El renacer de Rebeca
Ella juega conmigo y luego se va, y cuando eso pasa, me despierto.
Cuando Rebeca miró la foto que le entregó Esperanza, no pudo evitar llorar frente a su hija. Era su pequeña Ivanita, al lado de Iván. No podía creer lo que Esperanza le decía; sintió que era una señal que le enviaba su hija desde el cielo, tal vez diciéndole que siempre la acompañaría.
—¿Mami, pero por qué lloras?
—Lo que pasa, cariño, es que esta niña era mi hija Ivanita.