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Se fue con su cachorro

Se fue con su cachorro

En el sexto año de estar con el Alfa James, escuché por casualidad una conversación entre él y su Beta. —¿Así que Isabelle todavía está molesta? —Esa Omega tiene mal carácter. Probablemente no lograrás calmarla pronto. James soltó una burla. —No importa qué tan malo sea su carácter, ¿acaso puede compararse con el de Clary en ese entonces? En aquel tiempo, ella era feroz e imposible de tratar. ¿Ahora? Está tan enamorada de mí que haría cualquier cosa. El Beta se rió estando de acuerdo. —Exactamente. ¿Quién hubiera pensado que la orgullosa e intocable Clary se volvería así de obediente y dócil? Sinceramente, ella no es ni de cerca tan interesante como esa Omega, Isabelle. Me quedé congelada fuera de la puerta. Yo era Clary, la loba que alguna vez fue orgullosa e intocable, y que ahora era la hembra silenciosa y bien portada de la que el Alfa James estaba hablando. Mi loba soltó un gimoteo de dolor en mi mente. Había venido a decirle que estaba embarazada de su cachorro. Sin embargo, ya no había necesidad de hacerlo. Dado que él quería emoción, yo tomaría a nuestro cachorro y desaparecería de su mundo para siempre.
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Promesa de un siglo

Promesa de un siglo

El día de la boda, la amiguita de la infancia de mi prometido apareció en el lugar con un vestido de novia idéntico al mío, hecho a la medida. Mientras los veía recibir a los invitados juntos, sonreí y comenté lo perfectos que se veían, como si el destino los hubiera unido. Ella, roja de vergüenza y furia, se marchó del evento. Él, frente a todos los presentes, me acusó de ser una mujer celosa y dramática. Cuando terminó el banquete, se fue con ella al destino que habíamos reservado para nuestra luna de miel. Yo no lloré ni hice un escándalo. Simplemente, llamé a mi abogada de inmediato.
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Princesa de los Lobos: Venganza

Princesa de los Lobos: Venganza

Llevaba tres años con Cameron Stevenson, pero nunca me había marcado. Para recuperar al Alfa de la Manada Silver Moon, accedí a su ridícula petición de aparearnos en la naturaleza. Cameron me puso un par de esposas de plata y me apresó a un árbol. Mis pantalones apenas se habían bajado cuando sonó su teléfono. Era esa Omega, Rebecca Anderson. —¡Cameron, el cachorro está enfermo! —gritó. Él se apartó de mí al instante, se subió los pantalones de un tirón y echó a correr. —¡No te preocupes! ¡Voy en camino! Luché y le grité: —¡Cameron! ¡Las esposas! ¡Quítame las esposas primero! Ya estaba a varios metros cuando se giró con un comentario impaciente: —¡Solo espera! ¡El cachorro de Rebecca es la esperanza de toda la manada! Esperé un día y una noche enteros. El viento frío cortaba como cuchillas. Las esposas de plata se clavaron en mis muñecas hasta que la piel y la sangre se mezclaron. Cameron nunca regresó. —Cameron… Ya que no pudiste dejar ir a esa Omega de bajo rango, no me importaría enterrarlos a los dos juntos. ¡No se separarán por el resto de sus vidas!
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Mi novio, el jefe final del terror

Mi novio, el jefe final del terror

Me metí en un juego otome, un simulador de romance para chicas, para conquistar al tierno y frágil protagonista. Justo cuando por fin lo tenía en la cama provocándolo, reapareció el sistema que había desaparecido: [Jugadora, te envié al juego equivocado. ¡Esto es un juego de terror! La persona a la que estás molestando ahora es el súper, pero súper jefe final.] Levanté la vista y me encontré con sus ojos inyectados en sangre. Con una sonrisa tensa, dije: —¿No tendrás sueño? ¿Y si mejor lo dejamos para otro día...? Él sonrió: —No tengo sueño. Continúa.
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El Hueco Que Dejó Papá

El Hueco Que Dejó Papá

—Me pica muchísimo. Mi papá salió, ayúdame a rascarme con la cuchara. En la mesa, la hija de mi amigo había comido demasiados ostiones; las hormonas se le alborotaron y el deseo se le desbordó. Llevaba una minifalda; sus piernas se abrieron hacia mí, dejando ver su tentador calzoncito blanco. Llevaba años sin estar con una mujer, y al ver la intimidad ligeramente hundida de la jovencita sentí que el cuerpo me traicionaba. Me desabroché el pantalón, saqué mi hombría y la agité frente a ella. —¿Qué tanto te va a ayudar una cuchara? Ráscate con esto.
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22cm de Clases

