La Esposa sumisa. Ya no más
tal vez
Conduciendo hacia el trabajo, mi mente divagaba hacia un recuerdo reciente. Hacía apenas unas semanas, Cristhian, Zackary y yo habíamos ido al lago Evershine. Había sido un viaje silencioso, casi solemne, el motivo: arrojar las cenizas de Elena. El cielo despejado se reflejaba en las aguas cristalinas del lago, y el sonido del viento susurraba entre los árboles. Zackary había sujetado la urna con delicadeza, y aunque era demasiado joven para comprender completamente el peso de lo que hacíamos, se había mantenido quieto, como conciente la importancia del momento. Cuando finalmente arrojamos las cenizas al agua, una extraña mezcla de alivio y tristeza me invdió. Había sido un cierre,