Dos Alphas para mí
—Viviana —protesto, mi rostro ardiendo, y me cubro la cara con las manos.
—Oh, vamos, no seas mojigata —se burla, inclinándose hacia mí—. ¿Quién lo hace mejor? ¿Emmanuel, con esas manos rápidas, o Ezequiel, que parece que te devora con la mirada? ¿O siempre lo hacen juntos, como un equipo perfectamente sincronizado? Me excita solo de pensar en eso, en esos dos Alfas. Ya te lo había dicho, los Alfas eran lo mejor, supongo que ya sabes a lo que me refiero. Toda mujer merece un Alfa. ¡Y tú tienes dos!—Su tono es tan descarado que no sé si reír o esconderme bajo la mesa.