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Ellos Eligieron a esa Omega, Yo Elijo la Libertad

Ellos Eligieron a esa Omega, Yo Elijo la Libertad

Tanto mi compañero como mi propio hermano se enamoraron de una omega de clase baja. Mi compañero, Kael, seguía posponiendo nuestra Ceremonia de Emparejamiento. —Elara, naciste para ser la Luna perfecta. Ella… ella no tiene nada. Solo dale tiempo, ¿sí? Mi hermano, Liam, rompió la promesa que le hizo a nuestra madre moribunda. —Dahlia está tan indefensa, Elara. Mi deber de protegerte se extiende a ella. Lo necesita más. En nuestro cumpleaños, Kael eligió consolar a una Dahlia histérica. En el aniversario de la muerte de mi madre, Liam estaba con Dahlia, llevando a su mascota recién adoptada al veterinario. Y cuando se pararon en el escenario con ella en la Cumbre de los Lobos, aceptando el premio de planificación estratégica que era mío… Rompí mi vínculo con la manada y me fui para siempre. Pero cuando finalmente se dieron cuenta de que ya no podían sentir mi presencia… Los dos hombres que me dejaron de lado por una Omega de baja cuna destrozaron el mundo, desesperados por encontrar aunque sea un solo rastro de mí.
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No Mirar Atrás

No Mirar Atrás

Llevaba seis años casada en secreto con mi esposo, Mateo Díaz, el CEO de la empresa. Pero en todo ese tiempo, él nunca permitió que nuestro hijo lo llamara "papá". La gota que derramó el vaso fue cuando, una vez más, faltó al cumpleaños de nuestro hijo por con su secretaria, Silvia Vega. Finalmente, saqué el acuerdo de divorcio que llevaba tiempo preparando y me fui para siempre con mi hijo. Aquel hombre siempre tan sereno perdió el control por completo, irrumpiendo en la oficina como un loco para preguntar por mi paradero. Pero esta vez, mi hijo y yo ya no miraríamos atrás.
Short Story · Romance
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Me Forzó a Parir y Perdió Todo

Me Forzó a Parir y Perdió Todo

El día en que Elizabeth Marcial estaba a punto de dar a luz, Agustín Vázquez, mi esposo, me llevó por la fuerza al hospital para inducirme el parto, cuando yo apenas tenía siete meses de embarazo. Me encerró en la sala de partos con el rostro desencajado. —Mónica, el bebé de Elizabeth tiene una enfermedad rara. En cuanto nazca, morirá. El doctor dijo que necesita la sangre del cordón umbilical y unas células madre especiales que solo pueden obtenerse durante el parto para salvarse. Rafael ya murió. Ahora me toca a mí cuidar de ella y de ese niño. La aguja de inducción, de casi diez centímetros, se me clavó sin piedad. Las contracciones me hicieron sudar frío del dolor. —Elizabeth ha estado bien todo el embarazo. ¿Cómo que el bebé tiene una enfermedad rara? Yo, en cambio, he tenido que cuidarme desde el primer día. Si haces que nuestro bebé nazca tres meses antes de tiempo, nos vas a matar a los dos. Agustín frunció apenas el entrecejo y me inmovilizó con fuerza contra la cama. —El doctor ya lo explicó. Solo van a adelantar el parto dos meses. No te va a pasar nada. Al oír los gritos de Elizabeth en la sala de al lado, su mirada se endureció de golpe, como si hubiera llegado a una conclusión. —¿No será que, porque siempre estoy pendiente de Elizabeth, quieres aprovechar esta oportunidad para quitarla de en medio? Ya te dije hace tiempo que la cuido por Rafael. ¿Cómo puedes ser tan cruel? Miré la sangre que no dejaba de brotar y, entre lágrimas, le rogué que tuviera piedad de nuestro bebé. Le dije que, si eso era lo que quería, yo me divorciaría y los dejaría en paz. En los ojos de Agustín no había nada más que fastidio. —No digas tonterías. Soy su padre. ¿Cómo voy a querer hacerle daño? Después de que usaron la sangre del cordón umbilical de mi bebé y las células madre extraídas durante el parto para salvar al hijo de Elizabeth, ella y su hijo quedaron fuera de peligro. Solo entonces Agustín se acordó de venir a vernos. Pero cuando entró en la habitación, sobre la cama solo había dos certificados de defunción: el mío y el de mi bebé.
Short Story · Romance
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Chiquita Pero Tragona

Chiquita Pero Tragona

—¡Ay, qué duro!... como que ya te urgía, ¿no? Esa noche de San Valentín, mi amigo, su esposa y yo regresábamos al pueblo en auto. Lo que no esperaba era que su esposa, medio dormida, me confundiera. Su mano suave me acariciaba los muslos duros como piedra, una y otra vez. Y de vez en cuando frotaba sus meloncitos blancos contra mí: —Amor... juega con tu zorrita. ¿Cómo iba a aguantarme al escuchar eso?...
Short Story · Pasional
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Un Beso Apasionado

