El Hilo Invisible del Destino.
El sudor le corría por la espalda, la garganta le ardía.
En ese instante comprendió algo aterrador: no solo había perdido a su esposa, sino también su imagen, su poder, su control. La ciudad lo observaba como a un hombre acabado. Las paredes parecían cerrarse sobre él, y por primera vez en su vida Fernando Solano enfrentó una verdad insoportable:
Había perdido lo único que nunca creyó que se le escaparía.
A Gabriela. Y esta vez, no había forma de recuperarla