Perdición
Después sube el ritmo, que no hay nada mejor que sentir la presión en su máximo apogeo.
Tomé en cuenta sus palabras y me dejé llevar no solo por mis deseos, sino por todo lo que quiero recibir de ella. Hice a un lado la diminuta prenda que la cubre al tiempo que subía su pierna derecha sobre las mías. Rocé suave, pero con firmeza y goce sus labios inferiores, provocándome un sinfín de temblores por todo el cuerpo. Su g*mido se me hizo mucho más tierno y excitante, pues el roce de mis dedos por sus pliegues la tiene temblando sin control alguno.