Un regalo del destino
Pero y ¿el corazón…?
El Corazón, su estúpido corazón, se empeñaba en empujarlo al precipicio nuevamente. La razón le pedía que se contuviera, pero: ¿Podría? ¡Dios! No podía asegurarlo, justo un ratito antes no había podido resistirse a besarla, la había besado con verdadera pasión, deseaba hacerlo y no estaba seguro de lo que hubiera pasado: suerte de la llegada de Martín, si no… Ya pensaba que estaba curado del mal de amores, que tenía una piedra en lugar de ese órgano especialista en buscar problemas, pero al parecer no era así, o al menos no del todo. O quizá no era el corazón el que actuaba en ese momento, sino otro órgano situado en la parte baja de su abdomen. Si era así, estaría