Mi Cara
Ella era su fuente de inspiración y no podía permitirse perderla.
Un suave suspiro escapó de los labios de Cara mientras se removía y se giraba, quedando a escasos centímetros de él. Marcus abrió los ojos de golpe y contempló con anhelo los labios suaves, húmedos y entreabiertos de ella. Con su suave y sedoso cabello color marrón chocolate esparcido sobre la almohada y sus largas y torneadas piernas de piel cremosa expuestas a su vista, dormir era lo último que le pasaba por la cabeza en ese instante. Toda su determinación de hacer caso a la razón se esfumó; se volvió hacia ella y sus ojos, agudos como los de un halcón, se deleitaron contemplando su figura ardiente y seductora. No era un hom