La Verdadera Sangre Pura
Los vampiros solo tomaban un compañero en toda su vida.
Y aun así, mi esposo vampiro se negaba a reconocerme a mí, su consorte humana, unidos por un matrimonio de alianza.
La noche de nuestro décimo aniversario de bodas, Jason trajo a otra mujer a mi cama.
Llevaba puesto mi camisón, y esperaba una cría de él.
Y en mi mano, yo sostenía una prueba de embarazo que acababan de confirmarme.
—Sé razonable, Elena. Jessica lleva a mi cría en su vientre. Me necesita. Ve a dormir a la habitación de huéspedes. Lamento la molestia.
Mi esposo protegió a la otra con una sonrisa pulida y caballerosa, aunque su mirada conservaba la misma indiferencia de siempre.
Cuando me vio paralizada en la puerta, Jason asumió que haría lo de siempre: Gritar. Llorar. Exigirle que me explicara por qué seguía haciéndome esto.
Pero no sabía que esta vez era diferente.
El pacto de diez años se cumplió, y por fin lo iba a dejar para siempre.