Amargo Contrato de Matrimonio
Deseaba mucho la presidencia, pero no a costa de unirse a una mujer interesada y, sobre todo, sin amor.
Sí, John creía en casarse por amor.
—Por eso te sugerimos un contrato. Piénsalo bien: te casas, asumes el control del grupo y, después de tres años, eres libre —argumentó Martha—. Sin amor, sin obligaciones emocionales. Solo un acuerdo. Y, por supuesto, una compensación bien calculada.
La idea del contrato matrimonial partió de Martha. John estaba a punto de cumplir treinta años, todavía soltero y sin ninguna relación seria.