De Su Amor a Su Venganza
Juan Pérez Rodríguezenfermerani en la muerte me detendránla inocente esposa del ceo
No era un beso ardiente, sino uno lleno de calidez y tranquilidad, suficiente para cortar de raíz cada palabra de preocupación que él estaba a punto de pronunciar.
Y en un instante, Sebastián respondió con la desesperación acumulada. La abrazó con fuerza, sus labios avanzaron con urgencia, como si quisiera unir por completo su respiración con la de ella para asegurarse de que seguía viva.
Ese beso se sintió eterno. Cuando por fin él se separó un poco, las lágrimas comenzaron a caer sobre el rostro de Inés.