera: vidas cambiadas en la élite

El día en que descubrieron que yo no era la verdadera hija de la familia millonaria, la auténtica heredera irrumpió en la casa y me apuñaló varias veces en el vientre, condenándome a perder para siempre la posibilidad de ser madre. Mi prometido estalló de furia por lo ocurrido y mis padres, desesperados, declararon de inmediato que no volverían a reconocerla. Para calmarme, mi prometido me pidió matrimonio a toda prisa, mientras que mis padres escribieron una carta de ruptura con ella, pidiéndome que me enfocara en recuperarme. Después dijeron que ella había huido al extranjero y que había terminado vendida en otro país, un destino trágico y merecido. Yo lo creí. Hasta que, seis años después de mi matrimonio, vi con mis propios ojos a la supuesta “desaparecida”. La encontré recargada en el pecho de mi esposo, con un vientre abultado, suspirando con fingida melancolía. —Si hace seis años no hubiera perdido la cabeza y cometido aquel error, Liliana jamás habría tenido la oportunidad de casarse contigo. Por suerte tú y mis padres siempre estuvieron de mi lado; de lo contrario, esa impostora me habría mandado directo a la cárcel. Esa maldita… jamás se imaginó que he vivido todo este tiempo bajo sus narices… y ahora llevo en mi vientre a tu hijo. Cuando nazca, busca cualquier excusa para “adoptarlo” y así la tendrás de por vida como mi sirvienta. Gracias por estos años, Mauricio. Su mirada cargada de ternura hizo que el rostro de Mauricio se encendiera. —No digas eso… casarme con ella fue la única manera de mantener tu nombre limpio y que siguieras viviendo en libertad. Todo vale la pena, si tú estás bien. En ese instante lo comprendí: el hombre al que llamaba mi verdadero amor me había engañado todo este tiempo, incluso, mis propios padres. Habían hecho absolutamente todo para proteger a su hija biológica. Bien si así son las cosas… entonces yo ya no los quiero en mi vida.
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Renací el Día de la Horda Zombi

Renací el Día de la Horda Zombi

Cuando los guardias vieron con sus propios ojos cómo los zombis tenían acorralado contra la pared al último niño del refugio, cómo le arrancaban los intestinos mientras seguía vivo y se los devoraban, todos se vinieron abajo por completo. —¡Óscar! ¿No dijiste que Clara había enloquecido por culpa de los zombis y que solo decía tonterías? ¿No fuiste tú quien nos dijo que nos quedáramos tranquilos protegiendo a Begoña mientras veía el amanecer contigo en la cima de la montaña? ¿Y ahora regresamos para encontrar a mi bebé, que ni siquiera tenía un mes, despedazado, sin que le quedara siquiera el cuerpo entero? El rostro de Óscar se puso pálido como el papel. Al ver aquella escena, sentí que el corazón se me desgarraba. En mi vida anterior, cuando los zombis atacaron el refugio, Óscar Molina, capitán del equipo de guardia, se llevó a todos sus hombres para acompañar a Begoña Campuzano, su amor de la infancia, a ver el amanecer por su cumpleaños. Yo hice hasta lo imposible por traerlos de vuelta, y solo así logramos salvar la vida de todos los demás. Pero Begoña, molesta porque no había podido ver el amanecer, salió sola de la zona segura y acabó siendo arrastrada por los zombis, que la devoraron hasta no dejar casi nada. Después de que Óscar llevó a sus hombres a exterminar a todos los zombis, abrazó el único hueso que quedaba de la pierna de Begoña y no dijo una sola palabra. Hasta el día en que di a luz. Ese día, me amputó las manos y los pies cuando yo aún estaba viva, y me arrojó a una horda de zombis errantes. Me obligaba a ver cómo los zombis me arrancaban la carne de los huesos, y luego me sacaba de allí para curarme. Una y otra vez. Hasta que, antes de morir, me arrancaron el último trozo de carne. —¡Fuiste tú, maldita víbora, quien la mató a propósito! Ya que tanto querías competir con ella, haré que mueras de una forma mil veces peor que la suya. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día en que los zombis rodearon la base.
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