A la caza del lobo
Era la luna rechazada que por fin se reencontraba con su mate.
No hubo palabras, no hubo confesiones de amor o disculpas por el dolor causado. No era un reencuentro, menos una reconciliación. No hubo racionalidad en la fusión de sus cuerpos ardientes, que eran meros trajes para las fuerzas que los dominaban, esos espíritus arcaicos de seres que le aullaban a la luna. Con un anhelo intacto pese al paso del tiempo se poseyeron el uno al otro. Fue una explosión de lujuria desatada, un breve pulso destructor, una embestida salvaje. Misael Overon y Sara Rojas estaban tan lejos el uno del otro como el cielo lo estaba de la tierra, sus lobos, en cambio, eran uno solo.