A ella la salvó, a mí me abandonó
Si tú y el primer amor de tu esposo sufren un accidente al mismo tiempo, ¿a quién rescataría él?
Alejandro García alzó a su primer amor en brazos y se marchó. La vida se desvaneció: el hijo se había perdido y, con él, murió por dentro Sofía Herrera.
Un acuerdo le había dado a Sofía la oportunidad de casarse con el hombre al que más quería.
Todos sabían que había conseguido ese matrimonio luego de romper la relación entre Alejandro y su primer amor. Todo para quedárselo.
Ella creyó que el tiempo lo haría valorarla, que eventualmente llegaría el momento en que él la mirara de verdad.
Hasta el día en que tuvo que enterrar con sus propias manos los restos del bebé de tres meses que nunca llegó a nacer. Fue entonces cuando finalmente abrió los ojos.
—Divorciémonos.
Un acuerdo sencillo, para quedar a mano.
Tres meses más tarde, bajo las luces brillantes y entre el murmullo de la multitud, ella subió al escenario a recibir un reconocimiento. Él la miró con sorpresa por algunos segundos antes de voltearse hacia los presentes con calma y decir:
—Así es, ella es mi esposa.
—¿Esposa?
Sofía dibujó una sonrisa en sus labios mientras le pasaba el acuerdo de divorcio.
—Disculpe, señor García, ahora soy su exesposa.
Ese hombre siempre tan sereno y frío perdió el control en ese instante. Con los ojos inyectados en sangre y la voz quebrada, gritó:
—¿Exesposa? ¡Yo jamás acepté eso!