SOLO MÍA.
La mujer tomó un sorbo de la taza antes de dejarla sobre la mesa de centro, luego tomó su bolso de donde sacó un sobre con una serie de documentos, los cuales entregó a Ángela.
—¿Qué es esto?—preguntó Ángela, mientras sacaba los documentos.
—Señora Fernández, esos documentos, son una orden de embargo de todos los bienes del señor Mauro Fernández—soltó la mujer sin previo aviso.
Ángela se apresuró a verificar, si lo que la mujer había dicho, era cierto.
—Esto debe ser una equivocación—Ángela, miraba y miraba los documentos, tratando de encontrar algo que le dijera, que todo era una broma.