Amor Inesperado.
Esta noche solo importamos tú y yo.
El tiempo parecía detenerse. La ciudad dormía afuera, la lluvia había cesado, y el mundo se reducía al calor compartido, a la respiración sincronizada, al ritmo de sus corazones latiendo juntos. Cada toque, cada gesto, cada mirada era un recordatorio de que no necesitaban más que su cercanía para sentirse completos.
Alexander bajó la cabeza hasta apoyar la frente contra la de ella, y Valentina cerró los ojos, sintiendo que todo el miedo, la confusión y el deseo se mezclaban en un remolino que los unía.