Un Beso Apasionado

Mi nombre es Addison Calder. Durante mi primer celo como mujer lobo adulta, Morgan Flint, de la nada, me dijo que quería terminar. No pude dejar de llorar; y no fue por tener el corazón roto, sino porque el tormento de mi ciclo de apareamiento me estaba consumiendo. Me aferré a su manga y me acerqué a él, intentando calmar la tensión con un beso. Impaciente, Morgan me empujó hacia su hermano mayor, Tucker Flint. —A Addie se le pasaron las copas y está fuera de sí. ¿Me ayudas a calmarla? Mientras Tucker se acercaba, Morgan se inclinó y le dijo en voz baja: —Cuídamela bien. No dejes que se le acerque nadie. Solo voy a terminar con ella por un rato. En cuanto me aburra de divertirme por ahí, regreso con ella. Tucker asintió y me subió con cuidado al auto. —¿Te duele? Abrumada por el dolor, me aferré a su corbata mientras las lágrimas me corrían por la cara. —Por favor… ayúdame. Las pupilas de Tucker se contrajeron y su voz sonó profunda. —¿Y exactamente cómo quieres que te ayude? En un instante, me incliné y pegué mis labios a los suyos. —Bésame… o deja que te bese. Nuestro beso apasionado disipó gran parte de la tensión que me carcomía. Al ver que las orejas de Tucker estaban rojas, volví a tomarlo de la corbata. —¿Me llevas a casa?
Short Story · Hombres Lobo
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Anillo Roto y Promesas en la Cancha

Anillo Roto y Promesas en la Cancha

El día que celebrábamos nuestro tercer aniversario de bodas, Camila Estévez —enamorada de mi esposo desde hacía tres años— decidió proclamar su amor por él en Facebook.
Short Story · Romance
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La Yegua Más Rica del Corral

La Yegua Más Rica del Corral

—Lulú, ¿te gusta cómo se siente montar? Mi ahijada llevaba un uniforme de colegiala bien provocativo, arrodillada en el piso con las nalgas bien levantadas. Yo estaba montado sobre sus nalgas firmes, jalando sus colitas y dándole con fuerza. Y su papá seguía jugando póker en el cuarto de al lado.
Short Story · Pasional
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Él me amó solo cuando yo estaba dejando la vida

Él me amó solo cuando yo estaba dejando la vida

Sé que no me queda mucho tiempo después de haber sido envenenada con acónito. No quiero tener remordimientos, así que viajo al lago de Sacred Crystal, un lugar que siempre había querido visitar. No le digo a nadie que planeo terminar mi vida allí. No esperaba encontrarme con mi ex-compañero en ese lugar. No nos hemos visto en diez años. Él se ha convertido en el Alfa que siempre quiso ser, y lleva un anillo que tiene grabado el nombre de otra loba. En cuanto a mí, ya he tirado nuestra muestra de amor y lo he borrado de mi corazón. Estamos intercambiando palabras cuando, de repente me pregunta: —¿Todavía me odias, Giselle? Sacudo la cabeza. Mi vida está a punto de terminar, después de todo. Ya no necesito aferrarme a nada. En los últimos momentos de mi vida, solo quiero ver el mar de lirios que la Diosa de la Luna ha bendecido.
Short Story · Hombres Lobo
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Dos Hermanas, Un Secreto Del Don

Dos Hermanas, Un Secreto Del Don

En nuestro séptimo aniversario de bodas, estaba montada sobre las piernas de mi esposo, Lucian, el Don de la mafia, besándolo con pasión. Mis dedos hurgaban con disimulo en el bolsillo de mi costoso vestido de seda, buscando la prueba de embarazo que había escondido ahí. Quería guardarme la noticia inesperada para el final de la noche. La mano derecha de Lucian, Marco, preguntó con una sonrisa sugerente en italiano: —Don… ¿qué tal su nuevo secretito? La risa burlona de Lucian vibró en mi pecho y sentí cómo se me revolvía el estómago. Respondió, también en italiano: —Como un durazno verde. Fresco y tierno. Su mano todavía acariciaba mi cintura, pero tenía la mirada perdida. —Que esto quede entre nosotros. Si mi Donna se entera, me mata. Sus hombres rieron con complicidad, alzando sus copas y jurando guardar el secreto. El calor que sentía en el cuerpo se me fue extinguiendo. Lo que ellos no sabían es que mi abuela era de Sicilia, así que entendí cada una de sus palabras. Me obligué a mantener la calma, con la sonrisa perfecta de una matriarca, pero la mano con la que sostenía la copa de champaña me temblaba. En lugar de hacer una escena, tomé el celular, busqué la invitación que había recibido hacía unos días para un proyecto privado de investigación médica internacional y acepté. En tres días, iba a desaparecer del mundo de Lucian.
Short Story · Mafia
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Puse A Madre E Hija En Cuatro Ruedas

Puse A Madre E Hija En Cuatro Ruedas

—Hay algo duro aquí abajo que me está picando. En el auto de la escuela de manejo, para enseñarle a manejar a mi ahijada, hice que se sentara en mis piernas para guiarla personalmente. Pero apenas encendimos el motor, el auto se nos apagó y la carrocería dio un brinco muy fuerte. Esos amortiguadores de mi ahijada se hundieron profundamente en mi entrepierna. Lo que terminó por acelerarme el pulso fue notar que Camila solo llevaba puesta una minifalda cortísima que no le cubría nada.
Short Story · Pasional
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