22cm de Clases

—Ay sí… sí… qué rico… En el dormitorio de chicas, la muchacha desnuda dejó escapar un sonido parecido a un sollozo. Arqueó el cuerpo delicado hacia adelante, apretó la sábana con las dos manos y se quedó tiesa. La abracé con fuerza hasta que se desplomó sobre la cama sin fuerzas. Y en ese momento giré la cabeza y me crucé con la mirada de su compañera de cuarto. Aquella chica también tenía la cara encendida de vergüenza. Su mano se movía al ritmo de mis embestidas, complaciéndose a sí misma, como si fuera ella a la que yo estuviera cogiendo…
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Renací el Día del Secuestro

Renací el Día del Secuestro

Durante mi viaje de graduación con mi novio, Alfredo Barraza, nos secuestraron en un lugar apartado. Los secuestradores me agredieron sexualmente. Para salvarlo, me vi obligada a ganar tiempo y enfrentarme a ellos. Logré que Alfredo escapara, llamara a la policía y volviera con ayuda. Pero, después de que me rescataron, empezó a circular un video de la agresión. Todos me señalaban y me insultaban: —¿Esa no es la mujer que se revolcó con dos tipos en medio del campo? —La secuestraron y aun así parecía que hasta lo disfrutaba. Qué enferma. —¿Cómo alguien así todavía tiene cara para seguir viviendo? No tiene vergüenza. Le exigí a Alfredo que me dijera de dónde había salido el video, pero él evitó responder. Hasta quiso terminar conmigo. —Estoy a punto de entrar a trabajar en una empresa importante. No puedo tener una novia con esa reputación. Me das asco. Cuando estaba completamente desesperada, alguien me empujó desde la azotea. Al volver a abrir los ojos, había regresado al día en que nos secuestraron.
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Mi Cremita Cuesta

Mi Cremita Cuesta

—Feli, ya no le hagas así... me estás volviendo loca... En el cuarto, Natalia tenía las piernas abiertas, con la cara encendida. El escote se le había abierto y dejaba ver una buena parte de su piel blanquita. Ya no pude soportar más y me subí encima de ella. —¿Te está volviendo loca? ¿Quieres que te ayude?
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Fui La Nueva Muñeca Humana De La Tienda

Fui La Nueva Muñeca Humana De La Tienda

Mi mamá, Allison Ramsey, tiene una tienda para adultos. Un día estoy tan cansada que me quedo dormida ahí dentro, y por accidente termino atrapada en una de esas camas del placer. Cuando el señor Palmer, el vecino, entra al local, me confunde con un nuevo modelo de muñeca de la tienda y empieza a bajarme los shorts.
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Elegiste acabar con nuestro bebé para salvar a tu amante

Elegiste acabar con nuestro bebé para salvar a tu amante

Con nueve meses de embarazo, un exempleado, que guardaba un profundo rencor tras haber sido despedido para darle ese puesto a mi esposo, me llevó a la fuerza a la azotea del edificio y me asestó decenas de puñaladas. Mi marido, Víctor Escobar, capitán de un escuadrón de rescate, prefirió movilizar a todo su personal para impedir que Raquel Herrera, su exnovia, sumida en una depresión, le prendiera fuego a su departamento. No le supliqué que viniera a rescatarme. En mi vida anterior, precisamente porque lo había llamado suplicándole ayuda, él había dejado desprotegida a Raquel y había ido corriendo a salvarme. Mi bebé y yo logramos sobrevivir, pero ella, después de prenderle fuego a su departamento, murió consumida por el incendio. En apariencia, Víctor no me había guardado ningún rencor. Incluso llegó a reservarme una suite de maternidad privada. Sin embargo, el mismo día que di a luz, me amarró ¡y nos acuchilló sin piedad, a mí y a mi bebé recién nacido! —¡Ese día tú y ese tipo se pusieron de acuerdo para engañarme, ¿no es así?! ¡Tus «heriditas» no eran nada graves! ¡Ni de chiste te ibas a morir! —exclamó, fuera de sí—. ¡Pues, si tanto te encanta que te apuñalen, entonces, te daré el gusto! Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día en que me habían tomado como rehén. Pero, esta vez, tomé una decisión: lo dejaría correr para salvar a su Raquel.
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